Chile - Solidaridad con los Presos Políticos - Febrero 20044

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Liberación de la Mujer

 

Kristel K. Farías Neira

 

Dentro de los grupos que a lo largo de nuestra historia han ocupado injustamente un sitio detrás del yugo de la exclusión y la dominación - además de indígenas, pobres, negros, homosexuales y lesbianas, etc., etc.- no podemos negar la posición de la mujer. Todos ell@s han sido perseguid@s y juzgad@s en distintas épocas y con diversas (pero no menos graves) consecuencias. En el caso de las mujeres, la lucha por escapar de la subordinación masculina al interior de un sistema jerárquico - patriarcal se remonta hasta 6.000 años atrás. Todo este tiempo refleja la pelea incesante que millones de mujeres hemos sostenido por escapar a esta sumisión y lograr la libertad en todos los ámbitos de nuestra existencia.

 

Recordemos el sesgo patriarcal al alero de la tradición judeo – cristiana; específicamente la era del “fanatismo Inquisitivo”; donde millones de mujeres fueron torturadas y quemadas en hogueras. Por la íntima relación que existía entre ellas y la naturaleza de la cual eran parte eran tachadas de “brujas”, considerado este término como símbolo del mal. Por otro lado, durante siglos se asociaron conceptos como razón, cultura y creatividad a lo masculino. Por consiguiente la mujer por su rol reproductor, fue considerada más próxima a la naturaleza, y como ésta, imprevisible y salvaje; por lo tanto, la mujer era un peligro que debía ser dominado. Así se legitimó y sacralizó la subordinación tanto de las mujeres como de la naturaleza.

 

La modernidad comienza con la redefinición del rol femenino como ama de casa, subordinada al matrimonio y a la familia; excluyéndonos de un papel más activo en el mundo cultural y político. Esta situación es quebrada en los años 60; donde comienzan las primeras manifestaciones públicas de descontento y se produce – con la invención de la píldora – la primera (y más exquisita) de las grandes libertades femeninas: ¡la sexual !.

 

Sin embargo, siento que no es diferente la situación de nuestro género desde esos remotos tiempos hasta nuestros días. Si bien obviamente el contexto es otro; actualmente las mujeres hemos caído (queriéndolo o no) en las garras de un nuevo yugo: la sociedad capitalista o lo que yo llamo “EL PATRIARCADO MERCANTIL”. Ese que intenta dominarnos no sólo a nosotras sino también al mundo. El peligro está en que este nuevo enemigo no tiene rostro y su política de subordinación es casi invisible para la mayoría – aunque perceptible para quien agudice su juicio crítico-.

 

Son dos los puntos claves de su estrategia. Por un lado, tenemos la falsa conciencia tanto de estar viviendo en una sociedad libertaria, como de que nosotr@s mism@s lo somos. Se nos vende por todos los medios el eufemismo del “mundo de las opciones”: comprar esto o aquello, votar por uno u otro candidato, ver tal o cual programa. Esto tiene el objetivo tanto de hacernos caer en una especie de letargo producto de que ya creemos concretadas muchas de las libertades a las que podemos aspirar; como  además hacer invisibles las cadenas que nos atan al nunca bien ponderado “Señor Mercado”. No importa lo que “escojamos”; siempre lo encontraremos moviendo los hilos con frío cálculo.

 

Por otro lado, tenemos el individualismo que genera. Este rompe con nuestra identidad femenina colectiva, situándonos en una absurda competencia solitaria por un sitial en el “mundo globalizado”. Así, el esfuerzo de muchas de nosotras pasa por ser competentes y eficientes en lo laboral para “ascender”, ganar más plata para “comprar lo que queramos” y de paso “demostrar” (¿qué? y ¿a quién?) que podemos hacer “lo mismo que los hombres” (Ojo: ¡esto todavía se duda!). Peor aún; muchas de nosotras ni siquiera nos enfocamos a ser una “buena mano de obra” que fabrique o venda un determinado producto: ¡somos el producto mismo!. Se reduce la  dimensión humana femenina, tergiversando y potenciando sólo una de sus potencialidades: su cuerpo como fuente única de placer. Este, es tomado como un “producto” - debe ser “mejorado” para su posterior “comercialización” - he aquí el por qué de tanta silicona, tanta dieta, tanto gimnasio, etc., etc., etc.-. Lo importante es la imagen de la mujer perfecta que se ve en la tele o en la publicidad callejera; que es en definitiva lo que vende. Sí... otra vez el “Señor Mercado”.

 

Así, el patriarcado mercantil nos somete y nos amara día a día; pero como ya dijimos, no sólo a nosotras. Creo no pecar de ingenua si a esta altura escribo la palabra UNION... Porque, sin duda y como escuché una vez en una canción; hay mucho que decir, ¡pero mucho más que hacer!...

 

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