Chile - Solidaridad con los Presos Políticos - 2005

 Portada

 

Fusilado dos veces

 Libertad / La Insignia
Arnaldo Pérez Guerra
(*)

José Guillermo Barrera Barrera (30 años), casado, dos hijos, era un comerciante y camionero simpatizante del Partido Socialista (PS), y dirigente del Sindicato de Camioneros Movimiento Patriótico del Transporte (MOPART). Fue detenido el 13 de septiembre de 1973 por una patrulla de carabineros al mando del teniente Gerardo Aravena Longa. La noche del 16 de septiembre de 1973, a Barrera y a los detenidos Jorge Toro Toro, suplementero; Jorge Yáñez; Justo Mendoza Santibáñez, obrero comunista; Segundo Gárate Torres, de la Izquierda Cristiana; Jaime Cabrera y Enrique Venegas Santibáñez, se les informó que serían trasladados al Estadio Nacional. Fue el propio José Guillermo Barrera quien le contó a sus familiares qué sucedió en la Cuesta Barriga esa madrugada. “Los subieron a dos vehículos, una camioneta color plomo y un jeep verde requisado a una empresa. Les condujeron a la Cuesta Barriga en el sector Agua del Peumo. Allí los obligaron a bajar, llevándolos a una caseta abandonada y semidestruida. Los pusieron de espaldas a la pared mientras alumbraban sus caras con linternas. Cinco carabineros dirigidos por el teniente Aravena los ametrallaron. Mi hermano me lo relató”, recuerda Víctor Barrera.

Milagrosamente, los dos detenidos que se encontraban en ambos extremos, José Barrera y Enrique Venegas no murieron. Venegas, afirma: “A mi lado cayeron los demás fusilados. Después de descargar las metralletas, el grupo de ajusticiadores se acercó a nosotros y nuevamente fuimos alumbrados con las linternas. Sentí que alguien se aferraba a mi chaqueta. Pude darme cuenta que se trataba de Ñico Gárate, que se encontraba agonizando... se acercó el teniente Aravena y descargó su revólver en su cabeza. Dispararon otra ráfaga sobre los cuerpos y se retiraron”.  

Venegas y Barrera se percataron que estaban heridos en las piernas. Sin embargo, pudieron huir por los cerros hasta Rinconada, en Maipú, y luego a Casas Viejas, donde se ocultaron. Sabían que corrían peligro. Barrera se trasladó a Huasco con su esposa e hijos, a la casa de sus suegros.  

Seis meses después del macabro fusilamiento, Víctor Barrera se contactó con la secretaria de Augusto Pinochet, Rebeca Valdebenito, quien le entregó una carta para que se entrevistara con el general Bonilla y el coronel de ejército Francisco Saavedra, en el ministerio de Defensa. “Conversé con Bonilla y otros generales, varias veces”, recuerda Víctor. El coronel Saavedra, a su vez, lo contactó con el Auditor de Guerra (s) comandante de la Fach, Luis Marín, quien lo llevó a Talagante para entrevistarse con el mayor de Carabineros Hernández. Éste le sugirió que su hermano se presentara para “aclarar el caso”. Luego que sus familiares hablaran con él, José Guillermo Barrera decidió viajar a Santiago el 10 de marzo de 1974 y tres días después se presentó ante el mayor Hernández, junto a sus padres y hermanos. El mayor se comunicó telefónicamente con el teniente Aravena. Luego les manifestó que no había ningún cargo ni orden de detención, y que el último trámite era presentarse en la tenencia de Curacaví. A las 20:30 horas del 13 de marzo de 1973, José Guillermo Barrera llegó al pueblo, saludó a su madre y le señaló a su familia que en la mañana se presentaría en la tenencia. Pero a las 03:00 de la madrugada del 14 de marzo un contingente de carabineros encapuchados y fuertemente armados irrumpió en la casa. Sin exhibir ninguna orden y tratando violentamente a la familia y en presencia de sus dos hijos, lo subieron a un furgón y lo llevaron en dirección a la tenencia. Esa mañana, Víctor Barrera se comunicó con el mayor Hernández y le relató lo sucedido, pero éste dijo: “No ha sido una mala jugada mía”.  

Hicieron gestiones ante los militares a los que habían recurrido anteriormente, sin resultado. El padre del afectado acudió al ministro de Interior, general Oscar Bonilla, quien le aseguró que “se respetaría la integridad de su hijo”. El Comité Pro Paz se contactó con el mayor Hernández, quien afirmó que el arresto era “acción del ejército”. Desde esa noche José Guillermo Barrera es un detenido desaparecido.  


Carne para el matadero
 

Víctor Barrera recuerda como si fuera ayer lo sucedido. Aún asoma el miedo y la impotencia en sus ojos: “El 16 de marzo de 1974 se presentó un recurso de amparo ante la Corte de Apelaciones de Santiago. En agosto de 1976, una denuncia por secuestro en el Juzgado de Casablanca. A los pocos días el juez se declaró incompetente y remitió todo al Segundo Juzgado Militar. Debimos presentar una nueva denuncia ante la Primera Fiscalía Militar, el 9 de septiembre de 1977, pero en octubre de 1978 se sobreseyó definitivamente el caso. Aplicaron la Ley de Amnistía. No pudimos apelar porque según el tribunal el trámite de la causa se había efectuado en ‘tiempos de guerra por lo que los tribunales ordinarios carecían de competencia’. El 14 de marzo de 1979, se presentó otra querella por ‘secuestro y homicidio frustrado’ ante el Juzgado de Casablanca que también cerraron”.  

Mejor suerte tuvo el otro sobreviviente del fusilamiento, Enrique Venegas. Detenido el 12 de septiembre fue llevado por los policías a la tenencia de Curacaví. Allí le torturaron varios días, hasta que lo dejaron amarrado de pies y manos al interior de una pieza. Venegas vio a varios vecinos detenidos, entre ellos su hermanastro Justo Mendoza. “Había unas 18 personas detenidas en la tenencia. Cuando nos llevaban a la Cuesta Barriga para fusilarnos, al pasar frente al control de Carabineros de la carretera, los funcionarios a cargo del lugar preguntaron si llevaban ‘carne para el matadero’, a lo que los carabineros que nos custodiaban contestaron que ‘sí’, en medio de risas. Al llegar a la cumbre, fuimos obligados a descender de los vehículos en medio de insultos, gritos y golpes. Nos subieron hasta las ruinas de una caseta y a los siete prisioneros nos pusieron de espalda a la pared. Cinco funcionarios dispararon ametralladoras. Sentí algo caliente que me quemaba, entrando por mi pierna derecha, un poco más arriba del tobillo. El dolor me obligó a doblarme hasta caer al suelo. A mi lado cayeron los demás fusilados. Terminado el estruendo de la balacera, los fusileros se acercaron y nos alumbraron las caras con linterna nuevamente, ya que el lugar estaba completamente oscuro. Sentí que alguien se aferraba a mi chaqueta. Era el Ñico Gárate... Uno de los asesinos decía en voz alta que ‘quedaba uno con vida’, a la vez que alumbraba a Gárate. Se acercó el teniente Aravena y procedió a descargar su revólver sobre la cabeza del moribundo que estalló con los impactos, saltando sangre en diversas direcciones y cayendo gran parte de ella sobre mi rostro... Descargaron nuevamente sus metralletas sobre los cuerpos, dando por cumplida y terminada su macabra tarea. Cuando tuve la convicción de que los policías se habían retirado del lugar, lentamente palpé mi cuerpo para comprobar las heridas. Milagrosamente, sólo tenía herida mi pierna derecha. A tientas encontré el cuerpo de mi hermano Justo Joaquín Mendoza Santibáñez, comprobé su muerte y le cerré los ojos”.  

Venegas huyó con José Barrera. Estuvieron juntos unos días para luego separarse para siempre. 

El teniente Gerardo Aravena Longa -primo hermano del diputado DC Waldo Mora Longa-, fue procesado el 2003 como autor de homicidios y secuestros calificados. Aravena mantiene una estrecha relación con su primo e incluso trabajó como gerente general de la Radio Santiago, de propiedad del diputado. El ministro de fuero Daniel Calvo fue quien lo encausó como autor de tres homicidios y los secuestros de Barrera y Segundo Gárate. La nueva querella, había sido presentada contra “Pinochet y los que resultaran responsables”. 

(*) En Curacaví y El Pangue. Una versión resumida de este artículo fue publicada en Punto Final Nº 588 del 1º al 14 de abril de 2005.

 

Fotografías:

7. José Guillermo Barrera Barrera.

8. Carabineros de la Tenencia de Curacaví en los primeros años de la dictadura.

11. Placa emplazada en la Plaza de Armas de Curacaví en homenaje a los detenidos desaparecidos y ejecutados.

12. La antigua Tenencia de Curacaví, centro de detención y tortura.

 

 

solidaridadchile@yahoo.com