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Conexiones (¿o sin exiones?)
por
Florencia Yanniello
La misma manía de auto interrogarme, la
misma pregunta de todas las noches febrilmente filosóficas ¿Seré la única
que piensa así?
Miro por la ventana, vislumbrando la gran
ciudad oscura, con sus luces y sus ruidos. Me detengo en dos personas que
caminan, y pienso ¿A dónde irán?, ¿qué será de sus vidas? ¿Serán amigos,
novios, hermanos o simples conocidos? Ellos, ¿pensarán igual que yo?
Un sonido agudo me distrae momentáneamente.
Respiro hondo, saboreo el aire.
Pero sigue dando vueltas en mi cabeza el
interrogante… ¿cuántos seremos en total?
¿Quién más ve la vida como yo la veo?
Cierro los ojos y miro para adentro,
buscando desesperadamente una respuesta. ¿Seremos muchos, los de esta
especie?
La especie de quienes miran la vida a
través de anteojos de colores, de quienes sienten el perfume de las flores
por la calle y se detienen a observar los matices de un cielo plomizo. La
especie integrada por los que vienen con una meta, por los que pelean en
la cotidianeidad por reconocimientos mínimos, por realidades que al mundo
entero le son ajenas.
-Sí, debemos ser muchos- me digo a mí
misma, en un efímero momento de claridad y conformismo.
Después de todo, me alegra pensar que nos
vamos a encontrar, porque finalmente los caminos de las personas con
intereses comunes convergen hacia un mismo lugar.
¡Qué alivio!
Los buscaré por las calles, por los
diarios, en los cines y en las plazas. Algún día un viento fuerte y
transparente nos unirá a todos. No lo dudo.
Somos muchos (y nos conocemos poco).
[Miradas]
“Balconcito siempre
abierto, por donde el alma se asoma”
Pupilas negras y frías envueltas en una
capa de miel tibia. Miradas cruzadas.
Siento la tela de araña que se forma entre
las miradas de todos nosotros.
Si las líneas de la dirección visual
tuvieran color se formaría una malla de texturas diferentes.
Miradas intensas, febriles. Miradas
intimidatorias. Miradas profundas y punzantes. Eternas imágenes
congeladas.
Espejos, vidrios de distintas tonalidades
se entrelazan en una conversación de vistas. Porque nos estamos viendo, y
así nos decimos todo.
Los ojos sienten. Los ojos tienen sus
propios sentimientos, sus propias emociones. Ríen y se entristecen con
autonomía. Son cristales únicos, a través de los cuales vemos el mundo.
Capturo imágenes, las filmo con mis ojos y las archivo. Tengo un álbum
mental, miles de fotografías guardadas, pensadas y repensadas.
Sigo hablando con la vista. Están todos
ahí, invitándome a mirarlos. Mis ojos quieren bailar, deslizarse por la
sala al ritmo de un vals.
Reflejando a las personas, en el balcón de
las pupilas, sobre la brisa breve que provoca el pestañeo, así se cruzan
nuestras miradas. Danzarinas, seductoras, en busca de una respuesta
rápida, de un parpadeo significativo que las conecte y así se fusionen por
un segundo. Los ojos saben. Los ojos piensan.
People are strange
"Swallow,
Love" - Joan Miró
Gente, gente, gente.
Diversidad. Energía.
La gente es extraña,
La gente está loca,
La gente miente,
La gente es.
La gente ama, a veces mucho, tanto que quema.
La gente ama tanto, que a veces odia.
Y a veces la gente no se corresponde. Ama y libera la energía de su
amor al éter, al vacío.
Ama intensamente, secretamente y canaliza su amor en arte, en vida, en
días.
Porque Paula ama a Esteban, pero Esteban no la ama, apenas la quiere y
eso no basta.
Porque Haroldo ama a Paula, silenciosamente. Y a Paula le encantaría
amar a Haroldo, pero no lo ama. Ama a Esteban.
Entonces Paula baila, baila como loca.
Y entonces Haroldo pinta. Pinta cuadros, cortinas y paredes. Pinta
tanto que ya no le quedan cosas por pintar. Acumula obras hermosas,
motivadas ellas por esa energía libidinal y carnal, por ese amor
desmedido hacia Paula.
Y Esteban se mantiene perfectamente distante, sombrío, erguido, y
orgulloso. Esteban sólo ama a su guitarra. No sabe querer, no sabe
abrazar.
Y así la energía circula, y así las cosas se mueven, gracias al amor
no correspondido, a ese caudal de sentimientos liberados al aire, que
se convierten en arte, en fuerza, en viento.
Así se mueven turbinas, se genera electricidad, se remontan barriletes
y se elevan puentes.
La gente es extraña. La gente ama.
La gente es extrañamente amante.
(*) Periodista, comunicadora y poeta
argentina.
http://carayseca.blogspot.com/
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