|
|
|
Chile - Julio 2010 |
|
por Gustavo Duch Guillot ¿Qué ocurría en el mundo ayer, antes de ayer… hace veinte, hace mil días? Todo transita hacia adelante, y tan veloz, que mirar por el retrovisor, no se ve bien. La memoria no cotiza como valor, y la hacen callar, para no dejar huellas. ¿Qué pasó hace hoy exactamente cinco mil días? Que los jefes de Estado de 185 países en una reunión histórica celebrada en la sede de la FAO en Roma declararon «Nosotros, Jefes de Estado y de Gobierno…prometemos consagrar nuestra voluntad política a conseguir la seguridad alimentaria para todos y a realizar un esfuerzo constante para erradicar el hambre de todos los países, con el objetivo inmediato de reducir el número de personas desnutridas a la mitad de su nivel actual no más tarde del año 2015”. Los datos de entonces eran alarmantes y no podíamos aceptar cambiar de milenio con el lastre de 845 millones de seres humanos en esas condiciones. Cinco mil días después, cada nuevo día mueren unas 24.000 personas por causas relacionadas con el hambre. Cinco mil días después «la voluntad política y el esfuerzo constante» nos han llevado a una cifra mucho mayor, mucho peor: un total de 1.020 millones de personas sin acceso suficiente al alimento, sin acceso a los medios elementales para producirlos o –más duro aún, produciendo comida que el mercado le paga a precios que… no les permite comprar suficientes alimentos. ¿Qué explicación tenemos a todo esto? Recientemente en un medio de comunicación aparecía una noticia que apunta directamente a una de las causas: la práctica de la mayoría de países de los dictámenes neoliberales para abordar las políticas de agricultura y desarrollo rural. No así Malawi, que decidió apostar por su propio campesinado y obviando las imposiciones de mandamases -como la Organización Mundial del Comercio o del Banco Mundial- reemprendió programas para apoyarlos en su pequeña agricultura. La media nutritiva de su población ha pasado del consumo diario de 608 kilocalorías por día a 2000. El que ha sido llamado el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM), vemos que no se cumple. Con ánimo de evaluar e impulsar el programa de los ODM las Naciones Unidas acaban de formalizar la creación de un grupo internacional presidido por José Luis Zapatero junto e inexplicablemente a Paul Kagame, presidente de Ruanda. Como nos recuerdan desde la Federación de Comités de Solidaridad con África Negra, se cumplen ahora [también] cinco mil días de las terribles matanzas en el este del entonces Zaire, con millones de muertos (nueve misioneros y cooperantes españoles). En la Audiencia Nacional de Madrid hay una causa abierta de crímenes de lesa humanidad donde Kagame aparece comprometido. Es lo que tiene la memoria. Porque todo -cantan los trovadores- todo está escondido, cargado y clavado en la memoria. Cinco mil días de incumplimientos, que quedan, como espinas, en la memoria. Que pincha hasta sangrar y finalmente –seguro- estalla para volar libre como el viento. «La memoria, arma de la vida y de la historia». Con las gafas de la Soberanía Alimentaria El desarrollo surge del crecimiento económico. Los transgénicos llegan para erradicar el hambre en el mundo. Los atuneros españoles en Somalia requieren de todo nuestro apoyo. La pequeña agricultura española vive sin trabajar gracias a los subsidios públicos. Las grandes superficies nos facilitan las compras además de ofrecernos precios muy ventajosos. El cambio climático lo resolveremos con mejor tecnología. La internacionalización de las empresas españolas las convierte en agentes de desarrollo y crean riqueza allí donde desembarcan. Los países africanos no son capaces de aprovechar sus recursos naturales. La acuicultura ofrece una alternativa al agotamiento de los recursos pesqueros. La seguridad alimentaria de nuestro país se garantiza con las producciones del Sur. La agricultura ecológica es poco productiva y costosa. Los agrocombustibles no son responsables del aumento de los alimentos. La reforma agraria es una lucha obsoleta, del pasado…. Que no, que no me lo trago. Informaciones como estas, que nos encontramos a diario presentadas como verdades absolutas, sin rendijas, tienen todas un propósito: consolidar una racionalidad que justifique el expolio y dominio que un centro global hace de las periferias y de la Madre Naturaleza, para poder seguir reproduciendo una forma de vida capitalista. Por eso me gusta recomendar, aprendiendo la fórmula propuesta por los movimientos feministas, que analicemos las cuestiones relacionadas con la agricultura colocándonos las gafas de la Soberanía Alimentaria. Si la Soberanía Alimentaria se entiende como «el derecho de los pueblos a controlar sus propias semillas, tierras, agua y la producción de alimentos, garantizando, a través de una producción en armonía con la Madre Tierra, local y culturalmente apropiada, el acceso de los pueblos a alimentos suficientes, variados y nutritivos», vemos con sus gafas, un paisaje diferente: Somalia tiene derecho y prioridad en el acceso a los recursos pesqueros de su región; la revolución verde con su química, y ahora con los transgénicos, se apropia del conocimiento común y colectivo de las mentes campesinas; las corporaciones en el trono del Sistema Agrario Global sólo entienden de beneficios económicos y nada saben del acto de cultivar y proveer alimentos; el cambio climático es un antiguo problema (con mucha responsabilidad en la agricultura industrial) que no lo puede resolver nuevas tecnologías; el acceso a la tierra es la base de las desigualdades en el campo (acentuado hoy día con la especulación que sobre la tierra cultivable se está dando); la internacionalización de las empresas es en realidad una deslocalización en busca de rebajar sus costes laborales y al encuentro de medidas medioambientales más permisivas; la agricultura campesina o ecológica, la agroecología, es capaz de alimentar al Planeta a la vez que lo enfría; la acuicultura está diseñada casi exclusivamente para disponer de productos interesantes para la exportación, es decir, de nuevo para nutrir al saciado centro global… Que sí, que con estas gafas, descubrimos un cúmulo de atropellos e injusticias a la vez que nos presentan opciones posibles para reinventar, recuperando sabidurías pasadas, un nuevo modelo de alimentación. (*) Ex Director de Veterinarios Sin Fronteras. http://gustavoduch.wordpress.com/
|
|
|