Poesía del Preso
Político Hardy Peña
Breve Antología
del Encierro
Regreso de Itaca
Si la vida es un delirio necesario
toma para tu gozo mis labios
y sabremos y no sabremos uno del otro.
Cualquier sitio me sirve para yacer dulcemente
evocando una rosa negra,
y no hay ya sólo un mundo cotidiano,
en cualquier lugar me bastan tus piernas
convertidas en barca,
en vez de velas de blanco vestidas
en tu piel la esperanza del regreso a Itaca
canta cierta, ay.
Y para no olvidarme nunca de la belleza
de tu cuerpo me apetece empezar este poema
en que todavía no se estrella
el olvido
contra las imperfecciones de la memoria.
Olvidados quedarán nuestros refugios:
sólo se protege el amante que vive
sin querer saber nada del invierno.
Si no afligirán mañana los abrazos rechazados,
harán pedazos todos los cristales de la habitación
sin ningún miedo a las ventanas abiertas,
y al viento soplando,
soplando
como el triste final de un día muerto.
Sólo el abandono del gozo
vence la invisible muerte que nos llama,
nuestro cuerpo talado nos resulta tan extraño,
no desaparecerá en vano
en lo más crudo de la helada final.
Polvo trémulo que somos:
no quedes ahí a la intemperie
asusta a los espectros con las brazas encendidas
del vendaval de la carne,
ha de alterarlo todo
y nunca la cambiaremos,
busca amparo,
dulce y cruel,
en la respiración entrecortada,
y continúa llamándola y llamándome,
hasta que siniestra regrese a la tarde
la separación.
Te has llevado mis labios en una caracola marina:
ellos formarán vientos en los suyos
donde han de naufragar todas las creaturas:
incluso la que inventa el beso.
Tú no podrás quedar atada conmigo.
Recuerda, mi amante es libre si vence la posesión:
los hierros caídos convertirán su óxido en sol
Secretos Trenes
Pido la luz antigua para levantar un andamio
y un beso depositar en su frente mustia.
Pido la lluvia austral como severo sudario
A ella será tornada su figura adormecida.
Ha llegado el momento de este canto que mereces.
¡Repártelo tú a los ancestros!
Por sobre la distancia llegó a mí un hálito frío.
No te vi partir hacia la infinita hondura.
Yo soy la tristeza que cubre de musgo tu ramaje oscuro.
Duerme tu carne en la paz húmeda de la tierra.
Si quieres ver el mar estos versos serán marejada
Y a todos los puertos iremos a beber con ruidosos trabajadores.
Y si no puedes abandonar el cierzo mortal
Acaso tu vástago tenga el fuego
Para acabar con el invierno que inunda tus huesos.
Sólo para acompañarte he de hacerme austera mortaja.
Y es que llevo de espanto lleno el corazón.
Pero ya llegan tus manos de suaves fragancias henchidas
Y piadosamente mis pies calzan para un recto andar.
¡Dejaría en ellas reposar toda mi alma!
Cuando cansado ya en la muerte entraste, dime,
¿Dónde quedaron tus secretos trenes que cruzaban la noche?
¿Son sus lejanas vibraciones las que mecen los postigos esta tarde?
¿Acaso son esta ascua encendida que en mi pecho quema?
Fueron de mi infancia vértebras duras los rieles.
Te debía apellinado varón estas palabras.
No siempre se encontraron nuestras suavidades.
Siempre nos congregó tu presencia inmensa.
Soy una copla que dolorida plañe.
¡Y es que mi padre ha muerto¡
Mas no le cubre yerto sepulcro
Sino la fuente clara de este llanto.
Nacimiento de una Musa
Hasta ayer sólo fui un fulgor muy intenso
Próximo a la muerta ya pero aún en posesión de palabras secretas
Escribía con pluma doliente estos mismos versos,
O talvez otros parecidos,
Al fin y al cabo moran en idéntico relámpago,
Tristes horas calcinadas antes que tú fueses presencia,
Mucho antes de que tuvieses sed de ellos
Qué difícil me resultaba una palabra,
Ahora maduran y les crecen órganos con los últimos besos.
Qué les has hecho a mis versos a medianoche
Levantan una habitación con suave lecho
Y hacen pareja con tu corazón,
Antes que huya como pavesa
Llevándose el fuego, sí, el fuego de los abrazos tuyos.
Cuando los días de invierno pasen y veamos cómo se marchan
Y la poesía aprenda a estar aquí, contigo, con nosotros,
Ocurrirá de nuevo el milagro de volver a soñar
Que no han pasado en vano los años
Y que es cierto el amor.
Este poema es algo incierto todavía,
Avanza sílaba a sílaba en un breve batir de alas,
Una remembranza inicia un verso único y te seduce,
Puede haber estado en un rincón hace semanas
Aguardando que tú fueses viajera para emigrar
Hacia una casa blanca que espera en el Sur
Aireando sus cuartos con esta canción que es tuya y escribo para ti.
De pronto sonríes y sin estremecerte casi
Buscas mis brazos con unos pocos trazos de ternura
Y descubro que la poesía está llena de sorpresas,
Sobre su epidermis avanzan heridas abiertas
Como finos desgarros de una fina tipografía,
Pero en eso reside el misterio de abrir una puerta
Y que una criatura mitológica salga temblando
Llamándome después de haber sobrevivido
Al sueño lívido de muchos muertos.
Sabes como musa que a mi poesía le gusta
Que le hagas el amor juntos tú y todos tus labios,
Cuando vengas desnuda no preguntes por palabras viejas
Ni por sombras ni espectros ni por largas larvas,
Agota para siempre la distancia con la fuerza del gozo primero
Y regresa, regresa una vez y otra, sigue reconociendo al hombre
Que contigo llegó a una nueva tierra.
.
Sueños
Tuve un sueño contigo.
Al mar íbamos
y todos los olores vinieron a nosotros,
caminábamos contra el viento sobre una fina estela
por la que quiso descender el amor
a unir el polvo con el polvo.
Incendiamos la carne y vino un vendaval
y luego vino la calma y otra tormenta,
y así pasaba el alba y pasaba el crepúsculo,
tu hendías en mí y yo hendía en ti
y casi sin darnos cuenta por las dunas rodamos
hacia el mar
convertidos en crisálida.
Dulce como hamaca de agua el oleaje
nos recibió y agitó su blanca cabellera
sobre nosotros,
que abrazados permanecíamos, lejanos ya los dolores,
y en mis ojos aún lavo mis heridas
y tus manos siguen enseñando a caminar a mis anhelos.
Tuve otro con una rosa negra
que guardaba un raro parecido contigo,
muchos pétalos se descolgaron hacia mí con palabras nuevas
y no se hicieron venero en vano ni inventaron un lenguaje
despojado de mediodía y medianoche,
el día en que mi desnudez ya no cubras
he de partir hacia un lugar nunca hallado
en busca de un terrible mutismo,
porque no puede olvidar esos pétalos
en torno de ti levantaré un almiar con mis versos.
Y tuve otra vez otro sueño.
después de recorrer distintos senderos que en definitiva
son mi única heredad,
y ver como todo se hace viviente y perecedero,
me detuve ante un infinito dédalo.
A lo largo del tiempo se fue llenando de frisos y bajorrelieves
hasta ser uno con la criatura que lo habita,
muchos yacen en escaleras y recodos
como aterida terracota funeraria,
con sus precarias armas no lograron en el asalto
dar muerte al leviatán,
la soledad y la angustia se han vuelto vestidura y ceremonia
de la criatura que en la noche murmura
en un pulso herido.
Sin hilo para el regreso
Porque el amor es un tejido sin hilos,
Y hoy lo estoy tejiendo,
En el laberinto entré a besar las orillas
De cualquier posible oscuridad.
Ahora puedo decir que no son ciertos algunos mitos
y el desamor,
ella es cierta
y este verso tendido.
es cierto el dédalo en el que encontré al minotauro
de tu corazón
y el tiempo entre los dedos.
Nos tomaremos de las manos yo y el minotauro
y será ya otro día y talvez otro sueño,
porque es cierto
que los hornos del despertar no se encienden
sin su etérea materia.
Te llamas oscura y mísera
Te llamas oscura y mísera como un puñado de esterilidad,
pero cuando en una habitación cualquiera
alguien apaga las lámparas,
la vida dentro de ti es un inmenso puerto
que acaba de recibir en sus dársenas,
bajo el brillo del mediodía,
una noche cargada de incienso
quemándose por los cuatro costados.
Un cuerpo cansado y enfermo puede ser
una grave preocupación,
piensas,
mejor estar muerta que mustiarse por largos años
una piel hecha de rosas negras
en la bien ordenada morada del tiempo.
Quisiera dejarlo cuidadosamente en un frío túmulo
con hermosas envolturas de seda
y esconder allí los amores perdidos,
el desamparo de los abandonos que lastiman
y rasguñan como fieras,
el dolor que despierta implacable
cuando los labios y las manos recuerdan.
Entonces se sueñan sueños con ganchos carniceros
en una sala de disección y de las bocas sangrantes que cuelgan
salen gritos tan siniestros que soñar
no puede ser algo bueno.
Pero también existen radiantes amanecidas
y se alzan ante ti
como un bulevar de aromos encendidos,
camina hacia ellos
y desnúdate que los espejos los pongo yo,
forman parte de mi corazón y tienen mejor azogue.
No niego los cirios ya consumidos ni los abismos sin retorno,
fúnebres y sombríos, algunas veces llaman para mostrar, crueles,
la luz primera
Si quieres tomar los escombros a contemplar,
nunca volverás a encontrar los mismos besos.
Quizás sea mejor así
Y si no logras doblegar tu nostalgia
pide al menos que tu vida sea larga,
no eludirán otra vez tus brazos los grandes acontecimientos.
Donde vuelvo la mirada veo tu bella sonrisa
y esos ojos para hacer un vino fuerte,
como prueba de su perfecta madurez,
pueden ser cada vez más tristes
y de pronto la rediviva imagen del gozo y la alegría.
Embriagarme quisiera modestamente revestido
por la claridad de luna que emana de tu cuerpo,
cuerpo hecho para el amor
aunque desaparezcan los juveniles días
quedan muchas delicias y perfumes donde arder.
La belleza y la voluptuosidad no son siempre iguales,
adoptan otras formas y otros ritmos.
y te han consagrado como a una de las suyas.
Para morir basta con muy poco.
Una mujer que arrastra su sombra en círculos concéntricos
mientras pisa luces, basta.
Basta un poeta que cese de ensalzar
A su musa inspiradora.
Pero ello no ocurrirá. No morirás de sombra. No moriré de mudez.
Puede incluso que seamos felices.
Porque ella es su materia y su resplandor el poeta
ama también sus tinieblas.
no es sólo carne, aunque puede ser penetrada y asesinada.
no es sólo bella jardinera, por las mañanas puede ser marejada
y a la hora del crepúsculo
puede convertirse en serpiente encantada.
No es pabilo torcido y deshecho, que ha dado
su último fuego .
es este modo absoluto en que siento ahora tus labios.
Es mucho más que un jardín bajo la lluvia.
Es un bosque espeso que soporta el peso
de cualquier oscuridad.
Y al alba podrá disponer de todas sus flores
al quedar en pie la mujer.
Extraña Inquietud
hace mucho tiempo ya que escribir
es para mí un oficio con vocación de sombra
cruzo el verbo y su secreta pretensión de engendrar la luz
y descubro en el devenir que no hay tiempo sin crimen
a ciegas y sin atarme a ningún mástil desde la oscuridad
me llega un canto en una lengua imposible de interpretar
hay allí un leve vacío en que no amanece jamás
y un espacio de silencio que linda casi con la tristeza
un verso quizás me salve por dentro con palabras que
usualmente
ven mejor con los ojos cerrados
y el amor se busca en mí sin saber que ya no estoy
pues un largo viaje he emprendido y olvidado el camino de
regreso
puedo haber zarpado en cualquier puerto a ninguna parte
porque no existe lugar sobre la tierra
donde escribir no sea
una apología de la soledad primigenia en que se está
solo me crece una gran esfera negra por corazón
solo cuando la noche no es más que noche
habítanme pájaros huyendo del humo de hornos crematorios
ya tiene estos últimos rango de arquetipo por si vuelve el
hombre
yo podría irme mucho más lejos todavía
pero de repente una criatura arde dentro de mí
no comprende que las palabras también abrevan en el tiempo
y que nos vamos volviendo polvo muy rápido
una extraña inquietud entonces que jamás sabrá la grey
inunda a aquél que no teme apagarse para encender el verbo
porque la poesía la aprendemos solos desde hace muchas vidas
ahora tú escribe versos y que los olvide la muerte.
Breve Antología del Encierro
Hay este amontonamiento de cuerpos
con rejas alrededor
oscuro pordiosero días y años
el encierro es helada rutina
bajo la superficie tornasolada de la vida cotidiana,
para morir en él basta una porción de sombra;
pero si el anhelo de vivir tiene la cabellera larga
demasiadas voces no bastarán:
suma también tu carbunclo.
Hay este excedente de tiempo
que trasporta a un mundo donde el dolor
sigue existiendo,
pero se ensancha y serena, se hace a la vez más calmo y más hondo
con la presencia de un puñado de versos que velan,
obstinadamente,
eligiendo la esperanza y, frente a ella,
una densidad de olvido
donde se acumulan instantes de otras vidas, ya perdidas:
aceptaron el horror sin resistencia.
Hay la desesperanza cuando un pájaro sombrío despliega sus alas
como mil jinetes enlutados,
maestra que crece y se agiganta en el muro
un olor a muerte lenta despliega,
aunque cubra todos los cielos
muchos cometas negros haremos con el terciopelo de su pluma,
porque no es el hombre en el dédalo fragua sin reverberos
el amor,
siempre el amor,
impedirá que millares de luces apagadas
formen una mirada muerta entre nosotros.
Hay la ausencia de ágora con su perversa reducción
a un rectángulo de concreto,
sin embargo vendrá una mano fraterna y otra vez volaremos
con la espina dorsal repleta de nuevos ícaros:
etéreos entre las nubes.
Pero lo que no hay es derrumbe ni derrota.
Una gran plaza abierta nace al extender nuestros brazos
en un corro rumoroso,
allí cada uno puede mirarse y puede reconocerse,
no olvides,
para ingresar sólo hay que traer el corazón afilado
y un soplo de eternidad en la palabra y en los actos.
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