Integramédica:
Guarida de Asesinos
Pablo
Ruiz y Arnaldo Pérez Guerra
Fotos:
Jorge Zúñiga
Este
sábado 24 de abril, unos cien “funeros” se dieron cita en la comuna
de Maipú para denunciar a otro médico torturador. No es la primera vez
que los activistas visitan este populoso sector. Tiempo atrás fue
funado el dueño del Liceo Instituto Bernardo O’Higgins, coronel (r)
Haroldo Latorre Sánchez, por su complicidad en la desaparición y
muerte, en 1973, del estudiante de 19 años José Flores Araya.
Con
un gran lienzo “Clínica Integramédica: guarida de asesinos”, los
funeros marcharon desde la Plaza de Maipú hasta el Centro Médico,
ubicado en Avenida Pajaritos Nº 1605. El turno le llegó esta vez al médico
Vitorio Orvieto Tiplizki.
“Por
eso yo, vengo a funar, al torturador...” cantaban los manifestantes
mientras repartían volantes con la foto y el historial de Vitorio
Orvieto Tiplizki, los que fueron
recibidos por los transeúntes con bastante expectación y sorpresa. Al
interior de la clínica, los funeros conversaron con algunos de los
asombrados pacientes, contándoles que venían a denunciar al médico
Orvieto.
La
Comisión Funa señaló que en septiembre de 1973, como médico del Ejército,
“Vitorio Orvieto Tiplizki puso sus conocimientos de medicina al
servicio de los torturadores del campo de prisioneros de Tejas Verdes,
que funcionaba al interior del Regimiento N°2 de Ingenieros, comandado
por el entonces coronel de Ejército Manuel Contreras Sepúlveda, y que
sería el lugar de inicio de la Dirección Nacional de Inteligencia, la
siniestra DINA”.
Tejas
Verdes está ubicado al sur del puerto de San Antonio, cerca de
Llo-Lleo. Hasta allí fueron trasladados cerca de 1.500 prisioneros
entre el 11 de septiembre de 1973 y mediados de 1974, cuando fue cerrado
luego de la visita de una delegación de la Organización de Estados
Americanos (OEA).
Existen
antecedentes de que el doctor Vitorio Orvieto integró la Brigada de
Sanidad de la DINA y fue jefe de la clínica clandestina “Santa
Lucia”, lugar desde donde desaparecieron prisioneros y que fuera usado
para aplicar torturas y atender a personal de los organismos represivos.
Actualmente, Vitorio Orvieto Tiplizki trabaja como oftalmólogo de la clínica
privada Integramédica que, además, sirve de guarida a otros
torturadores como el médico Luis Santibáñez (ex agente de la DINA),
implicado en la desaparición de Juan Elías Cortés, y el traumatólogo
Camilo Azar Saba (ex agente de la CNI), responsable de la muerte por
torturas del profesor Federico Alvarez Santibáñez. No es casualidad
que uno de los dueños de Integramédica sea el ex ministro de Augusto
Pinochet, Carlos Cáceres.
Julio
Oliva García, dirigente de la Comisión Funa, señaló a los
manifestantes: “Insistiremos en nuestra denuncia contra la impunidad
justamente porque esta semana en el parlamento aprobaron un proyecto de
ley para darle más impunidad a los criminales. Oculto en medio de algún
dinero que pretenden darle a los familiares está la idea de otorgarle
inmunidad a los criminales, rebajarles las penas. Junto con eso los
tribunales han aplicado -en el caso de algunos violadores de los
derechos humanos- la rebaja de penas por el tiempo transcurrido, siendo
que en dictadura no se pudo investigar ni procesar a los criminales. Hoy
día ha ocurrido que los que asesinaron de Tucapel Jiménez han recibido
como máximo ocho años de castigo. Esta misma pena pretenden darle a
quienes asesinaron a doce jóvenes en la llamada ‘Operación
Albania’, la masacre de Corpus Christi. Frente a eso ¿qué hace el
gobierno?: pretende proteger más aún a los criminales. Estamos aquí
para denunciar los nombres de todos los criminales. A nosotros no nos va
a parar ninguna ley. Vamos a seguir haciendo la justicia que necesita
este país, esta justicia que necesita la sociedad, de saber con quién
vive, que necesitan los pacientes de Integramédica de saber que uno de
los médicos que los atiende fue un torturador”.
En
el campo de prisioneros de Tejas Verdes desaparecieron, entre otros, los
hermanos Ernesto Salamanca Morales (20 años) y Gerardo Rubilar (25),
ambos militantes del Partido Comunista (PC), detenidos el 24 de enero de
1974 en La Legua. La misma suerte corrieron los dirigentes Luis
Norambuena (30), miembro del Comité Central del Partido Socialista (PS)
y Regidor por San Antonio, detenido el 14 de septiembre de 1973;
Ceferino Santis (31), presidente del Sindicato de Obreros de la
Industria Rayonhil y miembro del Frente de Trabajadores Revolucionarios
(FTR) del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), detenido el 12
de septiembre de 1973; Gustavo Farías (23), recaudador de Obras
Sanitarias de San Antonio y militante del MIR, detenido el 24 de
septiembre de 1973; Félix Vargas (31), quien integró el equipo de
seguridad del Presidente Salvador Allende (GAP) y que escapara herido
después del bombardeo a la casa presidencial de Tomás Moro, detenido
en enero de 1974; y Rebeca Espinoza (40), secretaria del Instituto de
Desarrollo Agropecuario (INDAP), detenida el 3 de enero de 1974.
En
el Regimiento y campo de concentración fueron ejecutados, entre otros,
Jorge Ojeda Jara, Florindo Vidal Hinojosa y Víctor Mesina Araya, cuyos
cuerpos aparecieron en el Río Rapel; Jenaro Mendoza Villavicencio,
Aquiles Jara Alvarez, Jorge Cornejo Carvajal, Patricio Rojas González,
Oscar Gómez Farias, Carlos Carrasco, Raúl Bacciarini Zorrilla, Héctor
Rojo Alfaro, Samuel Núñez González, Armando Jiménez Machuca,
Guillermo Alvarez Cañas y Fidel Bravo Alvarez. A los seis últimos, los
militares les aplicaron la “ley de fuga”, fusilándolos por la
espalda, durante su traslado a Bucalemu bajo fuerte custodia militar y
en deplorable estado físico.
Miles
de prisioneros, que pasaron por el campo de concentración de Tejas
Verdes, sufrieron no solo la privación de la libertad durante meses,
sino también vivieron en carne propia el tormento de la tortura y el
salvajismo con el que actuaron los militares después del golpe de
Estado. Así lo relata el testimonio de una de las sobrevivientes, Luisa
Stagno Valenzuela, recogido por el semanario El Siglo a comienzos de
2002: “Me encerraron en
una especie de mediagua, y al día siguiente comenzaron los
interrogatorios... las primeras semanas fueron las más duras. Nos
trasladaban en camiones hasta el lugar de tortura, el Casino de la
Escuela de Suboficiales de Tejas Verdes. En ese momento no sabía donde
estaba. Nos llevaban en camiones frigoríficos, amarrados, vendados, con
capuchas. Nos hacían bajar escalones... A mí me dejaron en una celda.
Los interrogatorios empezaban muy temprano... me golpearon y aplicaron
todas las formas de tormento: golpes, corriente eléctrica, quemaduras
con cera, cigarrillos; en un brazo aun tengo las marcas... Les dije que
estaba embarazada, pero la verdad a ellos no les importó, al contrario.
Me golpeaban con una fusta en el bajo vientre para que perdiera mi
guagua. Al tercer o cuarto día, comenzaron a violarme... varias veces
me violaron y aplicaron corriente en la parrilla eléctrica...”.
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