Fusilado dos veces
Libertad
/ La
Insignia
Arnaldo Pérez Guerra (*)
José
Guillermo Barrera Barrera (30 años), casado, dos hijos, era un comerciante
y camionero simpatizante del Partido Socialista (PS), y dirigente del
Sindicato de Camioneros Movimiento Patriótico del Transporte (MOPART). Fue
detenido el 13 de septiembre de 1973 por una patrulla de carabineros al
mando del teniente Gerardo Aravena Longa. La noche del 16 de septiembre de
1973, a Barrera y a los detenidos Jorge Toro Toro, suplementero; Jorge Yáñez;
Justo Mendoza Santibáñez, obrero comunista; Segundo Gárate Torres, de la
Izquierda Cristiana; Jaime Cabrera y Enrique Venegas Santibáñez, se les
informó que serían trasladados al Estadio Nacional. Fue el propio José
Guillermo Barrera quien le contó a sus familiares qué sucedió en la
Cuesta Barriga esa madrugada. “Los subieron a dos vehículos, una
camioneta color plomo y un jeep verde requisado a una empresa. Les
condujeron a la Cuesta Barriga en el sector Agua del Peumo. Allí los
obligaron a bajar, llevándolos a una caseta abandonada y semidestruida. Los
pusieron de espaldas a la pared mientras alumbraban sus caras con linternas.
Cinco carabineros dirigidos por el teniente Aravena los ametrallaron. Mi
hermano me lo relató”, recuerda Víctor Barrera.
Milagrosamente,
los dos detenidos que se encontraban en ambos extremos, José Barrera y
Enrique Venegas no murieron. Venegas, afirma: “A mi lado cayeron los demás
fusilados. Después de descargar las metralletas, el grupo de ajusticiadores
se acercó a nosotros y nuevamente fuimos alumbrados con las linternas. Sentí
que alguien se aferraba a mi chaqueta. Pude darme cuenta que se trataba de
Ñico Gárate, que se encontraba agonizando... se acercó el teniente
Aravena y descargó su revólver en su cabeza. Dispararon otra ráfaga sobre
los cuerpos y se retiraron”.
Venegas
y Barrera se percataron que estaban heridos en las piernas. Sin embargo,
pudieron huir por los cerros hasta Rinconada, en Maipú, y luego a Casas
Viejas, donde se ocultaron. Sabían que corrían peligro. Barrera se trasladó
a Huasco con su esposa e hijos, a la casa de sus suegros.
Seis
meses después del macabro fusilamiento, Víctor Barrera se contactó con la
secretaria de Augusto Pinochet, Rebeca Valdebenito, quien le entregó una
carta para que se entrevistara con el general Bonilla y el coronel de ejército
Francisco Saavedra, en el ministerio de Defensa. “Conversé con Bonilla y
otros generales, varias veces”, recuerda Víctor. El coronel Saavedra, a
su vez, lo contactó con el Auditor de Guerra (s) comandante de la Fach,
Luis Marín, quien lo llevó a Talagante para entrevistarse con el mayor de
Carabineros Hernández. Éste le sugirió que su hermano se presentara para
“aclarar el caso”. Luego que sus familiares hablaran con él, José
Guillermo Barrera decidió viajar a Santiago el 10 de marzo de 1974 y tres días
después se presentó ante el mayor Hernández, junto a sus padres y
hermanos. El mayor se comunicó telefónicamente con el teniente Aravena.
Luego les manifestó que no había ningún cargo ni orden de detención, y
que el último trámite era presentarse en la tenencia de Curacaví. A las
20:30 horas del 13 de marzo de 1973, José Guillermo Barrera llegó al
pueblo, saludó a su madre y le señaló a su familia que en la mañana se
presentaría en la tenencia. Pero a las 03:00 de la madrugada del 14 de
marzo un contingente de carabineros encapuchados y fuertemente armados
irrumpió en la casa. Sin exhibir ninguna orden y tratando violentamente a
la familia y en presencia de sus dos hijos, lo subieron a un furgón y lo
llevaron en dirección a la tenencia. Esa mañana, Víctor Barrera se
comunicó con el mayor Hernández y le relató lo sucedido, pero éste dijo:
“No ha sido una mala jugada mía”.
Hicieron
gestiones ante los militares a los que habían recurrido anteriormente, sin
resultado. El padre del afectado acudió al ministro de Interior, general
Oscar Bonilla, quien le aseguró que “se respetaría la integridad de su
hijo”. El Comité Pro Paz se contactó con el mayor Hernández, quien
afirmó que el arresto era “acción del ejército”. Desde esa noche José
Guillermo Barrera es un detenido desaparecido.
Carne para el matadero
Víctor
Barrera recuerda como si fuera ayer lo sucedido. Aún asoma el miedo y la
impotencia en sus ojos: “El 16 de marzo de 1974 se presentó un recurso de
amparo ante la Corte de Apelaciones de Santiago. En agosto de 1976, una
denuncia por secuestro en el Juzgado de Casablanca. A los pocos días el
juez se declaró incompetente y remitió todo al Segundo Juzgado Militar.
Debimos presentar una nueva denuncia ante la Primera Fiscalía Militar, el 9
de septiembre de 1977, pero en octubre de 1978 se sobreseyó definitivamente
el caso. Aplicaron la Ley de Amnistía. No pudimos apelar porque según el
tribunal el trámite de la causa se había efectuado en ‘tiempos de guerra
por lo que los tribunales ordinarios carecían de competencia’. El 14 de
marzo de 1979, se presentó otra querella por ‘secuestro y homicidio
frustrado’ ante el Juzgado de Casablanca que también cerraron”.
Mejor
suerte tuvo el otro sobreviviente del fusilamiento, Enrique Venegas.
Detenido el 12 de septiembre fue llevado por los policías a la tenencia de
Curacaví. Allí le torturaron varios días, hasta que lo dejaron amarrado
de pies y manos al interior de una pieza. Venegas vio a varios vecinos
detenidos, entre ellos su hermanastro Justo Mendoza. “Había unas 18
personas detenidas en la tenencia. Cuando nos llevaban a la Cuesta Barriga
para fusilarnos, al pasar frente al control de Carabineros de la carretera,
los funcionarios a cargo del lugar preguntaron si llevaban ‘carne para el
matadero’, a lo que los carabineros que nos custodiaban contestaron que
‘sí’, en medio de risas. Al llegar a la cumbre, fuimos obligados a
descender de los vehículos en medio de insultos, gritos y golpes. Nos
subieron hasta las ruinas de una caseta y a los siete prisioneros nos
pusieron de espalda a la pared. Cinco funcionarios dispararon
ametralladoras. Sentí algo caliente que me quemaba, entrando por mi pierna
derecha, un poco más arriba del tobillo. El dolor me obligó a doblarme
hasta caer al suelo. A mi lado cayeron los demás fusilados. Terminado el
estruendo de la balacera, los fusileros se acercaron y nos alumbraron las
caras con linterna nuevamente, ya que el lugar estaba completamente oscuro.
Sentí que alguien se aferraba a mi chaqueta. Era el Ñico Gárate... Uno de
los asesinos decía en voz alta que ‘quedaba uno con vid a’,
a la vez que alumbraba a Gárate. Se acercó el teniente Aravena y procedió
a descargar su revólver sobre la cabeza del moribundo que estalló con los
impactos, saltando sangre en diversas direcciones y cayendo gran parte de
ella sobre mi rostro... Descargaron nuevamente sus metralletas sobre los
cuerpos, dando por cumplida y terminada su macabra tarea. Cuando tuve la
convicción de que los policías se habían retirado del lugar, lentamente
palpé mi cuerpo para comprobar las heridas. Milagrosamente, sólo tenía
herida mi pierna derecha. A tientas encontré el cuerpo de mi hermano Justo
Joaquín Mendoza Santibáñez, comprobé su muerte y le cerré los ojos”.
Venegas
huyó con José Barrera. Estuvieron juntos unos días para luego separarse
para siempre.
El
teniente Gerardo Aravena Longa -primo
hermano del diputado DC Waldo Mora Longa-, fue procesado el 2003 como autor
de homicidios y secuestros calificados. Aravena mantiene una estrecha relación
con su primo e incluso trabajó como gerente general de la Radio Santiago,
de propiedad del diputado. El ministro de fuero Daniel Calvo fue quien lo
encausó como autor de tres homicidios y los secuestros de Barrera y Segundo
Gárate. La nueva querella, había sido presentada contra “Pinochet y los
que resultaran responsables”.
(*)
En Curacaví y El Pangue. Una versión resumida de este artículo fue
publicada en Punto Final Nº 588 del 1º al 14 de abril de 2005.
Fotografías:
7.
José Guillermo Barrera Barrera.
8.
Carabineros de la Tenencia de Curacaví en los primeros años de la
dictadura.
11.
Placa emplazada en la Plaza de Armas de Curacaví en homenaje a los
detenidos desaparecidos y ejecutados.
12.
La antigua Tenencia de Curacaví, centro de detención y tortura.
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