Chile - Enero 2010

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La Cruzada macarthista del fiscal Ljubetic

por Sergio Grez Toso

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes

hechos y personajes de la historia universal aparecen,

como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de

agregar: una vez como tragedia y otra vez, como

farsa” (Karl Marx).

La tragedia

El senador por Wisconsin Joseph McCarthy fue un personaje de obscura

trayectoria hasta que en 1950 acusó públicamente a 205 funcionarios del Departamento

de Estado de los Estados Unidos de ser comunistas infiltrados. En el clima de la “Guerra

Fría” de aquellos años, esta y otras acciones del mismo tipo le valieron una efímera

notoriedad, muy superior a sus escasos méritos personales. En 1953 fue nombrado

Presidente de la Subcomisión Permanente de Investigaciones del Senado, donde tuvieron

que comparecer numerosos funcionarios de la administración norteamericana. Desde ese

cargo McCarthy amplió su afiebrada cruzada y ejerció gran influencia sobre la “Comisión

de Actividades Antiamericanas”, organismo dependiente de la Cámara de Representantes,

que ya venía realizando su propia labor inquisidora desde fines de la década anterior.

Centenares de miembros del gobierno, de la administración y de las fuerzas armadas

fueron acusados por McCarthy de profesar la ideología comunista.

Las denuncias más absurdas, los procesos irregulares, las listas negras de

sospechosos y demás características de las “cazas de brujas”, contribuyeron a crear un

pesado clima político en los Estados Unidos. Pero McCarthy fue demasiado lejos. En 1954

acusó al Secretario de Defensa de encubrir actividades de espionaje extranjeras. Entonces

el Presidente Eisenhower y otros líderes republicanos se volvieron en su contra. Ese año

McCarthy fue censurado y la retransmisión televisiva de una audiencia del Senado contra

oficiales del Ejército por presuntas actividades comunistas, acabaron por desacreditarlo y

aislarlo completamente. Su alcoholismo crónico le provocó la muerte (por cirrosis y

hepatitis) en 1957, a los 48 años. El único “legado” histórico de McCarthy fue dejar su

apellido para designar genéricamente las persecuciones paranoicas de ciertos poderes

estatales a sus oponentes políticos y la violación de los derechos civiles en nombre de la

seguridad nacional.

La farsa

El “macarthismo” ha seguido teniendo émulos en muchos lugares. Chile no ha sido

la excepción. Durante la dictadura pinochetista la “caza de brujas” anticomunista y

antiizquierdista alcanzó niveles de paroxismo. Los “humanoides” portadores del “cáncer

marxista” debían ser denunciados, perseguidos y exterminados. Se suponía que el

advenimiento de la democracia terminaría totalmente con esas prácticas. Craso error.

Desde hace varios años, el Estado chileno ha respondido a la lucha de los mapuches por

recuperar sus tierras ancestrales con allanamientos policiales a las comunidades,

detenciones, maltratos de todo tipo, torturas, e incluso asesinatos de algunos de sus

integrantes. A ello se ha sumado la acción “legal” de los fiscales especiales que persiguen

judicialmente a los luchadores mapuches. Estos fiscales, que actúan como McCarthy

montando acusaciones desprovistas de fundamentos sólidos, hacen gala de un paranoico

celo persecutorio. De este modo tratan de dar un poco de realce y notoriedad a sus tristes

carreras profesionales y, de paso, congraciarse con el poder para obtener un ascenso.

Entre estos sujetos destaca por sus incongruencias, mentalidad febril y debilidad

por la figuración mediática, el fiscal regional de la Araucanía Francisco Ljubetic. Durante el

último año, este funcionario viene anunciando por la prensa que militantes de la

Coordinadora Arauco Malleco (CAM) habrían recibido instrucción militar en el extranjero,

específicamente en Colombia, insinuando probables vínculos con las FARC. Todo en

condicional. ¿Cuáles son sus pruebas? Sin arrugarse, este fiscal dice que hay comuneros

mapuches que han viajado a países como Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia Cuba y

Venezuela, entre ellos el líder de la CAM, Héctor Llaitul, preso actualmente en

Concepción. En otras entrevistas Ljubetic aseguró que la CAM recluta alumnos

universitarios, en base a una “selección muy minuciosa” y que algunos vascos ligados

indirectamente a ETA habían visitado las comunidades de Temucuicui y de Yeupeko, pero

que no serían expulsados porque no estaban vinculados a hechos que pusieran en peligro

a la seguridad nacional. Cabe señalar que luego de todas estas declaraciones impactantes,

el fiscal de marras nunca ha podido probar algo que sea efectivamente constitutivo de

delito.

Insatisfecho del magro resultado de sus pesquisas (a pesar de contar a su favor con

las muy cuestionables armas de la Ley Antiterrorista, los “testigos sin rostro”, los períodos

de “prisión preventiva”, la doble acción de tribunales civiles y militares para juzgar los

mismos hechos, y los apremios ilegítimos a los que son sometidos sistemáticamente los

mapuches detenidos), más recientemente el fiscal Ljubetic ha lanzado acusaciones aún

más inconsistentes que las anteriores. Esta vez su blanco ha sido Pamela Pessoa,

trabajadora social del Hospital de Cañete, pareja y madre de cuatro hijos de Héctor Llaitul.

En entrevista al diario La Tercera (28.11.2009) Ljubetic ha afirmado que, al igual que

Pessoa, tres o cuatro personas más vinculadas familiarmente a presos mapuches trabajan

en servicios de salud del Estado. Con esto -confiesa orgulloso de su “perspicacia” el fiscal-

“se le agotan las coincidencias” porque estas personas “no forman parte de grupos

familiares pasivos, sino al contrario”.

¿Qué significan estas declaraciones sino una innoble persecución contra los

familiares de los presos mapuches? No contento con encarcelar “preventivamente” a los

weichafes, Ljubetic pretende extender la “caza de brujas” contra todo aquel que tenga

algún vínculo personal o familiar con sus acusados. Ni McCarthy llegó a tanto. Ahora se

trata de golpear a los militantes mapuches por todos lados, privando de sustento

económico a sus hijos y sumiéndolos en un apartheid social. Las afirmaciones de Ljubetic

son gravísimas porque comportan un atentado contra los derechos más esenciales de las

personas, como ganarse honestamente la vida, viajar o asociarse políticamente. Aunque

no sabemos si sus palabras son solo el fruto de su irresistible afán de figuración mediática

o si responden a los requerimientos de terceros que le indican cómo proceder, lo cierto es

que no deberían dejar indiferentes a las personas que valoran los derechos democráticos

y las libertades civiles. Las afirmaciones de este personaje de poca monta pueden ser la

punta del iceberg de una ofensiva más vasta, un sondeo para testear las reacciones de la

población. Es imprescindible una enérgica reacción ciudadana contra estas prácticas

inquisitoriales y las concepciones antidemocráticas que las inspiran. Todos estamos

afectados, todos podemos ser víctimas potenciales de la paranoia macarthiana de fiscales

como Ljubetic. Todos, chilenos y mapuches.

(*) Historiador.


Opinión de la COOAMS

Como COOAMS hemos leído el artículo de Sergio Grez La Cruzada macarthista del fiscal Ljubetic, y queremos manifestar nuestro acuerdo con lo señalado por el prestigioso historiador chileno. Como una instancia Coordinadora de Organizaciones Autónomas Mapuche de Santiago, podemos agregar a ese análisis, que desde el año 2002 la persecusión política hacia nuestro Pueblo se ha venido elevando en cuanto a su forma de operar, pero ha sido este año que termina cuando hacemos un balance más cruento aún. En la actualidad tenemos 50 Presos Políticos Mapuche (PPM), enjuiciados doblemente en algunos casos, tanto por la justicia civil como por la militar, situación que viola totalmente las leyes internacionales y que en el caso nuestro, viola nuestro derechos más elementales, considerando la particularidad internacional que tenemos por ser los primeros habitantes de estas tierras.

Lo preocupante de lo antes dicho, es que en cierta medida, los Mapuche somos algo como un “chivo expiatorio” de lo que se vendrá más adelante para el resto de luchas sociales que protesten ante lo inevitable de la contradicción del sistema capitalista. Dentro de esto, Ljubetic viola persistentemente sus propias leyes, puesto que al no tener pruebas sustentables ante sus juicios, utiliza las detenciones preventivas como verdaderas condenas, posibilitando retenciones que se extienden desde 3 meses hasta un año si es necesario, lo que calificamos como verdaderos secuestros legalizados. Con ello, también le quita la comida a las familias de los comuneros detenidos, aprovechando a su vez de quebrantar la moral del Preso Político, al mismo tiempo que amedrenta a sus pares por defender su derecho a vivir, a existir como Gente de la Tierra. Sin embargo, Ljubetic ha llegado demasiado lejos al perseguir además a las familias de los PPM, su método es obvio: detectar, hostigar, perseguir, detener, ahogar y desarticular. Un modus operandis legado de la Doctrina de Seguridad Nacional que se pensaba ya extinto luego de las dictaduras militares, per se, con esta verdadera guerra de baja intensidad, parece que es bueno desempolvar viejas formas de persecusión política.

Aunque tenemos claro que cualquier hecho de protesta traerá las consecuencias que arrastramos por casi diez años (allanamientos, muertes, detenciones, torturas, etc.) es importante aclarar a la opinión pública, la forma de operar de las fiscalías sobre todo con el llamado “Conflicto Mapuche”. Inevitablemente la injusticia genera rabia, y esa rabia se convierte en politización, esto a su vez, converge en un Proyecto, y es hacia él al cual apuntamos, nuestro derecho a la libre determinación como Pueblo Mapuche

Coordinadora de Organizaciones Autónomas Mapuche de Santiago.

COOAMS