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Chile - Solidaridad con los Presos Políticos - Enero 2005 |
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"Carta abierta a los soldados y oficiales honestos". Réquiem
por "don Jaime"...
Lo que para muchos de ellos pareció en ese instante como el inicio de una epopeya gloriosa que les catapultaría a las páginas de la historia en la condición de héroes que combatían y derrotaban "al enemigo marxista", se trató en realidad de un momento de profundo quiebre. El quiebre en situaciones así, no significa anteponer mecánicamente una opción política/ética/ideológica en reemplazo de otra diferente. Se trata de un proceso complejo, que afecta integral y dialécticamente todos los planos subjetivos que el ser humano ha logrado levantar "en sí mismo" a lo largo de toda su existencia y que condiciona el accionar posterior. La creencia de que los crímenes que se estaban realizando eran necesarios para la Patria dentro del "contexto de la guerra fría"; que estaba en juego y en sus manos el destino de Chile y de la humanidad entera amenazada por "el cáncer comunista", sirvió durante un tiempo como coartada interior para autojustificar las acciones deleznables que cada uno efectuaba obedeciendo las órdenes que vociferaban sus superiores. En palabras del Cheyre de hoy: se habría actuado entonces "con la absoluta certeza de que el proceder era justo"... El sentirse respaldados por diferentes sectores sociales e institucionales que les aplaudían y estimulaban constantemente en ese papel les daba también un pretexto autocomplaciente cada vez que se contemplaban "frente al espejo". Pero el problema es que ningún ser humano puede impunemente para sí mismo, transformarse en un instrumento del crimen a otros de su especie. Para autojustificarse, para poder "sobrevivir" dentro de ese papel objetivo de criminal, se tiene que llegar a niveles de degradación personal todavía más terribles y profundos... de otro modo se produce inevitablemente el quiebre total: la locura. Se debe contar con la "solidaridad" del grupo que aliente y proteja; de la institución que condecore y promueva y además con un cierto respaldo social frente a lo que se está cometiendo; se tiene que operar con la seguridad de un manto de impunidad... se genera así una espiral de corrupción y decadencia que va conduciendo a sus protagonistas cada vez más a la alienación y al crimen. En todo caso, de un modo u otro e inevitablemente, el individuo puesto en trance de destruír a otros destruye también en sí mismo valores y principios: se corrompe y corrompe lo que le rodea. Frente a sus familias, cada uno de ellos trataba de continuar siendo el esposo y padre ejemplar; frente a la clase social que le respaldaba, se exhibía como el héroe necesario, pero frente a sus prisioneros y el resto de la sociedad, adquiría la cualidad verdadera de un simple cobarde ensoberbecido y alienado como ser humano... Llegados a este punto, una institución como las FFAA involucrada en esta dinámica de abierta e injustificable contradicción con los valores de humanidad, sólo puede asegurar su sobrevida como tal generando un verdadero pacto de silencio, una especie de "omerta" entre quienes hayan ordenado y participado en los crímenes. Tuvieron que construír un andamiaje que soportara este edificio de muerte y mentira: montar toda una serie de justificaciones; batallar por rebajar mediante el cinismo el grado del delito de lesa humanidad ante los ojos de la sociedad y mostrar los dientes por si acaso... Y quienes
"trabajaron" en la DINA y los demás organismos en cuestión, se
las arreglaron para mimetizar así sus conciencias y sus actos durante
largos años, degradando sus personas y a la institución a niveles cada vez
más bajos desde el punto de vista de la ética humana, aupados y protejidos
en medio de la vorágine de poder en la que se encontraban inmersos. Seamos
claros. Estamos ante la disyuntiva de seguir adelante construyendo un Chile
que haga la vista gorda frente al crimen; que premie perdonando con un
"empalme" hacia el Punto Final los "errores de algunos de sus
soldados"; que crea reparar el daño causado a las víctimas con dádivas
miserables e humillantes; en donde una vez más se tergiverse la historia
con verdades a medias, que es lo mismo decir: con la mentira y la cobardía
más descaradas. Y el espíritu de grupo, esa "omerta de cóndores" que pudieron mantener aparentemente sin fisuras durante los años de dictadura y en los tiempos de neodemocracia se resquebraja en tanto ellos mismos no logran hoy ponerse de acuerdo sobre quién y cómo dar la cara. "Don
Jaime" esperaba que sus superiores le aliviaran de sus actos,
reconociendo que ellos y no él, habían dado las órdenes... incluso Manuel
Contreras reprocha a su superior Pinochet que no asuma la responsabilidad y
le aligere de culpas. En fin, unos a otros se miran, empujan y acusan
buscando ocultar su desnudez moral y su cobardía. Un espectáculo similar acontece en el terreno de "los civiles" que participaron en el régimen y sus tropelías: todos pretextan hoy desconocimiento, ignorancia... algunos hasta dicen "repugnarse" de lo que sucedía en el Chile que estaban repartiéndose y ordenando masacrar entre carcajadas, bocadillos y copas... Estos
pseudodioses criollos, que tuvieron en sus manos el poder sobre la vida y la
muerte de cuanta(o) chilena(o) quisieron, temen la Verdad y tiemblan ante la
Justicia. Valor y Honor hubiera sido el haberse comportado a la altura de seres humanos en el momento cuando se tuvo que escoger. Pero entonces, tanto quienes daban las órdenes como quienes torturaban estaban participando del festín, enceguecidos de poder. Todo era entonces fácil y se disfrutaba con cada acción innoble: la sangre y los lamentos de cada torturado eran música celestial wagneriana para oídos y conciencias; cada asesinado, cada desaparecido era sólo un "enemigo comunista" menos... "Don
Jaime" y muchos otros como él habían así optado "en libre
albedrío" por servir a la Patria de la forma más indigna. Ellos no se
dejaron vencer por "el contexto de la guerra fría" ni
consideraron que el crimen era "un justo proceder". Sería éste además un testimonio diferente y necesario que entregaría elementos para el rescate de la Verdad y que podría comprometer desde otra ética y otra dinámica a toda la institución de las FFAA con la Justicia. Pues no son
suficientes hoy día los arrepentimientos parciales puestos en contexto del
modo en que se ha hecho o los actos de desagravio ofrecidos como gran cosa,
pero mostrando los dientes amenazadoramente. Actos de desagravio pudieran
hacerse en el caso de que hubiesen sido sólo "ofensas" las que se
perpetraron... , pero se trata de crímenes de lesa humanidad. - Cada cuartel y regimiento debe abrir incondicionalmente y sin temor las puertas a la presencia de quienes durante los años de dictadura, lucharon contra la traición; permitiendo que sus testimonios, sus opiniones, su verdad sean escuchadas, reconocidas e incorporadas en los "planes de formación institucional". Nunca Más "manuales de contrainsurgencia" ni Neodoctrina de Seguridad Nacional sino la Verdad histórica; - Deben entregarse todos los lugares que fueran utilizados como centros de tortura a los familiares de la(o)s chilenas y chilenos allí asesinados y a los sobrevivientes, los cuales serán transformados en Casas de la Memoria abiertas a todo el pueblo; - Debe
rebautizarse los lugares que ostentan los nombres y el recuerdo del crimen:
bastantes y verdaderos héroes tiene la historia de las últimas tres décadas
para recuperar con sus nombres y ejemplo la dignidad de esos sitios. Se debe
reconstruír asimismo un nuevo calendario de efemérides basado en esta
Verdad; - Debe
investigarse a fondo la participación de miembros de la institución en
delitos no sólo de lesa humanidad, sino también económicos; Desde la
verdadera historia con nuestros héroes muertos y desaparecidos; desde el
camino interrumpido en Septiembre de 1973. |
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solidaridadchile@yahoo.com |
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