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Chile - Agosto 2009 |
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por Vicente Painel Seguel
Así es, parafraseando a José Carlos Mariategui[1] -el amauta- en su juicio a la realidad peruana y las sociedades originarias, no es: ni el problema de la pasividad/vitalidad, de la educación/ignorancia, de la moralidad/amoralidad, la explicación neurálgica de la pauperización de las sociedades originarias, en especial de los mapuche -decimos por acá-. Es la reivindicación categórica del derecho a la tierra, a la Mapu , al territorio, la raíz de la solución. Así es, más allá de la disquisición de diversos intelectuales, que así como en torno al primer centenario de la Republica chilena discutían cual Guevara y Latcham si los mapuche venían del este o del oeste de la cordillera, hoy para el segundo centenario debaten si los mapuche fueron o no una nación. El asunto es que todos para la alborada del siglo XIX, desde la monarquía española hasta los independentistas, reconocían la soberanía de los mapuche -o los ciudadanos de Arauco como señalaba Bolívar-. Hay variada documentación, bastante difundida, de que aquello acontecía así; a estas alturas en el establishment y los mass media nadie puede alegar ignorancia. Podemos afirmar inclusive, que ni O’Higgins, ni Freire, ni San Martín tenían concepciones de Estados chileno y argentino incompatibles con el Wallmapu o territorio soberano Mapuche. Serán las fracciones mercantiles dependientes del imperialismo Inglés las que logren, escalando sobre las antípodas, como en un frágil deporte de los fuertes, trepar por encima de tribunos, dictaduras andinas y caudillos jacobinos que fueron quedando del Ejercito de los Andes en Chile, Argentina, Perú y Bolivia, hasta degradarlos, reconvertir el carácter de clase de la oficialidad de los ejércitos nacionales, renovando en sucesivas ocasiones las Escuelas de oficiales, y consolidar estados centralistas, autoritarios y dependientes del Imperialismo inglés a los dos lados de la cordillera. Desde esa consolidación a mediados del siglo XIX se jalona la soldadura que sella la incompatibilidad de Wallmapu y Estado chileno y argentino. Mucho se ha escrito sobre las contradicción de Kolipi y Mangin Wenu como demostración de la falta de unidad política de los mapuche de la época, pero se olvida que a la par los chilenos se metían bala como condenados: Portales terminó fusilado y Ohiggins exiliado, a Freire lo expulsaron a la Polinesia y se caricaturizó hasta el escarnio el ensayo federalista chileno. Se ve en las disputas de las fracciones de las elites chilenas como síntomas de conformación del Estado; en cambio, en las disputas inter mapuche -bastante mas reducidas que las chilenas-, se califica como síntoma de tribalismo. Se discute desde cuándo los mapuche se consideran a sí mismos mapuche, pero no se preguntan con suficiente énfasis desde cuándo los chilenos se consideran así mismos chilenos: ¿Será desde el 18 de Septiembre de 1810? ¿desde la firma del Acta de Independencia? ¿desde la Guerra del Pacifico?, ¿desde la victoria de la Unidad Popular? Al parecer, los intelectuales chilenos no han podido imaginar, ni especular más allá de las fronteras del Estado nacional chileno. En la contemporaneidad, al condenar a los mapuche, los periodistas de los mass media, no solo faltan a la ética profesional. Condenar sin siquiera enjuiciar, es omitir la cruenta guerra de ocupación que se les hizo a los mapuche, las matanzas de ancianos, mujeres y niños -10.000 mapuche asesinados solo en el ultimo periodo de la campaña de ejercito chileno, por citar un botón de muestra-[2], la expropiación de miles y miles de hectáreas y cabezas de ganado que conllevó el engullimiento del Wallmapu por parte del Estado chileno y argentino a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Es omitir beligerantemente que aquella ocupación solo ha causado daño al ecosistema no generando desarrollo económico, ni empleo, ni industrialización, a diferencia por cierto, de la soberanía mapuche que había llegado a un alto nivel ganadero y una industria textil sustentable, en síntesis una economía cuyo signo era la abundancia y la equidad. El Estado chileno quiso convertir a la zona en el “Granero de California” fracasando y condenando la inmensa área despojada, al subdesarrollo dentro de un país subdesarrollado. Existe pues, una condicionante de conformación bioeconómica[3] del Estado de Chile, lo que es sucedido además por disposiciones que se encuentran en boga con una ideología transversal, empática con las posturas conservadoras y liberales de la elite chilensis. Será en la Eugenesia[4], en donde el ya conformado Estado Nacional hallará justificación, se orientará y se explicará ideológicamente el poblamiento con chilenos en el norte recién conquistado al Perú y Bolivia, y colonos europeos en el Gulumapu[5] recién conquistado a los mapuche, además del poblamiento con colonos de origen también europeo en la zona magallánica. John Thomas North y José Bunster Bunster (quienes se convertirán en los reyes del salitre y del trigo respectivamente); pueden, dentro de estas consideraciones, ser ponderados como síntomas del reordenamiento etnopolítico decimonónico. Al condenar a los mapuche, los periodistas de los mass media, no solo faltan a la rigurosidad profesional, sino que ocultan el hecho de que muchos de los actos adjudicados a los mapuche durante la última década, han sido ocasionados por las mismas forestales para cobrar seguros por incendio. Las guardias privadas, la violencia institucional a los niños mapuche, el racismo solapado, son clandestinizados por la programación mediática. La verdad tecnológicamente escondida, es que la lucha de los mapuche ha sido bastante pacifica, pacifista inclusive comparada con otras luchas por tierra en distintas latitudes del mundo; sin ir más lejos, acudir a los años 60-70 de reforma agraria chilena promovida paradójicamente por los mismos que hoy condenan desde el gobierno a los mapuche, y por cierto abismalmente violenta comparada con los sucesos protagonizados por los mapuche en la actualidad. Las supuestas “amenazas terroristas” en tanto concepto “jurídico” son un eufemismo ridículo, la prisión política de varios dirigentes mapuche se debe a que no hay abogados que los defiendan seriamente, y existe una colusión ideológica entre el poder judicial y el poder económico en las regiones en que se han movilizado las comunidades, esto por cierto no ha sido independiente de la disposición gubernamental cuya responsabilidad política, de manera personal la señora Bachelet, en los hechos mas dolorosos en la zona como los asesinatos por armas de carabineros de los jóvenes Rodrigo Cisternas, Matías Catrileo y el reciente asesinato de Jaime Collío es elemental, dado que los carabineros no se mandan solos. La impunidad además frente al asesinato, bajo el gobierno de Lagos, del joven Alex Lemun confirma lo sostenido. Pensar en soluciones para los mapuche implica, dadas las consideraciones expuestas, repensar la constitución política del Estado de Chile. La posibilidad de la alianza de comunidades locales chilenas y los pueblos originarios, mas las clase trabajadora, bajo la constatación de que existe una situación de crisis económica galopante, es el primordial objetivo de desarticulación del poder continuista. El hecho de que la cuestión social, la cuestión provincial y la cuestión indígena se repiten cual primer centenario de la Republica , limita las válvulas y eventos para la gobernabilidad digitada por los continuistas de la (contra) revolución burguesa transnacionalista en desarrollo desde 1973 y la constitución política centralista del Estado estable gracias a la misma. La conciencia práctica de entrelazar los componentes culturales, provincialistas y de clase en las reivindicaciones económicas es la tarea básica para recomponer un campo interpopular que dispute al continuismo el avatar del país, abriéndose así, la posibilidad de engarzarse con el proceso de democratización que se despliega en Sudamérica. -------------------------------------------------------------------------------- [1] Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. [2] http://es.wikipedia.org/wiki/Pacificaci%C3%B3n_de_la_Araucan%C3%ADa [3] Por bioeconómico nos referimos a la existencia de una programación económica bajo racionalidad sanitaria, o sea que existe una relación directa entre economía, demografía y racionalidad sanitaria. Por racionalidad sanitaria nos referimos al modo de pensamiento político en que la organización de la sociedad se concibe como un modulo biomédico, se identifica una anatomía social, un cerebro social, agentes patógenos a aislar, anticuerpos, canceres a extirpar, etc. [4] Por Eugenesia nos referimos a la racionalidad sanitaria que reivindica la mejora de rasgos hereditarios y demográficos mediante diversas formas de intervención. [5] Parte oeste del antiguo “País Mapuche” o Wallmapu, actualmente las regiones VIII, IX y parte de la X según la división jurídico administrativa del actual Estado chileno.
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