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La manifestación en Bella Center
por
Leonor Silvestri
Donde solo se puede elegir entre la cobardía
y la violencia, recomiendo la violencia
Mahatma Gandhi
¿Quiénes
organizaron esta manifestación? ¿Quién decidió que fuera una
manifestación no violenta? ¿Quiénes aceptaron que se organizaran en
vez de un bloque realmente grande de manifestantes dos más pequeños
que movilicen desde distintos lugares?
Como sea… para cuando llegamos a la asamblea donde se tratará la
manifestación final y más importante contra el COP 15 las cosas ya
están cocinadas. Solo resta tratar de sacar de esto lo mejor que se
pueda. Sea usarán las técnicas de las cadenas para que la policía no
intente romper las columnas. Y a los lados corredores y corredoras
llevarán mediante megáfonos la información de un lado al otro. Se
designa que esta columna, la azul, la que ha recibido el permiso legal
para manifestarse al llegar al Bella Center – sitio donde se lleva a
cabo la cumbre- se seguirá avanzando sobre el vallado – que no está
electrificado ni es demasiado grande- hasta entrar al lugar para
llevar acabo ahí dentro, una asamblea popular. Para ingresar no se
utilizará la violencia, ni se contestará a la agresión policial, pero
si se usará la desobediencia civil y la resistencia pacífica de manera
intensa a todo o nada. La brutalidad policial no debe detenernos y
sobre ella seguiremos avanzando hasta tirar abajo a valla e ingresar.
En la primera línea – tampoco sé quién tuvo esta brillante idea-
estarán los representantes (vaya palabra!) del Global South (del Sur
Global), es decir una caterva de imbéciles ongeistas en el mejor de
los casos que se arroga el derecho a representar a todxs lxs que hasta
acá no pudieron venir. Esta manga de soretes cumplirá un rol
fundamental a la hora del fracaso…
Al día siguiente bajo la nieve la manifestación avanza. Escupo a un
policía. Un manifestante me pide que me calme, otro me viene a decir
que por esa escupida ya me está buscando la policía, que él es danés y
escuchó como me describían por las radios, que cambie de apariencia.
Estoy con un grupo de afinidad o mejor dicho de amigas nuevas
españolas avanzando, con otro gorro en la cabeza, y sin el piloto,
bien apiñada en el medio de la manifestación.
Llegamos al lugar sin gente presa, pese a que la policía hizo todo lo
posible por provocarnos y llevarse gente detenida. Una vez allí varias
de nosotras hicimos todo lo posible para seguir empujando pero “los
representantes del sur global” que estaban en primera línea nos lo
impedían, empujaban literalmente para atrás para no dejarnos avanzar.
O tenían miedo o simplemente no les interesaba ser reprimidos por la
policía, o quien te dice estaban arreglados por la policía. Como sea,
la poli empieza a tirar gas de pimienta en los ojos de la segunda fila
de manifestantes donde yo me encuentro. Un chorro me impacta de lleno
en el ojo izquierdo y en la boca. Es como si un ácido me penetrara los
ojos, y luego ya no veo nada. La ceguera. Grito tu nombre. Sacame de
acá, de este amontonamiento. Nunca sentí un dolor como éste. Como si
un hierro se me metiera por los ojos, nada puedo hacer. Un activista
“medic” (es decir, alguien que recibió entrenamiento en primeros
auxilios y lleva medicina) me asiste: me tiran- pese al frío- cantidad
de agua helada en los ojos y en la cara – hay que sacarme de la cara
lo que sea que la policía me tiró- y mucho mallox para limpiar el ojo.
Pese al gran dolor, agudo y penetrante, desesperante porque te deja
ciega, el efecto del gas de pimienta dura como mucho 10 minutos,
después de esos 10 minutos ya está, el ojo de nuevo bien. Unas chicas
se compadecen de mi, me convidan chocolate, otras personas agua, debo
lucir bastante mal. Para cuando me reintegro para seguir empujando la
valla, este mismo procedimiento de tirarle pimienta en la cara a
mermado a gran cantidad de activistas, y quienes quedan se asustan más
de la cuenta, ni que nos estuvieran rociando con ácido. Un periodista
danés que me ve llena del líquido blanco, el pelo todo mojado en el
medio de una nevada y la cara hecha una bola roja con dos ranuras
irritadas por donde intento ver me dice “¿y vos que estabas haciendo
para que la policía te agreda?” contesto: nada. Tu policía, danés de
mierda, es fascista, tu país es fascista y ustedes son todxs unos
soretes. Gritándole a la cara.
Otro joven con quien estuvimos conversando días antes nos pide que
hagamos una gran ronda de brazos encadenados porque tienen “un plan”:
se supone están armando un puente que nos permitirá cruzar el canal de
no mas de 3 metros de ancho de agua que rodea el Bella Centre y hace
las veces de foso medieval de protección del castillo de los garcas
lideres del mundo como Don Chávez de Venezuela, o Obama, el presidente
negro, entre otras glorias. Sin más, confiamos y nos prestamos al
trabajo organizando la protección de este plan secreto… que resulta un
fiasco, el punte se trata de 4 colchonetas inflables atadas con cable,
de esas que se usan para tomar sol en las piletas, donde no podes
mantenerte parada y donde si te paras para cruzar corriendo te caerías
al agua. Para cuando logran meterla en el agua, del otro lado se
encuentran los efectivos con sus perros.
Para cuando nos avivamos del fracaso de este plan, también nos damos
cuenta que el otro plan el de tirar la valla ha fracasado y que “los
representantes del sur global” junto con a los pseudos activistas han
decidido luego de no mas de 30 minutos de intentona pésima que hubiera
apenado y avergonzando a Gandhi tener la asamblea en el medio de la
nada, en la puerta de un centro de convenciones por donde no pasa ni
un alma, y donde a nadie le importa nada, cercadas por la policía que
nos deja hacer porque no representamos ningún riesgo ni ninguna
amenaza. Esta es la cosecha del pacifismo progresista de un movimiento
de estudiantes blancos que leen a Hakim Bey a Naomi Klein y que les
gusta bailar y tienen agua caliente siempre. Si es que hubo alguna vez
un movimiento antiglobalización y anti capitalista esta gente con su
fracaso cobarde, con su miedo a enfrentar a una policía gigante sí
pero mucho menos agresiva de lo que podría ser –por lo menos en este
día- acaban de pegarle el tiro de gracia. ¿Es acaso necesario hacerlo
resurgir desde esta juventud europea y blanca que reivindica su
identidad como estudiantes?
Como la loca agresiva y violenta que soy cuando escucho a un
representante del sur global hablar en español le grito “cobardes,
soretes cobardes, traidores”. Así con ese sentimiento de impotencia
frente a la falta de coraje de la gente, de esa gente que teme por su
cuerpo, ultimo reducto de la propiedad privada, dejamos el fracaso de
manifestación, y nos vamos tras tampoco ser oídas en la asamblea del
“pueblo” (no sé de que clase) cuando intentamos hacer resurgir el
intento de tirar abajo la valla en una verdadera desobediencia civil.
Sobre los restos de esa miseria y este desaliento, llena de mugre,
mallox, pimienta y cansancio, con ampollas en la boca de un rebrote de
herpes por un coctel de nervios, bajas defensas, y toxinas de la
policía voy a pegarme un par de polvos espectaculares en un
departamento que nos presta una amiga esa misma tarde luego de que la
policía danesa me eleve una multa por algo así como mil dólares por
colarme en subte. Multa, que sea dicho de paso, llegara a un país
donde no resido.
Lunes por la noche en Copenhagen
Christiania
es un barrio okupado – o así lo publicitan- bastante cerca del centro
comercial de Copenhagen. Tan turístico como pintoresco, esta zona
dista mucho de ser lo que sueño para un espacio recuperado de tales
dimensiones. Acá se vende de todo: drogas livianas (porro y hash),
remeras del estilo “Yo pase por acá”, miles de lugares vegetarianos,
de tejidos y demases. Es un lugar para el turismo progre y simpaticón
de lxs mochilerxs de Europa y la bohemia, un reducto simil Amstard
donde te podés fumar un buen porro sentada en una mesa con una
cervecita. Acá también está esa especie de centro de activistas que no
termino de comprender llamado Trauma Support, un lugar adonde lxs
activistas que están traumatizadas se encuentran para que les hagan
masajes, les sirvan té y para que les escuchen, donde todo huele a
incienso, música tenue, y ondas de amor y paz, pero no hay
preservativos, y algunas de las personas que trabajan son las
desagradables cumpas inglesas que se negaron a hablarme por más de 24
horas en el micro. En Christiana, entonces, se realiza la conferencia
con la ñoña de Naomi Klein a quien no me referiré simplemente por
intrascendente en mi vida como activista. Acá también por la noche se
realiza una gran fiesta en una carpa circense con DJs y todo… el grupo
inglés llamado bike bloc, también parte de esta organización
ecologista inglesa llamada Climate Camp, que no parará de bailar
minutos más tarde cuando cientos de cumpas son arrestadas frente a sus
narices.
Nos disponíamos a retirarnos cuando empezamos a ver corridas desde la
calle para el centro del barrio Christiania. Prontamente nos damos
cuenta que se tratan de anarquistas, probablemente insurreccionalistas
del bloque negro que escapan a la persecución policial y buscan asilo,
amparo, protección y solidaridad justo acá – mal lugar... Se
equivocan. Nada de esto hay en este espanto de lugar. Le informamos a
la organización de la fiesta que compañeros y compañeras están siendo
gaseados con lacrimógenos por las calles del barrio y que necesitamos
protegernos y protegerles de la policía que se encuentra en la puerta.
Somos desoídas. La fiesta sigue. La música no para, el activismo
quiere bailar.
Sin embargo, nosotras si levantamos con demás compañeras barricada,
cajas llevas de botellas de vidrio, maderas, y demás elementos que
serán utilizados a modo de improvisada barricada para que no entren.
Los gases, la confusión y las corridas siguen. Escapar en la escarcha
y el frío no es nada fácil. Me caigo sobre algo que parece una
barricada pero quizás sea solo basura. ¿La policía esta atrás mío? No
siento la rodilla, no puedo flexionarla. ¿Me sangra? ¿Está hinchada?
No veo nada…. Solo escucho a Darius que me tiende la mano y me dice
“tenes que seguir corriendo”. Y como puedo me muevo, con las caras
tapadas todo lo que podemos para no respirar el aire viciado de los
gases que no te dejan respirar.
Esta noche la policía está enojada. Como no pudieron llevarnos presas
en la manifestación de hoy, ni impedirla vienen esta noche a
atemorizarnos, a humillarnos, y cazarnos. Efectivamente, esta noche no
nos será tan fácil salir de aquí – ni tampoco queremos, porque
deseamos quedarnos con nuestras cumpas que hasta acá han sido
acorraladas-. Esta noche –otra más- tampoco voy a tener sexo… y
mientras las cosas parecen que se calman momentáneamente y pensamos
cómo continuar, de nuevo la estampida de gente confundida escapando no
sé si de los gases o de la policía. ¿Para dónde ir? Esta confusión me
recuerda al activismo que estoy viviendo. Doblamos en una esquina,
nuevamente huyendo (¿acaso ya está adentro la policía?) y por una
calle más o menos oculta y una entrada que no es la principal nos
topamos frente a frente con los ratis tamaño vikingo escandinavos.
Sobre nuestros pasos giramos, nunca pensé que con la rodilla que ya
tengo lastimada desde siempre y ahora golpeada contra el hielo y unas
maderas, podría moverme tan rápido. Tengo miedo. No quiero que hoy me
lleven presa. Quiero aguantar un par de manifestaciones más. Pienso
que tengo mucho por ofrecer en las asambleas. Corro, y veo una
escalera caracol por donde tres personas ingresan raudamente… subo con
ellas. Darius un poco más atrás. La policía logra golpearlo en el
pecho, luego me dirá que no ha dolido tanto, que no pegaron tan
fuerte.
Y a partir de aquí ocurrirá la cosa más desopilante que jamás me haya
pasado en la vida.
Me encuentro en lo que parece un edificio de dos plantas de
departamentos. Pero no. Tenemos una discusión: no podemos quedarnos
encerradas acá toda la noche esperando lo inevitable, la policía está
requisando propiedad por propiedad buscando activista. Nos vieron
subir, es cuestión de tiempo para que vengan a buscarnos. ¿Salir a la
calle? Vemos desde las ventanas de las escaleras como parecen detener
a todo el mundo que encuentran por la calle, en especial a aquellos
que claramente no se ven como turistas. ¿Golpear una puerta? ¿Pedir
protección a algún vecino o vecina? ¿Quién dejaría ingresar a su casa,
a su propiedad privada a quien se refugia de la policía? ¿Quién nos
escondería?
Por la escalera una voz con un inglés raro, más raro que lo que hablan
en Dinamarca, nos dice “está todo bien, bajen, no está la policía”.
Una joven que nos parece china nos llama. Bajamos hacia un lugar que
no sabemos qué es. Parece una casa pero llena de esta gente que parece
china. Desde una puerta lateral le gritan improperios a la policía.
Pero la policía no se mete con ellxs. Está ocupada cazando activistas.
Uno de estos falsos chinos nos descubre su identidad y dónde estamos:
son esquimales de Greenland (Groenlandia), colonia danesa, y esta es
su casa comunal.
Sin embargo, nuestros benefactores no están todxs de acuerdo. Dos de
ellas quieren que nos quedemos. Pero el resto intenta sacarnos por la
fuerza. Literalmente. Odian a lxs activistas tanto como a la policía y
no quieren problemas con estos últimos por proteger y ocultarnos.
Después de insultos, forcejeos, y confusión llega un punto que es
mejor enfrentar a la policía que quedarse en lo que pronto será una
pelea de borrachos con estos esquimales beodos y para nada solidarios.
Salimos abatidas, tratando de fingir ser turistas preocupadxs,
tratando de escapar. Finalmente en la puerta la policía nos para, nos
pide documentos, nos pregunta de dónde somos, qué hacemos acá, nos
revisa la ropa y las mochilas. De casualidad, no encuentran mi botella
mitad agua mitad mallox (ese anti ácido que acá se mezcla con agua y
se usa para limpiarse los ojos del gas pimienta y los gases
lacrimógenos). Logramos salir de Christiania. En la puerta, carros
hidrantes y decenas de guardias de infantería. A las dos cuadras vemos
como llegan a la zona algo así como 20 celulares para meter presas a
las otras personas. Simplemente tuvimos suerte, no llegamos a ser
detenidas porque no tenían más patrulleros donde llevarnos. Hacia rato
que la lucha se había acabado y quienes pudieron se escondieron.
El saldo: 200 personas arrestadas esa noche. Las mismas que no fueron
arrestadas durante la manifestación. La fiesta nunca paró hasta que la
policía les cortó la música.
COP 15- La asamblea para la
manifestación
de Non Borders
Organizar
una manifestación sin líderes no es cosa simple, porque no estamos
acostumbradas a hacerlo.
Escucho lo que se dice en esta reunión en un centro social okupado en
esta preciosa ciudad Copenhagen y pienso en cómo en los días previos a
nuestra llegada las activistas no han podido organizarse ni reaccionar
frente a la brutalidad policial (bastante menos bruta de lo que
acostumbramos a soportar en el sur, por cierto) que les lleva presxs
de a cientos a las manifestantes sin que estos siquiera se quejen o se
revelen.
¿Cómo se puede responder desde una organización horizontal al accionar
de la policía que desde hace días intenta –y lo logra- desbaratar
manifestaciones que son legales? Los recuerdos vienen a mí. 2001 en
adelante. Argentina. Puente Pueyrredón. Una foto. No fear. Y también
aquella que sacó Juan Manuel: Nosotros somos ustedes. Piqueteras y
Piqueteros. Cuento la experiencia de las cadenas humanas que
diferentes organizaciones y movimientos sociales construyen en las
manifestaciones para que sus activistas y militantes no sean
arrebatadas desde dentro de las columnas. De cómo las pancartas son
una excusa para llevar un palo. De cómo ese palo sirve para cerrar
filas o defenderse. Las experiencias son para socializar. Para que las
personas las tomen como propias y las usen, y ya no sean de nadie. Son
tesoros a compartir por todas. Se discute y se acuerda y se practica
realizar cadenas humanas que no le permitan a la policía ingresar,
reducir, dividir y cortar las columnas de activistas, como vienen
haciéndolo desde hace días. “En Europa del norte la gente cree que una
manifestación es un evento cultura” me dice un tano joven y hermoso
que esta al lado mío… No podemos seguir permitiendo que la policía
haga lo que quiera con nosotrxs, el poder en definitiva es algo que
también se cede.
De todos modos, lunes por la mañana, y antes de comenzar la
manifestación, la policía que entendió perfectamente bien con bueyes
esta arando el campo, se lleva detenida a tres de las organizadoras
(las desaparece simplemente, como si nada, sin que nadie vea nada) y
la manifestaciones tiene que continuar sin sus mentores. Previamente,
Dariush y yo somos requisadas cuando vamos a pedir información sobre
dos cumpas que están siendo detenidas frente a nuestras narices. La
nueva ley antiterrorismo permite que nos revisen y nos arresten si
quieren sin más…desde 12 hs y hasta 40 días… una compañera enfrenta
ahora un juicio por instigación a la violencia y recién será liberada
pasado año nuevo.
Los efectos que esta manifestación (-paradójicamente, la manifestación
por la abolición de las fronteras traza un cordón humano entre la
policía y nosotras-) tendrá en la gente van mas allá de los aspectos
externos: a partir de acá la gente dejará de sentir que se la lleva
puesta la policía, tomará la posta de esta manera de autoprotegerse y
organizará autodefensas durante todas las otras manifestaciones. La
importancia de una autogestión en seguridad y defensa es vital en una
organización autogestivas, horizontal, apartidaria y espontánea que
trabaje sobre la solidaridad: tocan a una manifestante tocan a todas.
Improvisar con creatividad a partir de un plan (en el nuestro … las
cadenas humanas codo a codo en la manifestación que impiden que la
policía ingrese a nuestras columnas).
El lunes es un día de alegría: se realiza la primera manifestación
donde casi nadie es detenido o arrestado durante el desarrollo de la
manifestación. La policía está desconcertada. Sí, ratis imbéciles, nos
hemos organizado. Durante la noche las cosas serán distintas….la
alegría dura lo que un suspiro….
COP 15 en Copenhagen - Día 1 de
Londres
a Copenhagen
Para
una sudamericana los motivos por los cuales la décima quinta cumbre
por el cambio climático se lleva a cabo en Escandinavia es obvia: hace
un frío de cagarse, y la nieve llega a los 50 cm. diarios. Las cosas
no ocurren por que si.
Viajo durante horas (24 para ser exactas) en el micro mas incómodo que
haya viajado nunca en mi vida, excursión de estudiantes de clase media
blancos -para muchxs sus primeras experiencias como activistas- hacia
el corazón del frío polar. ¿Sabrán a qué van y qué buscan? No está en
mí decidir quién es o quién no es anarquista. Solo sé que como siempre
que vengo a Europa del norte a nadie le interesa mucho quién soy, ni
de dónde vengo, ni que hago acá. Incluso aquellas personas que se
suponen son amigas de amigas carecen de palabras amables, cálidas,
amigables. El frío del corazón inglés es tan desolador como la
impotencia que veré días después en su manera de enfrentar a la
policía. Pero seria injusto decir que se trata solo de las personas
inglesas… leemos a Nietzsche y no dejo de preguntarme si él tendrá
razón cuando dice que a la gente, el ser humano, le da sumo placer la
crueldad. Vuelvo a recordar todas y cada una de las razones por las
cuales en el 2007 decidí volverme de Irlanda a Argentina. Cada quien
ejerce su ración de poder y superioridad como puede.
Así las cosas, y luego de esas desalentadoras y gélidas 24 horas,
recojo bastante información acerca de cuáles son las líneas generales
acerca de cómo nos comunicaremos y comunicaremos los hechos a los
medios masivos:
1) COP 15- esa ridícula reunión de los “líderes” del mundo entero
acerca del cambio climático ha demostrado ser inepta, ineficiente. No
tienen la más mínima idea – como el capitalismo todo- hacia donde
vamos, y hacia donde nos llevan. Lo único que han logrado es que la
situación sobre el cambio climático sea peor. Difundamos el mensaje:
COP 15 no tiene soluciones.
2) Los políticos son una elite que no representa a nadie más que a las
corporaciones y sus ideas de lucro. La gente debe convencerse de ello
de una buena vez.
3) Las soluciones factibles y sostenibles están en manos de la gente
aquí y ahora, frente a nuestras narices.
Acuerdo mayormente con estas líneas. Sin embargo, una cuestión me
inquieta, cuestión que luego será relevante cuando las papas quemen y
llegue la hora de los bifes: realmente estxs jóvenes europeos blancas
creen que se van a encontrar con los movimientos de base del Sur
Global (así le dicen al tercer mundo acá) en la cumbre? No es esto lo
único que les cuesta retener… el asesor legal encargado de pasar la
data sobre la situación jurídica en Dinamarca y al cruzar las
fronteras explica 4 veces en el micro en diferentes situaciones acerca
de las complicaciones que podría traernos a todas el portar ciertos
objetos (desde cutters, navajas hasta stenciles, antiparras etc.) en
tanto y en cuanto opera la ley anti terrorista desde la frontera
inglesa en adelante que permite que seamos detenidas sin mas motivo
que a un policía se le ocurrió hacerlo. No obstante, hasta último
minuto habrá gente empecinada en portar cosas que podrían implicarnos
a todxs.
Todo el tiempo en el viaje pienso una y otra vez en la canción de los
redondos, el futuro llego hace rato, todo un palo, ya lo ves, llego
como vos no lo esperabas… pero parece que aquí recién se enteran…se
habrán dado cuenta que en (centro) América ya no hay agua? Se habrán
dado cuenta que sin un verdadero cambio interno sobre las estructuras
que dominan nuestras maneras de ser e interconectarnos con otras
personas, cualquier cambio de sistema fracasará?
La lucidez es un filo que está en nosotras, cuyo metal brilla más allá
de toda estupidez bien pensante y progresista, y más allá de todo
optimismo del corazón que no quiere sentirse solo. La lucidez es una
molotov contra el coche de la policía de los corazones que todavía
persisten en sostener ideas de representatividad y en un amor caduco
que falla una y otra vez. Y un viaje es también un proceso de cambio
interno hacia regiones previamente desconocidas por quien lo emprende.
(*) Poeta y periodista argentina.
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