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Las movilizaciones contra la
explotación geotérmica se iniciaron el 2007. Dirigentes de indígenas,
agricultores, migrantes, organizaciones de mujeres y empresarios
turísticos interpusieron recursos ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH) e informaron a la Comisión de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas. Un reportaje
especial desde la zona del conflicto. |
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Tatio, San
Pedro de Atacama. |
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Fotos de A. Perez Guerra. |
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(El Tatio y San Pedro de Atacama) /
Geotérmica del Norte recibió la autorización de la Conama para perforar en
los géisers de El Tatio, Región de Antofagasta, al menos cuatro pozos de
2.500 metros de profundidad. La empresa ya firmó convenios con las
comunidades indígenas de Caspana y Toconce. Pero no todos están de
acuerdo. Los atacameños exigen se les restituyan tres millones de
hectáreas para “salvaguardar el agua y el territorio”. Según los lickan
antay la escasa agua que corre hoy por los ríos Salado y Loa desaparecerá.
“El Estado nos quita el agua y los recursos naturales, entregando a las
geotérmicas facultades y autorización para explotar territorios que no le
pertenecen, que son lickan antay”, señala el Consejo de Pueblos
Atacameños.
Para lickan antay y quechuas se están
vulnerando derechos ancestrales. Pronto se construirán torres de alta
tensión que conducirán energía a las mineras, afectando aún más el
entorno. Para los indígenas El Tatio es un lugar ceremonial y su
destrucción alterará el ecosistema en que sobreviven vicuñas, guanacos,
gatos andinos, suris o ñandúes, loros, lagartijas y vizcachas, además de
especies vegetales únicas como la yareta -que logra recién su madurez a
los doscientos años de vida-. Sostienen que la intervención geotérmica
dejará más pobreza y migración, acabando con el turismo ecológico que han
desarrollado.
“El agua en el desierto es un tesoro, donde nace el agua, nace la vida.
Pero de ese tesoro se apropian las empresas geotérmicas y mineras para
convertirlo en dinero. El agotamiento del agua causará un desequilibrio en
el ecosistema de la gran cuenca del Salar de Atacama”, dice Amelia Mamani
Charcas, presidenta de la Agrupación Sumac-Llajta, de Calama.
“Si el Estado continúa la intervención
y sobreexplotación de recursos naturales en territorios indígenas, no sólo
vulnerará nuestros derechos, obligándolos a migrar, sino también la
biodiversidad de la cual todos somos parte, hipotecando el futuro de las
generaciones venideras y violando tratados y convenios internacionales de
protección de los derechos humanos y de la biodiversidad”, dice Sonia
Ramos Chocobar, representante de los cultores y guías ancestrales de San
Pedro de Atacama y Solcor. “Secaron las vegas, los bofedales, los
afluentes… Las mineras ya han hecho graves daños llevándose el agua. Y
ahora van por El Tatio. Es peligroso porque vamos a desaparecer. La
administración turística logró que volvieran algunos jóvenes que habían
emigrado del pueblo por falta de oportunidades. Si destruyen los géisers y
secan el agua, ya no quedará nada”, dice Carolina Yufla, de Toconce.
En la comunidad de Toconce viven 24 familias, la mayoría ancianos
dedicados a la agricultura y el pastoreo. “Caspana firmó un acuerdo y
Toconce también. La empresa prometió trasladar agua de Potreros a Toconce
y dar cierta cantidad de litros de petróleo para la energía eléctrica. La
gente no está conciente de lo que eso significará. Los dirigentes en
Toconce no han dicho toda la verdad sobre los daños que se causarán. La
gente ve que luz y agua son cosas básicas y la empresa engañó y se
aprovechó para sacarles la firma. Pero no todos estamos de acuerdo”,
agrega. Yudit Berna, dice: “Tergiversaron la información y se aprovecharon
de los ancianos que no saben leer ni escribir. Quienes viven en el pueblo
deben pagar mensualmente para comprar petróleo para luz eléctrica. La
empresa ofreció dar el petróleo, una generadora, y cañerías para el agua”.
“El presidente de la comunidad, Pascual Yufla, dijo a la gente que el
proyecto geotérmico se haría aunque Toconce se opusiera, que se iba a
instalar igual y que era mejor firmar antes de quedar sin nada”, agrega
Carolina Yufla.
Proyectos
cuestionados
Geotérmica del Norte no es la única empresa interesada en los géisers de
El Tatio. Según la Empresa Nacional de Geotermia (ENG) los daños al
ecosistema por la explotación en la quebrada del Zoquete, en El Tatio,
“serán menores y no afectarán las aguas superficiales o subterráneas”. Ya
hay varios pozos. “Las mineras también dijeron que no afectarían el caudal
de los ríos, sin embargo hoy vemos pueblos sin habitantes por la falta de
agua y contaminación”, señala Tomás Ramos, empresario hotelero de San
Pedro de Atacama.
Según el gobierno explotar los géisers
diversificará la matriz energética, produciendo electricidad a bajo costo.
“No puede ser a costa de la vida de los pueblos originarios”, dice Amelia
Mamani. “Se destruirá la biodiversidad y la relación que ésta tiene con
nuestros antepasados. Nos oponemos a lo que quieren hacer en El Tatio,
porque se afectará la cuenca hídrica, aguas superficiales y subterráneas.
Se acabará el agua, pues las napas subterráneas están comunicadas entre
sí. Cuando las mineras han explotado el agua subterránea los acuíferos han
disminuido o desaparecido. Hay ríos secos. Ojos de San Pedro, donde nace
el Loa, por ejemplo, fue un lugar hermoso, hoy es un desierto”, agrega
Sonia Ramos (En la Foto).
Las movilizaciones contra la explotación geotérmica se iniciaron el 2007.
Dirigentes de indígenas, agricultores, migrantes, organizaciones de
mujeres y empresarios turísticos interpusieron recursos ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) e informaron a la Comisión de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas. Solicitaron
a la presidenta Michelle Bachelet que en su calidad de representante del
Estado, que posee propiedad en una de las empresas, ordenara el cese de la
intervención en El Tatio. Los municipios de San Pedro de Atacama y Calama
también se oponen a la explotación. Actualmente, El Tatio es administrado
por las comunidades de Caspana y Toconce. “Se generarán apenas 40 MW en
beneficio de Codelco, en Chuquicamata. No quieren más energía, sino
explotar el cobre a un menor costo”, señala Luis Jorquera, dirigente de
los agricultores de Calama.
Según los indígenas y empresarios turísticos las perforaciones,
instalaciones y la presencia humana afectará a la fauna nativa que ya está
en peligro de extinción. En el lugar hay vegas y bofedales protegidos por
la Dirección General de Aguas. “Vicuñas, guanacos, gatos colo colo y otras
especies migrarán a otras zonas en busca de alimento y agua, ya que su
hábitat natural se invadirá, como sucede en la actualidad con guanacos que
por las minería emigran a sectores bajos y con las parinas o flamencos
cuya población ha disminuido gravemente por el uso de sus aguas. El Tatio
es un abrevadero ancestral. Es lamentable que no se considere el sentir de
las comunidades indígenas”, dice Amelia Mamani.
A eso se agrega que El Tatio fue declarado por Sernatur como “zona de
interés turístico. “Hay zonas de valor arqueológico, ecológico y
paisajístico que debieran ser preservadas y son un potencial de recursos
para la actividad turística”, dice Tomás Ramos. El valor patrimonial y
cultural para los lickan antay y quechuas, que han desarrollado
ancestralmente actividades ganaderas en las vegas circundantes, es
incalculable. Las comunidades indígenas de Machuca y Río Grande, que
también alegan derechos sobre El Tatio, no han sido consideradas.
Para
las autoridades el proyecto geotérmico se hará sí o sí, y se mitigará y
compensará cualquier “impacto negativo”. La CNE encargó a la consultora
Point Environmental un estudio técnico, que se tradujo en una serie de
observaciones que se incorporaron en la Resolución de Calificación
Ambiental, que obtuvo visto bueno de Agricultura, el SAG, Conaf y la DGA.
Los acuerdos de cooperación y compromisos entre las comunidades de Caspana
y Toconce y la empresa Geotérmica del Norte ya están en marcha. Geotérmica
del Norte tiene otras dos concesiones de exploración en Apacheta -Ollagüe,
33.000 hectáreas-, y La Torta -San Pedro de Atacama de 39.000 hectáreas-.
“Si se llevan nuestra agua y destruyen los sitios sagrados, ¿a quién le
pediremos explicaciones? No basta que vengan dirigentes indígenas a hacer
discursos, hay que actuar. No hay que permitir que destruyan nuestros
pueblos y que acaben con nuestra cultura y forma de vida”, dice Mirta
Solís Cenzano (En la Foto), presidenta de la comunidad de Catarpe, en San
Pedro de Atacama. La Empresa Nacional de Geotermia (ENG) tiene la
concesión de exploración en Estrella I y Estrella II -en el Loa-; mientras
Geotérmica del Norte, posee la concesión de explotación de 4.160 hectáreas
en El Tatio.
Se han presentado 95 solicitudes de concesiones geotérmicas desde que se
promulgó la ley el año 2000. Julio Ramos, presidente del Consejo de
Pueblos Atacameños, dice: “En todo el proceso por el proyecto geotérmico
en El Tatio y en otros problemas en nuestro territorio, hay desigualdad de
condiciones tanto en la información, el financiamiento para los estudios y
en las instancias de participación. No sólo es un tema medioambiental sino
político, que implica vulneración a nuestros derechos. La aprobación del
proyecto constituye una grave afectación al sistema hídrico. Es claramente
incompatible con el estatuto jurídico del que gozan los géisers de El
Tatio como área de vegas y bofedales. El Código de Aguas prohíbe nuevas
exploraciones y extracciones de agua subterránea. Las aguas que nacen en
El Tatio son afluentes del Loa, declarado agotado por la DGA en enero de
2000”.
A mediados de marzo, en el pueblo de
Ayquina, se realizó el Tercer Congreso de los Pueblos Atacameños. Entre
sus conclusiones destaca la defensa colectiva del “territorio y el agua
del pueblo Lickan Antay, un patrimonio que debemos defender”. Y agrega:
“El Consejo seguirá insistiendo en la demanda territorial ancestral y en
la aplicación de todos los derechos que nos protegen, como el Convenio 169
de la OIT y la Declaración de Naciones Unidas de los Derechos de los
Pueblos Indígenas”.
Agua sagrada
Raúl Mondaca, dirigente de Toconao, dice: “Ya no pueden haber más
pedimentos de agua. La cuenca no resiste más. En el borde este del Salar
de Atacama, la empresa SQM extrae cloruro y sulfato de potasio, ácido
bórico y salmuera rica en litio, cada vez con más agua. Ahora van por El
Tatio. Y el gobierno parece que tenía esto cocinado. Son pocos los países
que como Chile entregan derechos de agua a perpetuidad y concesiones a
discreción para depredar recursos preciados”. A fines de 2008 la DGA vio
aumentar las solicitudes de exploraciones de agua en San Pedro de Atacama
y Alto El Loa, principalmente por parte de mineras. “Los pueblos de la
cuenca del Salar de Atacama rechazamos la explotación del agua pues
habitamos el desierto más árido del mundo. No debiera extraerse más agua
para la minería”, dice Mirta Solís. Pero hay pedimentos en los cerros
Toco, Chivato Muerto, Coqueta, Losloyo y Medano; en las pampas Las Tecas,
Loyoques, El Pedregal, Puntas Negras y Puruchare; en las quebradas de La
Leña, Múcar, Delgada; en Soncor, Tenco, Laguna Helada, Llanos del Toco,
Aguas Calientes, Las Pampas, Río Blanco, Cápur, Nevados de Poquis, Loma de
Guachalajte, Cordón Alto de Toro Blanco, Laguna Tuyajto, y los salares de
Talar y Pujsa; entre otros.
Durante una visita a la zona, el ministro de Energía inauguró proyectos de
iluminación para la torre de la iglesia de Toconao y para la iglesia de
San Pedro de Atacama. Marcelo Tokman se refirió al proyecto geotérmico:
“El Tatio está avanzando de forma adecuada, cuidando todos los factores
involucrados en esa intervención, como el agua, las comunidades, las
factibilidades, los costos y la importancia como activo de los géisers,
vale decir como una de las figuras iconográficas del turismo”. El gobierno
insiste en presentar la explotación en El Tatio como solución a la crisis
energética. Pero los 40 MW que produciría irán a Codelco. La línea de alta
tensión que unirá El Tatio y Chuquicamata se comenzaría a construir el
próximo año.
Tras unos talleres de capacitación patrocinados por la Fundación Pan Para
el Mundo, Diego Carrasco, abogado y director ejecutivo del Observatorio de
Control Americano de los Derechos de los Migrantes (OCIM), presentó en
septiembre de 2007 una medida cautelar en la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH): “Buscamos que la Comisión dicte una medida rápida
de protección de los géisers de El Tatio, en defensa de la vida y la
integridad de las comunidades y pueblos indígenas de San Pedro de Atacama
y Calama. En diciembre de 2007 la Comisión la acogió a trámite. El 2008,
producto de un taller que realizamos en Calama, presentamos otra demanda
contra el Estado respecto de El Tatio, que también fue acogida. Creemos
que los trabajos y exploraciones afectan el derecho a la vida, porque éste
es un territorio ancestral, y se está limitando el derecho a la vida
ancestral que han tenido por miles de años las comunidades”, dice.
“El Tatio es un sitio ceremonial donde mora el abuelo de los pueblos
lickan antay y quechua. Hacer una inversión que signifique instalar una
planta de tratamiento de las aguas -agrega el abogado- para generar
electricidad es alterar ‘la sangre de la Pachamama’ y, por lo tanto,
afectar un lugar de culto ceremonial en donde se han venido realizando por
cientos de años rogativas y ceremonias para el agua y la agricultura. Los
géisers de El Tatio son ‘propiedad ancestral’ de los pueblos atacameños y
quechua, no sólo de las comunidades afectadas. La idea de comunidad
indígena tiene que ver con la legislación chilena, pero la propiedad es de
los ‘pueblos andinos’. La demanda sigue en trámite.
El
7 de febrero de 2009 la CIDH acogió un informe que evacuamos tras
entrevistas con el ministro de Energía y diputados. Le informamos a la
CIDH que las empresas siguen con sus actividades: Se levantó una torre,
hay barreras que impide el ingreso, funcionarios que impiden el acceso
incluso de miembros indígenas del lugar, vulnerando ciertamente los
derechos humanos de los pueblos y de las comunidades agrícolas. Se hizo
una rogativa en El Tatio, a fines de febrero, con representantes de los
pueblos aymara, quechua y atacameños y ellos pidieron a sus ‘abuelos’ que
respalden las movilizaciones y la defensa de El Tatio. Fuimos con dos
miembros de la comunidad de Toconce que administra los géisers, y se le
impidió el paso. La CIDH nos ha pedido informes sobre hostigamientos y
amenazas contra los dirigentes, pues han sido objeto de seguimientos,
citaciones a declarar a la justicia por situaciones inconsistentes,
intervenciones telefónicas, y otros, que hemos puesto en antecedentes ante
la CIDH”, dice.
En Puchuldiza, al sur del Salar de Surire, los géisers prácticamente se
extinguieron luego de sondajes de exploración. Científicos expertos en
energía geotérmica como John Glennon, del Departamento de Geografía de la
Universidad de California; Ron Keam, de la Universidad de Auckland;
Phillip Bennett, de la Universidad de Texas; Annette Engel, de la
Universidad de Louisiana; Colin Harvey, director del Instituto de Ciencia
Geotérmica y Nuclear de Nueva Zelandia, entre otros, han advertido de la
errónea decisión de exportar los géisers.
“Es un crimen que destruyan El Tatio. En ese lugar está la napa más grande
de toda la región, la mayor reserva de agua que nuestros pueblos ocupan
para la agricultura, para el consumo, para la fauna. Nos maravillamos con
todos los animales que hay... Eso se destruirá completamente. Los animales
no están acostumbrados a la presencia humana, al trabajo de maquinarias, a
sondajes y sismos por explosiones. Los animales y aves si no logran
emigrar simplemente se van a morir. Las vicuñas ya no están entrando a los
bebederos donde acostumbraban tomar agua porque ya están trabajando las
empresas geotérmicas… Construyeron una torre, hay letreros, máquinas y
camiones, tienen cerrados los pasos. No dejan pasar a los guías y
turistas. No dejan transitar a los indígenas del lugar. Cierran un
territorio ancestral que hemos respetado por miles de años. ¡Cómo es
posible que el Estado permita esto! En Tata Iu -El Tatio- respira la
tierra, es el abuelo que llora”, dice Amelia Mamani /
aperezguerra@yahoo.es
(*) Una versión de este artículo fue
publicada por Punto Final, Azkintuwe y El Clarín
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