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Chile - Solidaridad con los Presos Políticos - Septiembre 2004 |
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El neoliberalismo: ¿Fin del capitalismo? Estudios del FPMR - www.fpmr.org
Generalidades sobre la lucha revolucionaria
Sin
olvidar tampoco, aquellas
pocas revoluciones que aisladamente resisten la presión imperialista y
que se ven obligadas a hacer concesiones económicas tácticas, al mismo
tiempo que sostienen una encarnizada lucha
contra todos aquellos que, desde fuera o desde dentro del
sistema, buscan que esas reformas deriven irreversiblemente hacia
concesiones políticas que marquen el fin de las conquistas socialistas.
Cabe también mencionar los movimientos guerrilleros que, a corto o
largo plazo, no han logrado dar « jaque mate » al sistema;
como también el surgimiento de
nuevos movimientos sociales espontáneos que, a pesar de todo lo nuevo
que supuestamente movilizan, han demostrado sus carencias pues no logran
pasar la frontera de la mera reivindicación sectorial, de la
institucionalidad vigente y cuya existencia, no amenaza la esencia del
poder capitalista. Capitalismo y neoliberalismo
Es
innegable que la sociedad dividida entre explotados y explotadores, a
pesar de las características
propias de cada uno de los succesivos
modos de producción, (esclavitud,
feudalismo, capitalismo), es algo inherente al desarrollo de sociedades
cuyo funcionamiento se basa en la propiedad privada de los medios de
producción. El capitalismo se consolida en Europa, hacia el siglo 18,
con características propias: la revolución industrial que va a
provocar, entre otros: la secularización de la sociedad ; la
emigración masiva del campo a la ciudad; la aparición de la mano de
obra asalariada; gran concentración de obreros que participan en el
proceso productivo alrededor de la fábrica o
empresa centralizada, estructura que es propicia para la
identificación de los obreros entre sí y su organización; la distinción
clara de dos clases sociales polarizadas, contradictorias e
irreconciliables : la clase obrera como clase explotada y de la
burguesía como clase dominante y poseedora de los medios de producción.
En
el transcurso de su desarrollo, el capitalismo ha atravezado por
diferentes fases, el liberalismo (cuyo fin se sitúa, más o menos,
entre las dos guerras mundiales)
el Keynesianismo o estado de bienestar (que duró aproximadamente
hasta fines de los años 70) y desde esa fecha hasta nuestros días, el
neoliberalismo. El paso de un modelo a otro está relacionado con las
contradicciones internas y con la
gestión del sistema. Es así
que el advenimiento del
neoliberalismo está vinculado a la búsqueda de soluciones para
palear la caída cíclica
de la tasa de ganancia que carcomía las bases del sistema capitalista y
lo acorralaba ideológica y
políticamente. El neoliberalismo y sus efectos
En
este período de crisis del pensamiento revolucionario, tampoco faltaron
aquellos que desconociendo los profundos cambios operados en la realidad
e invocando el pensamiento de clásicos marxistas, declararon que las
condiciones estaban dadas para la revolución y se estrellaron contra el
muro. Estas organizaciones, cuya historia está impregnada de
incomprensiones, frustraciones y desvíos, pagan aún l
los costos de su accionar precipitado: organizaciones
desarticuladas, dirigentes y militantes asesinados, en la clandestinidad
o en prisión. Como
dice el argentino, Luis Bilbao, « nada ha faltado en este período
de crisis: desde formulaciones que proponen la revolución sin la toma
del poder o la toma del
poder sin hacer la revolución » (www.geocities.com/nuestro
tiempo/ « Que viene después del neoliberalismo »). En
lo último cabe el surgimiento de nuevas fuerzas sociales y políticas
que, influenciadas por el discurso del fin de las ideologías, invocan
nuevas formas de hacer política
y de movilización popular; formas que desconocen el rol de los partidos
políticos en la conducción revolucionaria y que, en la mayoría de los
casos, no identifican al
capitalismo como un enemigo común.
Tal es el caso del movimiento
altermundialista, quién es el enemigo ? : el patrón ?
las multinacionales ? el neoliberalismo ? la globalización ?,
el capitalismo ? el imperialismo ?…Con su espontaneísmo,
dichas organizaciones han
contribuido, quiéranlo o no, a la atomización, a la confusión y al
retardo en la organización popular. Dicho sea de paso, esas supuestas
nuevas formas nada tienen de nuevo puesto que ya mostraron su
inviavilidad en el transcurso
de las luchas obreras de los siglos pasados. El
neoliberalismo ha traído consigo una profunda revolución sociológica
que ejerce una influencia en el modo de vida de las personas y ejerce
modificaciones en la percepción subjetiva de la realidad. Desde un
punto de vista objetivo, la clase obrera ha aumentado numéricamente y
también se ha incrementado
cualitativamente su nivel de instrucción y capacitación.
Es decir el obrero de hoy es un alto técnico calificado o
incluso un ingeniero, etc. Lo cierto es que el título en nada modifica
el lugar que este trabajador (proletario) ocupa en el
proceso productivo y las relaciones – de no propiedad – que
tiene con los medios de producción.
El neoliberalismo también ha traído un nuevo modo de organización
empresarial: la descentralización y la deslocalización, el fin de los
contratos a duración indeterminada, la flexibilización de la mano de
obra, entre otros. Todas estas nuevas formas hacen que los obreros, los
trabajadores, los explotados no se identifiquen entre sí como clase y
en muchas ocasiones, sus intereses, que son comunes, son
percibidos como antagónicos. La
realidad de nuestro tiempo resulta entonces, para muchos, confusa
y dificilmente legible y lo cierto es que mientras esta situación
se mantenga, no habrá modo de
realizar un cambio revolucionario socialista.
A
esta constatación hay que agregar el hecho de que el neoliberlismo puso
claramente en evidencia las contradicciones internas del capitalismo
puesto que liberó todas sus fuerzas autodestructivas llevándole a la
crisis más general y profunda de toda su historia. Sin lugar a dudas,
esto también abre
posibilidades de lucha. De ahí que nos parece importante identificar
los rasgos particulares con los cuales se manifiesta el neoliberalismo y
que reclama organizaciones, métodos y dirigencias a la medida de los
nuevos tiempos.
Cierto
es que el neoliberalismo se aproxima a su etapa terminal (algunos ya
hablan de neokeynesianismo:
una economía regulada en un cuadro estable de democracia liberal),
pero sea cual sea la forma de gestión capitalista que se implemente, ésta
tan sólo servirá a palear las crisis cíclicas a las cuales el sistema
se ve en permanencia confrontado y que tienen que ver con la competencia
feroz y la sobreproducción. Es
decir, dentro del sistema capitalista, a corto, mediano o largo plazo,
no hay espacio objetivo para reformas duraderas y el futuro de la
humanidad sólo tiene dos opciones: barbarie o socialismo. ¿Qué hacer ?
Ya
lo hemos visto, a pesar de todas sus contradicciones internas, el
sistema se mantiene a cualquier precio; sus armas predilectas son la
guerra y la sumisión en la miseria de millones de seres humanos. Lo que
nos lleva a concluír que de ninguna manera el capitalismo caerá por si
sólo, si así fuera hablaríamos entonces de evolución y no de
revolución. Las lecciones
históricas nos enseñan que la acción política en nada se parece
a una avenida limpia, ancha y recta, por ende, hacer
la revolución es una tarea gigantesca y compleja. Nuestra teoría, decían
Marx y Engels, “no es un dogma sino un guía para la acción”
(C. Marx y F. Engels, cartas escogidas, ed. en ruso, 1953,
pag.396 ). Puesto que la
sociedad siempre está en
movimiento, el deber de todo aspirante revolucionario es tratar de
interpretar de manera asertiva la realidad y a partir de ahí, elaborar
una teoría válida para la acción revolucionaria. La
voluntad de querer hacer la revolución debe ir acompañada de un
trabajo científico-revolucionario que consiste en una observación
rigurosa de la realidad, la sistematización de los datos obtenidos, la
elaboración de teorías que interpreten esta realidad y que guíen la
acción, la confrontación permanente de esta teoría con la práctica
cotidiana. Opuestamente al
trabajo científico-burgués, nuestra teoría no pretende ser neutra; al
contrario, denunciamos esta supuesta neutralidad que se hace complice de
la reproducción y perpetuación de un sistema injusto, inhumano,
alienante y degradante. Nosotros observamos, estudiamos, concluímos de
la realidad para interactuar sobre ella y transformarla. La
práctica histórica nos ha demostrado que no basta con la buena intención
y con la proclamación de discursos y panfletos destemplados que hacen
abstracción de la coyuntura internacional y de la correlación de
fuerzas y que exigen a gobiernos o
organizaciones políticas de romper, por decreto, con el
capitalismo. Se trata de
hacer bien la distinción entre la táctica utilizada en un período
determinado y la estrategia
final. Tampoco se trata de adoptar, como programáticas, las medidas
transitorias . Es
aquí que las palabras de Lenin cobran
todo su valor: “Sólo cuando los “de abajo” no quieren y
los “de arriba” no pueden seguir viviendo a la antigua, sólo
entonces puede triunfar la revolución” (Lenin, la enfermedad infantil
del “izquierdismo” en el comunismo”, Editorial progreso, 1976,
pag.71). Queda claro
que reorganizar y orientar este nuevo proletariado requiere algo más
que consignas encendidas o buenas campañas electorales. Pensamos
que bajo el actual orden de cosas,
la única estrategia convincente consiste en educar a las masas,
prepararlas para la lucha encarnizada que vendrá. Entendemos el
cambio revolucionario como un proceso de educación, de concientización
y de participación popular y no como la obra aislada de un grupo de
iluminados que, desde las alturas, deciden lo que es bueno y malo para
sus pueblos; de hecho estas
experiencias se han terminado en un rotundo fracaso. Se trata
también de
encontrar factores comunes que permitan unificar fuerzas sociales
y recorrer juntos, a la brevedad posible, el camino de
reconstrucción del movimiento popular;
converger hacia la concretización de un programa revolucionario –
nacional; de avanzar hacia el reconocimiento de una dirección
revolucionaria del proceso: una
dirección revolucionaria que cuando las masas quieran, esté en
condiciones de voltear a nuestro favor las fisuras y contradicciones del
sistema, sepa orientar la lucha y manifieste voluntad política para
avanzar hasta la toma del poder real. Sin lugar a dudas, vencer el
capitalismo, hacer la revolución, solicita la intervención de
instrumentos tan perfecionados como los que el mismo capitalismo utiliza
para perpetuarse en el poder. Estudios del FPMR
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