Chile - Octubre  2009

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Conexiones (¿o sin exiones?)

por Florencia Yanniello

La misma manía de auto interrogarme, la misma pregunta de todas las noches febrilmente filosóficas ¿Seré la única que piensa así?

Miro por la ventana, vislumbrando la gran ciudad oscura, con sus luces y sus ruidos. Me detengo en dos personas que caminan, y pienso ¿A dónde irán?, ¿qué será de sus vidas? ¿Serán amigos, novios, hermanos o simples conocidos? Ellos, ¿pensarán igual que yo?

Un sonido agudo me distrae momentáneamente. Respiro hondo, saboreo el aire.

Pero sigue dando vueltas en mi cabeza el interrogante… ¿cuántos seremos en total?

¿Quién más ve la vida como yo la veo?

Cierro los ojos y miro para adentro, buscando desesperadamente una respuesta. ¿Seremos muchos, los de esta especie?

La especie de quienes miran la vida a través de anteojos de colores, de quienes sienten el perfume de las flores por la calle y se detienen a observar los matices de un cielo plomizo. La especie integrada por los que vienen con una meta, por los que pelean en la cotidianeidad por reconocimientos mínimos, por realidades que al mundo entero le son ajenas.

-Sí, debemos ser muchos- me digo a mí misma, en un efímero momento de claridad y conformismo.

Después de todo, me alegra pensar que nos vamos a encontrar, porque finalmente los caminos de las personas con intereses comunes convergen hacia un mismo lugar.

¡Qué alivio!

Los buscaré por las calles, por los diarios, en los cines y en las plazas. Algún día un viento fuerte y transparente nos unirá a todos. No lo dudo.

Somos muchos (y nos conocemos poco).


[Miradas]

“Balconcito siempre abierto, por donde el alma se asoma”

Pupilas negras y frías envueltas en una capa de miel tibia. Miradas cruzadas.

Siento la tela de araña que se forma entre las miradas de todos nosotros.

Si las líneas de la dirección visual tuvieran color se formaría una malla de texturas diferentes.

Miradas intensas, febriles. Miradas intimidatorias. Miradas profundas y punzantes. Eternas imágenes congeladas.

Espejos, vidrios de distintas tonalidades se entrelazan en una conversación de vistas. Porque nos estamos viendo, y así nos decimos todo.

Los ojos sienten. Los ojos tienen sus propios sentimientos, sus propias emociones. Ríen y se entristecen con autonomía. Son cristales únicos, a través de los cuales vemos el mundo. Capturo imágenes, las filmo con mis ojos y las archivo. Tengo un álbum mental, miles de fotografías guardadas, pensadas y repensadas.

Sigo hablando con la vista. Están todos ahí, invitándome a mirarlos. Mis ojos quieren bailar, deslizarse por la sala al ritmo de un vals.

Reflejando a las personas, en el balcón de las pupilas, sobre la brisa breve que provoca el pestañeo, así se cruzan nuestras miradas. Danzarinas, seductoras, en busca de una respuesta rápida, de un parpadeo significativo que las conecte y así se fusionen por un segundo. Los ojos saben. Los ojos piensan.


People are strange


"Swallow, Love" - Joan Miró

Gente, gente, gente.
Diversidad. Energía.
La gente es extraña,
La gente está loca,
La gente miente,
La gente es.
La gente ama, a veces mucho, tanto que quema.
La gente ama tanto, que a veces odia.
Y a veces la gente no se corresponde. Ama y libera la energía de su amor al éter, al vacío.
Ama intensamente, secretamente y canaliza su amor en arte, en vida, en días.
Porque Paula ama a Esteban, pero Esteban no la ama, apenas la quiere y eso no basta.
Porque Haroldo ama a Paula, silenciosamente. Y a Paula le encantaría amar a Haroldo, pero no lo ama. Ama a Esteban.
Entonces Paula baila, baila como loca.
Y entonces Haroldo pinta. Pinta cuadros, cortinas y paredes. Pinta tanto que ya no le quedan cosas por pintar. Acumula obras hermosas, motivadas ellas por esa energía libidinal y carnal, por ese amor desmedido hacia Paula.
Y Esteban se mantiene perfectamente distante, sombrío, erguido, y orgulloso. Esteban sólo ama a su guitarra. No sabe querer, no sabe abrazar.
Y así la energía circula, y así las cosas se mueven, gracias al amor no correspondido, a ese caudal de sentimientos liberados al aire, que se convierten en arte, en fuerza, en viento.
Así se mueven turbinas, se genera electricidad, se remontan barriletes y se elevan puentes.
La gente es extraña. La gente ama.
La gente es extrañamente amante.

(*) Periodista, comunicadora y poeta argentina.
http://carayseca.blogspot.com/