No
es un problema de candidatos malos y divisiones internas. Mientras el
voto de la derecha se mantenga unido y en niveles similares a los de
estos últimos años, la izquierda política no volverá a recuperar la
alcaldía ni la presidencia de la CCAA de Madrid. El motivo es
simplemente matemático: la derecha política representa a la práctica
totalidad de la derecha sociológica madrileña; la izquierda política,
sólo a un sector insuficiente, y cada vez menor, del electorado
progresista. El PSOE e IU lo reconocen abiertamente cuando toda su
esperanza depende de los liberales de UPyD; si crecen bastante y están
por echar una mano, el cuento de la lechera podría tener final feliz.
Hablando de cuentos, hay uno de los hermanos Grimm que tal vez venga al
caso, la Historia de uno que hizo un viaje para saber lo que era el
miedo. G. K. Chesterton se refiere a él en uno de sus ensayos para
subrayar los peligros de evitar la experiencia literaria del horror a
los menores. «Los cuentos de hadas no le proporcionan al niño su primera
intuición de la existencia de los espectros –dice-. Lo que le
proporcionan, por vez primera, es la intuición clara de que es posible
derrotarlos.» El protagonista de la narración de los Grimm carece de esa
intuición. Si estuviera en el siglo XXI, organizaría performances
en ex cines del centro de Madrid para mayor gloria de intereses
especulativos y clasistas; como está a caballo del XVIII y el XIX, es un
tipo espabilado y sabe que, mientras no descubra el miedo, tampoco
tendrá sentido de la realidad.
Desde un punto de vista político, nosotros, los ciudadanos de izquierda,
somos ese chico. Estamos en un claro, rodeados de cadáveres que cuelgan
de la horca, y nos parece que oscilan porque tienen frío y quieren
arrimarse a la hoguera; nos meten en un ataúd con un difunto que habla y
nos quedamos tan frescos. Como la política no es ni más ni menos sórdida
que la literatura infantil, comparte con ella el honor de que los
difuntos tienden a seguir largando hasta la escena final. Y eso es lo
que son, sin ánimo de faltar al respeto, el PSOE e IU: dos cadáveres.
Que quizás podrían recuperar la vida, pero que no lo harán mientras
sigamos resignados. Que quizás podrían volver a ser útiles, pero que no
lo harán, de ningún modo, mientras los votemos como mal menor y nos
neguemos a entender que la realidad está fuera, esperando que alguien
ocupe todo el espacio que han dejado vacío.
Últimamente se oyen rumores sobre la creación en Madrid de una
plataforma de izquierdas. Por mi parte, creo que necesitamos algo
bastante más ambicioso que una plataforma coyuntural; pero desde luego,
si se quiere impedir otra derrota, no queda otra opción. Madrid es más
que la capital de España; es el mejor ejemplo y el aviso más adelantado,
aunque aún se niegue, de la crisis terminal de este modelo de izquierda.
Tenemos un partido de propietarios, el PSOE, que compite por el espacio
del ladrillo con el PP y que, en consecuencia, le regala cientos de
miles de votos y se gana la enemistad de todos los que sufrimos en carne
propia las mentiras de sus medias estadísticas sobre salarios, PIB per
cápita y vivienda; también tenemos los restos del antiguo proyecto de IU,
en manos precisamente de los que destruyeron el antiguo proyecto de IU.
Hay cierta ironía en que la ocurrencia de Fukuyama sobre el fin de la
historia sólo se cumpla por la banda de babor, es decir, por donde
teóricamente debería surgir la reflexión y la acción de las utopías
positivas. Hasta el viejo debate entre reformismo y revolución ha pasado
a ser patrimonio de la derecha, según el método que elija para
eliminarnos.
Por si alguno lo desconoce, Jakob Grimm y Wilhelm Grimm no empezaron
como escritores de cuentos para niños; eran unos tipos serios, que se
encuentran entre los fundadores de la filología alemana y cuyos cuentos
se vieron limpiados de elementos crudos y escenas sexuales. No hace
falta fisgar en Blancanieves y los siete enanitos para entender
por dónde iban; basta con echar un vistazo a la conclusión de la
historia, que en opinión de Chesterton encierra «más verdad sobre el
verdadero significado del matrimonio que todos los libros sobre sexo que
inundan Europa y Estados Unidos»: el chico sólo descubre el espanto
cuando se casa y su mujer, harta de estupideces, le echa un balde de
agua fría. Pues bien, nosotros tenemos que ser esa mujer, pero
divorciada. Ninguna relación tiene futuro cuando se han perdido los
intereses comunes y hasta el afecto. No es ninguna broma.
(*) Poeta y periodista
Publicado originalmente en
Nueva Tribuna.
