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Chile - Agosto 2010 |
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por Alejandro Kirk El arresto de 14 ''anarcoterroristas'' en la mañana del sábado 14 es resultado del mismo esquema policial aplicado a los mapuche: acoso, intimidación, espionaje y violencia. Y no faltaron las metidas de pata de rigor que restan toda credibilidad e incluso podrían derrumbar legalmente el caso: Carabineros informó alrededor de las 7.00 de la mañana que había arrestado a Pablo Morales, Rodolfo Retamales y Andrea Urzúa en una casa ''okupa'', y que allí mismo les habían efectuado ''pruebas científicas'' que determinaron fuera de toda duda la manipulación de TNT. En realidad, estas tres personas estaban en sus propias casas y todavía no habían sido detenidos cuando se hizo el anuncio. Y nadie vio que les hicieran ninguna ''prueba científica'', pero sí que los querían forzar a firmar una confesión ya preparada. Las familias denunciaron de inmediato toda clase de arbitrariedades, incluida la violación de los derechos de una bebé de diez meses, hija de Andrea Urzúa y su pareja, a quien dejaron no sólo sin su mamá, sino a merced del frío matutino mientras registraban todo. Este detalle no fue publicado por la prensa. Como parece ser su costumbre, dijeron los familiares, los policías entraron a las casas destruyendo puertas y ventanas, y llevándose toda clase de efectos personales. ''PRUEBAS GENÉTICAS'' Todo esto fue calificado por el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, como ''una muy buena noticia para el país''. El fiscal Alejandro Peña no perdió tampoco la oportunidad de salir en la televisión, dando una especie de descripción académica de lo que constituye una ''asociación ilícita terrorista'' y hacer pasar todo este episodio violento como algo serio y civilizado. Y los medios de comunicación siguieron la corriente, como es también costumbre. Todo realizado en la calma de un sábado en la mañana, mientras el país estaba en vilo observando el patético ''reality'' montado en la mina San José, en Copiapó, donde, con el entusiasta concurso de la mayoría de la TV, un drama nacional se convirtió en farándula. Pero hay más: el jefe de la ''inteligencia'' de Carabineros, general Bruno Villalobos, dijo a la radio Bio Bio que la investigación comenzó hace cuatro años (el fiscal Peña habló de dos meses y se atribuyó a sí mismo todo el mérito), y que se había desplegado un inmenso aparato técnico que incluye ''pruebas genéticas'' y ''atómicas'' de los sospechosos. Por desgracia el periodista de la radio no atinó a preguntarle en qué consisten estos exámenes. Todo esto ocurre con frecuencia en Chile, y recuerda al inspector Renault, en ''Casablanca'': ''round up the usual suspects'' (arresten a los sospechosos habituales). Es asombrosa la cantidad de policías antimotines (Fuerzas Especiales) que circulan por las calles y carreteras del país armados con pistolas, subametralladoras y toda clase de artefactos ''disuasivos''; la aparentemente inagotable fuente de buses, carros lanzabombas lacrimógenas, camionetas, autos, motos, destinados exclusivamente a la represión política. Trabajando como corresponsal de televisión, no hay situación de trabajo en que la cámara no despierte la inmediata aprehensión de estos uniformados, no importa si uno está en la vía pública grabando las mariposas o el cielo: siempre aparece el policía verde para preguntar qué estamos haciendo, y hay que mostrar credenciales y explicar. Lo que provoca es decirles que no se metan, pero uno sabe que por algo así puede ir preso, acusado de ''agresión verbal'' o quien sabe qué, porque son gentes sumamente sensibles y llenas de poder. Y no sólo los policías formales actúan así: cualquier guardia de seguridad privada, municipal, y hasta los que cortan tickets de estacionamiento se sienten en la obligación de exigir credenciales y explicaciones. Si éste es el modelo de democracia occidental y moderna, estamos fritos. Y bien fritos, porque los métodos que llevaron a los arrestos del 14 de agosto y la represión brutal desatada en la Araucanía demuestran que cualquiera puede en cualquier momento ser acusado y mantenido en prisión por tiempo indefinido mientras buscan la manera de condenarte a cadena perpetua. Cuando no consiguen probar los delitos horribles que pasan por su imaginación, te sueltan sin explicaciones, ni compensaciones, ni derecho a nada, y sobre todo sin la publicidad que rodea los arrestos. Le ocurrió a la cineasta Elena Varela, le ocurrió a Juan Aliste en 2003, le ocurrió a Pablo Morales, a Andrea Urzúa en años pasados, y le está ocurriendo a decenas de comuneros mapuche. Insólito, por lo burdo, resulta ser el caso del ''terrorista paquistaní'': mientras lo retenían en la Embajada de Estados Unidos, un grupo de detectives entraba a la casa del estudiante con un maletín negro. Salieron. Después aparecieron de nuevo en un allanamiento oficial para encontrar un maletín negro con trazas de TNT. Versión del abogado con fotos de Carabineros y motivo para pulverizar la acusación. WALLMAPU Y hablando de terrorismo, da un escalofrío ver los dibujos de los niños mapuche: en ellos siempre hay un policía agrediendo a su familia y a su comunidad. Un equipo de Telesur pasó varios días recorriendo la ''zona roja'', reporteando la vida de estas comunidades desperdigadas entre los cerros, en lo que 28 tratados con España y uno con el Estado chileno reconocen como Wallmapu, el País Mapuche. Este es el fundamento legal de todas las acciones de resistencia mapuche contra el Estado que los despojó de sus propiedades y remató sus tierras tras una guerra genocida que se llamó ''pacificación''. En Chile existe y se aplica una ley que viola todos los principios del derecho humanitario internacional. Esta ley duplica las penas por delitos civiles, permite el recurso de testigos encubiertos e impide el acceso de los abogados a la evidencia. Es contra esta ley que desde el 11 de julio hay una huelga de hambre en las cárceles del sur. Es curioso que los presos políticos en huelga de hambre no hayan sido nunca entrevistados. Se puede, pero hay que tener la voluntad de escuchar con respeto. Esto de escuchar con respeto podría serles útil a políticos, fiscales y policías, porque tal vez se den cuenta de que el problema no es tan simple como ellos parecen creer. Basta hablar cinco minutos con alguien como Luis Trancal, preso en Temuco, en huelga de hambre, para saber que la represión sólo ha conseguido disipar toda duda en su cabeza acerca de quienes son sus enemigos. Trancal impresiona por su serenidad y determinación. No hace los gestos dramáticos usuales de los huelguistas de hambre. Es un tipo joven, fornido, afable, conocedor de la ley. Cuenta con modestia las terribles acusaciones que se le formulan, entre ellas el recurso de moda: vincularlo con las FARC. No se ve asustado. Los huelguistas mapuche son jóvenes comunes y corrientes, comparten con sus familias y toman mate. Se acercan a la fase en que se salud se verá seriamente comprometida por la falta de alimento sólido. No han matado a nadie, pero sí han visto morir a sus compañeros. Son los ídolos de aquellos niños que dibujan lo que sus ojos han visto y grabado en las madrugadas terroríficas del Wallmapu. (*) Periodista.
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