Chile - Agosto 2010

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El reajuste del ingreso mínimo mensual

por Fabián Caballero

Este injusto mecanismo de reajustabilidad que cada año nos imponen vía propuesta presidencial, se ha venido convirtiendo en una de las medidas de ajuste económico más recurridas por los países neoliberales dependientes y subdesarrollados como el nuestro, para de este modo, ver cumplidas entre otras cosas, las expectativas de mayores utilidades para el gran empresariado, rebajando al mismo tiempo las remuneraciones de los trabajadores. Este año, al igual que en periodos anteriores, los casi 8 millones de trabajadores que hay en nuestro país, mantuvieron una actitud casi neutral frente al tema, permitiendo con ello, que el ejecutivo, el parlamento y los dirigentes de la CUT decretaran finalmente y sin mayor oposición, un paupérrimo reajuste de 4,2% nominal, obteniendo un reajuste real de 2,7%, es decir, $233 diarios.

El triunvirato constituido por la cúpula de la CUT; la Concertación-PC y la Alianza por Chile; apostaron nuevamente por mantener durante la discusión de este reajuste la necesaria conciliación con la economía de mercado. Las deficiencias del actuar del Consejo de la CUT las pudimos evidenciar en el momento en que “no quisieron” construir una argumentación distinta para aumentar nuestros ingresos que no fuera el manoseado IPC, y que en los últimos 12 meses ha acumulado apenas un 1,1%, ¿es esa la reajustabilidad que nos merecemos los trabajadores?

La inoperancia de la cúpula de la CUT en este proceso estuvo dada por la decisión de aceptar nuevamente la reajustabilidad de sueldos sobre la base de este indicador (Ipc), negándose a buscar mejores fundamentaciones que aseguraran un alza de remuneraciones superior. Fíjese que no había que ir a buscar tan lejos para encontrar elementos tan justos e incuestionables que pudieron haber dotado a los trabajadores de eficientes herramientas para mejorar el resultado de esta mal llamada “negociación”.

Lo primero, es expresar que nuestra subdesarrollada economía nacional no cuenta con un blindaje frente a las vicisitudes de la economía mundial, en consecuencia los efectos de la actual crisis económica (hoy oculta por el terremoto) no pueden ser resistidos de buena manera por el conjunto de los trabajadores ni por la población, en definitiva se nos ha mentido sistemáticamente. Han señalado que esta crisis económica es una crisis foránea e importada, por supuesto que no lo es, nuestra economía también es parte del proceso de contracción mundial, no tenemos una economía independiente ni mucho menos desarrollada.

Esta crisis no es una crisis originada por el pueblo ni por los trabajadores, sino por el sistema económico neoliberal. El gobierno saliente y el gobierno entrante, sin salirse de los marcos doctrinarios neoliberales, han implementado medidas de carácter asistencial que no van al centro del problema, permitiendo con ello una mayor concentración de la riqueza; pérdida del nivel de vida de la mayoría de la población que vive de un salario y la profundización de una crisis social que existe hace décadas.

Las decisiones económicas de los gobiernos de Chile, han permitido que el peso de la crisis la sostengan los trabajadores, esto lo podemos graficar cuando al empresariado se le ha permitido rebajar nuestros salarios y despedir trabajadores. Sumado a ello, una creciente alza del costo de los productos de consumo masivo, o cuando el gobierno determina entregar subsidios al empresariado utilizando fondos estatales, fondos que al final de cuenta son de todos los trabajadores, allí está entonces una de nuestra mayor argumentación, los fondos del Estado son nuestros, en consecuencia el Estado debe asumir el deber de resguardar nuestros intereses. Nuestra posición en esta coyuntura es sencilla pero no por ello menos profunda, “que la crisis la paguen los ricos”.

El segundo aspecto, es que las consecuencias del terremoto dejaron al descubierto un triste y desigual país construido bajo los mal llamados gobiernos democráticos, en donde las utilidades del crecimiento económico no han sido distribuidas en forma equitativa entre todos los habitantes de este país. Son innumerables las situaciones de injusticia con las que nos toca vivir a diario y que afloraron a la luz pública después del 27 de febrero. Algunas de ellas son la estafa del crédito inmobiliaria y del cargo fijo; la limosna del subsidio habitacional; la falsa solides de la red vial, la especulación de precios de productos de consumo masivo, el acaparamiento de alimentos de las grandes cadenas de supermercados, el precario mantenimiento de los servicios de luz y agua; el toque de queda, ciudades sitiadas, despido masivo de trabajadores, altas tasas de cesantía, etc.

Es imprescindible que cada trabajador comprenda que cualquier proceso de negociación de remuneraciones tanto en lo local o nacional, debe entenderlo y asumirlo como un proceso propio. Los trabajadores somos la mayoría en la sociedad chilena pero estamos fuera de la toma de decisiones, debemos retomar ese rol histórico en el curso de nuestra historia, y romper al mismo tiempo con la burocracia sindical parasitaria que ha tenido como único objetivo colaborar con el actual sistema de explotación capitalista, el neoliberalismo.

(*) Presidente Federación Metropolitana Trabajadores Municipales.