Se me viene a la mente Orwell y Huxley, los escritores de las distopías
que han calado profundamente nuestra memoria literaria y fílmica y
pienso qué dirían al ver lo que está aconteciéndole a Chile. De seguro
estarían asombrados de que sus proyecciones tuvieran variantes tan
creativas y sórdidas en la realidad, que ya sabemos, siempre logra
superar a la ficción.
Un momento epifánico debe haber vivido nuestro presidente electo al dar
su primer discurso en cadena nacional, en medio del show solidario más
apoteósico de los últimos tiempos. Si nos parecía delirante el
neopopulismo retratado en la gran bandera que desplegó durante la
campaña, la bandera alógena que mostraba sus pixeles, enrostrándonos que
la tecnología y la sociedad del espectáculo harán nacer a un Chile 2.0,
por lo menos a mi me hizo correr el mismo hilo de hielo por la espalda
que durante esos 2 o 3 minutos que destrozaron la vida de millones.
Es grotesco pedirle a la gente que antes del terremoto venía de sufrir
una crisis, que estaba ya decepcionada de las “autoridades”, que pague
por el telúrico del que nadie tiene culpa, a pesar de los rumores de la
existencia de una nueva arma del ejercito norteamericano. Parece ser el
gran saqueo, ese que está fuerte y operativo como una institución. Ese
que se hace a vista y orgullo de todos, del que nadie comenta por una
moral hipócrita y medrosa.
Si pensaba que el terremoto había mostrado la cara más oscura del
capitalismo en la moral trastocada de los usufructuadotes, sean pillos o
idiotas, y que eso haría darnos cuenta de lo mal que nos ha hecho el
modelo, estaba profundamente equivocada, porque ahora si que viene el
fin de este proyecto y la modernización se logrará con el apoyo de todos
los chilenos, ya que incluso los mismos damnificados son capases de
hacer sus donativos y levantarse en un Chile bicentenario, en donde los
empresarios entregan dos chauchas frente al electo haciendo así una
interferencia en las leyes laborales que hablan de flexibilidad… Y que
todo sea en nombre de la reconstrucción, de la renovación nacional.
Es fácil advertir que finalmente se crearán millones de empleos y
efectivamente bastante similares a los del PEM y el POJH, por que si que
hay que levantar escombros y hacer hoyos y tapar hoyos y todo ese tipo
de tareas bastante ociosas cuando no ha acontecido una tragedia de
proporciones como la vivida.
Pero en Chile la tragedia subyace, porque el alma nacional está dañada.
Lo digo porque nuestra fe está puesta en el espectáculo y la morbosidad,
y las dos cosas juntas hacen que me sienta despreciable. Desprecio
profundamente que La Teletón sea la ocasión de usar vestido largo y
peinado alto, como lo hizo Isabel Allende, creyendo que este patético
ritual social tiene el status de la premiación Oscar , o la obtención
del Nobel que no premia a la subliteratura.
Pero así somos. Como de libro. Y si no somos menos hipócritas nos
tendremos que sentar en el diván tarde o temprano. Porque es
incomprensible que de esto saquen tanto provecho los empresarios,
aludiendo también al electo, y que la gente no entienda que esta presa
en el laboratorio del neoliberalismo; se entiende porqué entonces en
medio del cataclismo, unos blancos ratoncitos se liberaran y salieran
despavoridos a pellizcar un pedacito de queso, más que sea.
(*) Poeta y periodista.

