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Chile - Julio 2010 |
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por Sofía Acalantide
Estar enamorad@ y lograr concretar el amor en una relación estable resulta, en medio de esta sociedad de consumo y desencuentros, un privilegio. Como tal, no es inteligente tomarlo a la ligera ni, como reza el vallenato, cambiar “el amor sincero / por el pasajero / el amor que vale / por el de la calle”. Sin embargo, es un hecho real que, a pesar de estar convencid@s del amor y del deseo porque nuestro matrimonio o noviazgo perdure, no dejamos de sentirnos atraíd@s por otras personas. Cuando se trata de un mero deseo de exploración sexual, existen alternativas que han dado buenos resultados, como el mundo swinger, en el que cada miembro de la pareja decide, voluntariamente, participar con su par en escenarios sexuales en el que comparte con otras parejas. Aunque constituyen una propuesta audaz, las parejas swinger se caracterizan, las más de las veces, por no ir más allá del cuerpo. ¿Qué hacer, entonces, cuando la atracción que sentimos desborda ese límite? Renunciar a la relación actual no es una opción, pues nos sentimos enamorad@s y felices. Pero el sentimiento por esa otra persona es real, ilusiona y al mismo tiempo asusta. Algun@s dirán que la mejor opción sería una infidelidad sostenida. Yo no. Yo pienso que la infidelidad mata el amor, que implica un engaño que lastima, tanto al traicionado como al traidor, y que sólo produce un malestar mayor al que se trataba de aliviar. ¿Qué hacer entonces? Frente a lo que pudiera verse inicialmente como un callejón sin salida, también existen alternativas. Una que llama poderosamente mi atención, pese a que está muy poco documentada en Colombia, son las relaciones poliamorosas. Se tiende a pensar que mientras un@ vive la atracción por otr@, la pareja permanece incólume, y no es así. Lo más seguro es que mi espos@ o novi@ haya pasado, esté pasando o pase en el futuro por lo mismo. Dado que nadie es perfecto, ninguna persona puede llenar totalmente a otra: aunque inicialmente el enamoramiento pone un velo a esa limitación, el tiempo se encarga de hacerla evidente. Tomar conciencia de que ni yo puedo ser todo lo que mi pareja quisiera, ni ella todo lo que yo desearía, no implica que el amor desaparezca. El poliamor se funda en la idea de que el amor de pareja no es excluyente, como no lo es el paternal: amar al primogénito no significa amar menos al segundo hijo, o casi nada al tercero. Se comprende aquí que el amor no es una torta que se pueda partir en pedazos, sino que se puede dar entera a varias personas. Una relación poliamorosa, implica, por lo menos, tres personas, que se aman entre ellas, y donde nadie es engañad@. Defensores y defensoras del poliamor afirman que “existe una necesidad de complementariedad (…) Nos alegramos porque mi pareja tenga otros enriquecimientos que complementen su existencia. Lo cual puede llevar a un equilibrio favorable para todas las partes, si logramos acordar su dinámica. (…) Si tu pareja te dice que "no ama a su amante", es porque no tiene la confianza del diálogo. El hecho es que "sí" lo ama, y que es necesario que lo/la ame. Es más, tú deseas que exista ese amor. Y si todos desean la existencia de amor, en múltiples dimensiones, tenemos precisamente: poliamor”. Sé que todo esto puede sonar extraño, incluso causar repulsión. Sin embargo, si nos tomamos el tiempo de pensarlo, sólo eso, pensarlo, es posible encontrarle mucho sentido. Ahora, ¿es fácil aplicarlo a nuestra vida? No, no lo es, nadie dijo que lo fuera. Nuestros prejuicios afloran con sólo leer estas líneas. Pero en el amor no hay nada fácil, y por defenderlo, valdría la pena correr el riesgo. (*) sofía.acalantide@gmail.com http://www.eltiempo.com/blogs/el_sexo_de_sofia/?id_blog=3174
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