Chile - Julio  2008

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Método práctico
para aprender a leer el diario

por Francisca Araya

¿Quién habla y porqué dice lo que dice?

Es una pregunta fundamental que muy pocos pueden responder. La línea editorial de un diario, y sobretodo, de los diarios miembros del duopolio de la prensa; debiese estar siempre presente en la conciencia del lector.

Antes que nada, el lector tiene que saber que detrás del discurso de la objetividad, la única intención que impera, es la de defender el status quo de cualquier asomo de insurrección. Los periodistas, hoy en día, son los guardianes del stablishment.

La cobertura mediática de las movilizaciones estudiantiles, es un buen ejemplo para entender cómo se despliegan las herramientas de los medios para descalificar a los insurrectos y desmovilizar a sus posibles simpatizantes.

Durante la llamada "revolución de los pingüinos" de mayo y junio del 2006; los medios jugaron un rol fundamental en el posicionamiento del movimiento estudiantil. Los medios de comunicación de derecha vieron aquí una oportunidad para desestabilizar a un incipiente gobierno ciudadano que llegaba cargado de esperanzas para Chile y el resto del mundo. Y los periodistas se embriagaron con la novedad de una organización horizontal y el carisma de sus voceros. Fue esta combinación entre editores maquiavélicos y entusiastas periodistas, la que puso a los pingüinos, en los titulares de todos los noticieros; y multiplicó las adhesiones a niveles nunca vistos en democracia.

Hasta que los escolares dejaron de hablar de problemas económicos puntuales y apuntaron sus piedras y sus gritos contra las bases de un sistema injusto; hasta ese momento en que abrieron las puertas para que toda la sociedad se sumara a la demanda por una mejor educación; hasta ahí no más les duró el entusiasmo a los periodistas.

¡Basta ya! Dijeron los editores. "Cabros, no se suban por el chorro", tituló las últimas noticias. Y el periodista raso adoptó el discurso conformista del chileno medio ignorante: "Es hora de reestablecer el orden. No sacan nada con movilizarse, el sistema no va a cambiar. El estancamiento es mejor que la incertidumbre de los cambios".

Entonces los estudiantes dejaron de ser los "hijos de la democracia" y volvieron a ser los delincuentes de siempre. Los periodistas dejaron de hablar del ingenio de sus consignas y volvieron a poner en el centro de la noticia, los millones de pesos que perdían las municipalidad por cada día de toma y por cada jornada de protesta.

Si un lector desprevenido, lee las noticias sobre los estudiantes secundarios desde el 3 de junio del 2006, hasta el día de hoy, se encontrará con una personaje completamente caricaturizado y deshumanizado: irracional, inmaduro, ingenuo, ignorante, bruto, hueco, que habla por hablar, y que quiere salir a protestar solo para perder clases, mientras que los buenos alumnos, responsables, obedientes y ordenaditos; deben lidiar con estas bestias para no perder su oportunidad de entrar a la universidad. Como si la oportunidad de entrar a la universidad existiera.

Y este mismo lector desprevenido, no encontrará en el diario la razón por la cuál se movilizan los estudiantes; tampoco encontrará la historia del proceso político que han vivido los últimos dos años; y mucho menos encontrará un análisis profundo de los cambios que ha experimentado la juventud actual. Este lector desprevenido, no sabrá por la prensa, que la nueva Ley General de Educación es otro pacto más entre la Concertación y la Derecha, que para variar, dejó fuera a los protagonistas de la educación: estudiantes y profesores.

¿Porqué? Porque el periodista chileno perdió la costumbre de pensar. Su reporteo se rige por la ley del menor esfuerzo y la responsabilidad con su trabajo se reduce a complacer al editor.

Más aún, desde la comodidad de sus oficinas, con el futuro de sus hijos asegurado, se dan el lujo de criticar desde la óptica del embudo; exigiendo coherencia y habilidad política, cuando ellos nunca han participado en política. Critican desde una postura apática, individualista, simplona, y por sobretodo, perezosa.

Critican a los secundarios como si fuera una película de cine, ajenos al conflicto y a sus protagonistas, amparados en la ficción de una historia que miran desde lejos. Pero estos periodistas han traspasado el límite de la pantalla grande, y hoy analizan la realidad desde una ficción que ellos mismos han inventado.

Para muestra, un botón. Una columna de opinión de Héctor Soto, publicada el domingo en el cuerpo de Reportajes de La Tercera. El editor general de la revista Capital, habla de una revolución derrotada por sus propios errores, y omite de su argumentación hechos relevantes que contradicen su premisa. ¿Se puede hablar de un movimiento derrotado cuando los movilizados se multiplican a lo largo del país? ¿Se puede hablar de derrota cuando el proceso aún no ha terminado? Y peor aún, ¿derrota por errores propios? ¿No será demasiado cómodo pasar por alto la represión policial, la persecución al interior de los colegios y la falta de voluntad de la clase política de escuchar a la ciudadanía?

Quizás lo más indignante de ciertos maquiavélicos periodistas es cuando se arrogan la representación de toda la gente. ¡Toda la gente! Como cuando el citado Héctor Soto dice que las nuevas protestas "generan en la gente una extraña mezcla de irritación, indiferencia y zapping". ¿A qué gente se refiere? Este es la falacia más perversa y más común entre los guardianes del status quo: proyectar en el colectivo una opinión individual, sin más fundamento que la retroalimentación con su círculo cercano que piensa y siente igual que él. Cuando Héctor Soto titula su columna como "La extinción de los pingüinos", no lo hace como conclusión de una profunda reflexión sobre la realidad. No, es más bien la expresión de sus deseos más intensos: "Por favor, señor, que se extingan pronto los pingüinos".

Por suerte, si hay algo que rescatar de todo este proceso mediático, es que miles de estudiantes secundarios han vivido en carne propia los insultos de los medios de comunicación; han visto con sus propios ojos que la realidad nada tiene que ver con lo que aparece en las noticias; y han aprendido a palos que El Mercurio miente, La Tercera mienta, TVN miente, etc, etc, etc...


Blog de la autora http://la-panchamama.blogspot.com 

 

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