Vivir en una cárcel es un tormento que puede ser aún peor. El
último día de marzo, un grupo de presas se querelló contra
Gendarmería por vejámenes en el Centro de Orientación Femenina
(COF), la cárcel de mujeres de Santiago. Denuncian que el pasado 2
de febrero, en un allanamiento de "rutina" del sector de primerizas
(la sección "Esperanza"), se las filmó desnudas. La fiscal Greta
Fuchslocher está a cargo de la investigación y ha interrogado a
gendarmes y reclusas. Los familiares temen que el video que entregó
Gendarmería al Ministerio Público haya sido adulterado. "Ha
trascendido que no existirían registros de cámaras de seguridad en
ese sector, algo que no parece creíble", dice María P., familiar de
una de las reclusas.
Por su parte, 220 gendarmes iniciaban una huelga de hambre en el
penal de Alto Hospicio, administrado por una empresa privada. El
cabo 1º Juan Orellana, dirigente de la Asociación Nacional de
Funcionarios Penitenciarios (ANFP), señaló que los funcionarios no
reciben alimentación adecuada y ni siquiera existe una enfermería
para su atención: "La concesionaria Siges Chile administra la
prisión. No hay una alimentación decente. No hemos recibido
asignación por traslado. Si sufriéramos un accidente la empresa no
nos atiende. Necesitamos prestaciones de salud y una mejor
distribución de turnos que evite el estrés."
A su vez, los presos denuncian. "La vida en prisión es una
ruleta. Puede pasar cualquier cosa: morir en una pelea o ser
torturado por gendarmes. Puedes ser inocente y pasar años preso… A
los pobres no nos respetan. A las mujeres las tratan peor", dice
Pedro G., pariente de una de las reclusas del COF que denunciaron
vejámenes.
Una de ellas afirma: "Yo estaba presa el día del allanamiento.
Estuve tres meses en la sección Esperanza sólo por tener una balanza
digital en mi casa. Esperé meses que el tribunal hiciera un
peritaje. Me querían acusar de vinculaciones al microtráfico. El día
del allanamiento éramos como cien internas y es verdad que nos
filmaron desnudas. Un funcionario operaba la cámara y otro entró
después. Nos hicieron levantarnos los sostenes y bajarnos los
calzones… Buscaban celulares y droga, dijeron. Por esto, ocho
internas estuvieron varios días sin visita y en celdas de castigo.
El allanamiento fue a medianoche y nos trajinaron a todas. Cerca de
la una de la madrugada terminó todo", relata Inés Torrealba, quien
teme sufrir represalias por haber entregado su testimonio a la
revista Punto Final.
Videos acusadores
Víctor Flores, abogado de las reclusas que hicieron la denuncia
solicitó que sean fotografiadas para compararlas con el video que
entregó Gendarmería al tribunal. En la audiencia de garantía uno de
los abogados de la institución reconoció que en el allanamiento
"participó un funcionario de distinto sexo", lo que es irregular.
Flores pide en la querella interpuesta en el Décimo Juzgado de
Garantía en contra de la alcaide Jessica Jiménez y sus funcionarios,
que el video "sea periciado por un ente neutral". Gendarmería
inició, por su parte, un sumario. Según el abogado Flores "unas
veinte mujeres de la sección Esperanza fueron obligadas a desnudarse
y a mostrar sus partes íntimas. Participó un gendarme varón en el
operativo. Al estar las mujeres expuestas a un carcelero de distinto
sexo se está violando lo establecido en el Código Procesal Penal,
respecto de los 'exámenes de vestimenta'".
Dos de las reclusas que presentaron la querella: Isabel Sepúlveda
y Karina García, madre e hija, recuperaron la libertad, pero siguen
atemorizadas. "El 24 de marzo salimos libres pero tenemos miedo a lo
que nos pueda pasar. Nos atrevimos a reclamar por la prepotencia con
que se actuó y que nos grabara un funcionario mientras éramos
revisadas desnudas", dice Isabel Sepúlveda. "Revisaban nuestras
partes íntimas… algo que es rutina, pero estaban filmando todo",
agrega Karina García. "Eso es un ultraje, porque nos grabaron
desnudas y nos vejaron", agrega Sepúlveda. En el allanamiento se
requisaron celulares y dinero.
Corrupción cotidiana
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En vano intentamos conversar con alguna autoridad de la Dirección
Regional Metropolitana de Gendarmería. Tampoco quisieron hablar los
abogados de la Corporación de Asistencia Judicial, que funciona al
interior del penal. Los familiares de las víctimas quieren hablar,
pero en el anonimato. Temen represalias contra sus familiares que
permanecen en el COF. El coronel Carlos Figueroa, director regional
metropolitano de Gendarmería, señaló a la prensa que "los hechos
denunciados son falsos. Nunca hubo vejación", dijo. Pero reconoció
el allanamiento y que "16 funcionarias ingresaron a los
dormitorios". Según su versión, las gendarmes revisaron a unas
ochenta reclusas en un patio interior. Otro grupo habría allanado
dormitorios hallando teléfonos celulares, prohibidos en cualquier
penal: "En ese momento ingresa un funcionario a grabar el
procedimiento, y no antes. Por lo que las mujeres no estuvieron
desnudas. El procedimiento ocurrió porque nuestros funcionarios
sintieron celulares en el módulo, registraron y los encontraron. Por
razones de seguridad, se graba; pero en el video no aparece nada de
lo que dice la querella", afirmó Figueroa.
Pero Gendarmería no funciona bien. En diciembre de 2005, durante
el traslado de reos desde la cárcel de Rancagua a un nuevo penal en
Chancón, familiares denunciaron golpizas y abusos. Héctor Marcelain,
jefe regional, desestimó las denuncias. En noviembre, familiares de
presos de la ex Penitenciaría habían increpado al coronel Carlos
Figueroa exigiendo cambios en el régimen de visitas y medidas contra
el hacinamiento. Los reos iniciaron un motín en la calle 12. Seis se
infligieron heridas y debieron ser atendidos en el hospital
penitenciario. Uno de ellos llamó por celular a la prensa
denunciando las horribles condiciones que soportan. Según expresó,
en 38 celdas individuales viven más de 236 personas: "Dormimos como
si fuéramos sardinas en un tarro: por turnos o doblados en el suelo,
o simplemente no se duerme. No podemos hacer nuestras necesidades en
un baño, sólo en bolsas, cajas o diarios y lanzarlas por entre los
barrotes al patio".
Varias reclusas viven con sus niños en la prisión. "Acá (en el
COF) aceptan sólo a menores hasta los dos años. Es difícil vivir con
un niño en la cárcel. La mayoría prefiere que los críen abuelas y
parientes. No hay condiciones higiénicas ni es seguro. Aunque no es
como antes, siempre hay algún problema. Hay corrupción, cobros
indebidos, se roban las encomiendas, los abusos son cotidianos…
También hay peleas entre las propias internas. Mucha droga y los
celulares los ingresan los propios gendarmes: cobran 40 ó 50 lucas,
y después allanan y se los llevan", dice Isabel, madre de una presa
por drogas.
Los pequeños actos de corrupción son cotidianos. Hay reclusas que
trabajan tejiendo. "Cada cierto tiempo los gendarmes no dejan
ingresar lana e hilo, porque así, ellos lo venden más caro. Muchas
veces las encomiendas se pierden o no llegan completas. Y nadie
responde. No se puede denunciar porque después se desquitan con los
parientes. Los allanamientos son humillantes para las mujeres. Es
cierto que algunas personas ingresan drogas y cosas prohibidas, pero
Gendarmería sabe quiénes lo hacen. Hasta a los niños los revisan de
forma humillante", dice María P. Su hija lleva meses esperando la
libertad.
Fotos
1. Centro de Orientación Femenino (COF) -cárcel de mujeres de
Santiago- en la comuna de San Joaquín.
2. Torreón de vigilancia en el COF.
(*) También publicado por
Punto Final.