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Chile - Agosto 2010 |
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por Julio Muñoz Rubio “El amor desea, el temor evita. A esto se debe que no podemos ser conjuntamente amados y respetados por la misma persona, por lo menos al mismo tiempo. Pues quien respeta reconoce al poder, es decir, que le teme; su estado es un temor respetuoso. Pero el amor no reconoce ningún poder, nada que separe, distinga o establezca superioridad o inferioridad de rango. Porque no se les respeta es por lo que los hombres ambiciosos tienen íntima o abiertamente, repugnancia contra el hecho de ser amados.” Friederich Nietzche, Humano, Demasiado Humano. 603. La brillantez de Nietzche alcanza aquí uno de sus puntos más elevados, nos lleva a un escandaloso e irreverente planteamiento de la aparentemente insalvable contraposición entre el respeto y el amor. El alcance de las palabras citadas puede ser aun mayor si lo replanteamos intentando superar lo que pudiera juzgarse como deficiente en Nietzche y desde luego, reteniendo sus virtudes. A pesar de que Nietzche, en esta misma obra (aforismo 2), reprocha acertadamente a los filósofos su “falta de sentido histórico”, es él quien con cierta frecuencia –desde luego no siempre- incurre en ese error. En el aforismo citado al inicio, los términos “amor” y sobre todo “respeto” se manejan en un sentido no histórico, pero si les conferimos ese sentido, la grandeza del pensamiento de Nietzche crece por varios órdenes de magnitud. Los términos “amor” y “respeto”, como se dijo, se encuentran, en el razonamiento nietzcheano arriba citado, en firme contradicción. Tiene razón Nietzche. El respeto es concebido como la actitud humana de sumisión ante las jerarquías y las relaciones de poder en las sociedades de clase (siendo esta característica de las sociedades, la de estar divididas en clases sociales lo que desgraciadamente no reconoce Nietzche). En esta situación, tener respeto por alguna institución del Estado o por alguien que las defienda significa acatar y obedecer sin resistencia las órdenes, valores y posiciones defendidas por esa institución y quienes la detentan. Obviamente esas instituciones y sus defensores deben ocupar una posición jerárquica superior en la escala que la misma clase dominante ha construido para legitimarse a sí misma, con su lenguaje y sus valores. De esta manera, según esta forma de organización social, ningún oprimido, ningún explotado, ninguna víctima de estos sistemas jerárquicos de clase tiene que ser respetado. El respeto es unidireccional. La exigencia de respeto es hacia los gobernantes, hacia los profesores en la escuela, hacia los prelados de la Iglesia, hacia los policías, soldados o guardias de cualquier tipo, hacia los padres de familia o mayores de edad. Son ellos quienes tienen que ser respetados porque ocupan posiciones de poder, de coerción. Es la familia misma, la escuela, el ejército, el gobierno, etc, lo que tiene que ser respetado por parte de los oprimidos de la sociedad, es decir: obreros campesinos, mujeres, niños y adolescentes; estudiantes, homosexuales y lesbianas, etc, quienes no tienen por qué ser respetados. ¿Quién ha escuchado alguna vez, dentro de la familia la exigencia de respeto a los menores? Nunca, jamás. En cambio es hasta el infinito que se repite la sentencia autoritaria dirigida hacia los menores de edad. “Respeta a tus mayores”. Respetar es, pues, sinónimo de sumisión, de obediencia, de temor. Si has de respetar a un mayor es porque debes mostrar inmovilidad frente a él (o ella), obedecerle, tenerle miedo. Todo eso es la antítesis del amor. Nietzche está en lo correcto. El amor hace saltar en mil pedazos las normas falaces e hipócritas de la convivencia burguesa. Sobre todo, el amor desafía a todas las normas de conducta y a las jerarquías establecidas. El amor es el más anárquico y anarquista de los sentimientos. No se somete ante nada, a nada obedece. Subvierte, desordena y revuelve todo. Sólo mediante la fuerza bruta se le puede controlar. Los amantes deben ser forzados a dejar de amarse para reencauzarse por los senderos de la vida “normal”, es decir, la vida del respeto a las jerarquías; la vida sometida, obediente, dócil, temerosa, sin voluntad propia; la vida que no cuestiona nada ni se inconforma contra nada; la vida mediocre, la vida intrascendente; es decir, la vida que deja intacto el sistema de dominación de clases aunque éste sea perverso, abyecto, cruel, sádico y acrítico ¡He ahí el paradigma del respeto defendido por las clases dominantes! Sólo el amor puede destruir al respeto. Pero no hay que hablar ya más del respeto como algo que se presenta sólo y únicamente de la manera arriba descrita. Esa es sólo una de las formas de respeto, sólo una entre muchas posibles. El amor, al enfrentarse al respeto y destruirlo, es capaz de destruir la sociedad jerárquica y de clases sobre la cual se ha construido y concebido ese perverso concepto de “respeto”. No es la sumisión ni la obediencia la única forma de respeto, ni la mejor. Es sólo una acepción del “respeto” que se ha legitimado, en un período de la historia marcada por diversas formas de dominio de pequeños clases dominantes sobre el resto de la sociedad, Nietzche apunta acertadamente al encontrar en el judeo-cristianismo la fuente de una moral coercitiva de la que hemos sido víctimas históricamente. Es en esa forma específica y concreta de sociedad en la que éste retorcido e inhumano concepto de “respeto” ha sido construido y legitimado, en realidad como un valor contrapuesto al amor y a la sana convivencia. Pero otras formas de respeto que le faltan el respeto a la falsedad, a la violencia del opresor, a la hipocresía del judeo-cristianismo -- patriarcado – capitalismo pueden y deben ser construidas. El respeto debe replantearse como la defensa de la dignidad, de la integridad y de los derechos de todo ser humano y de la naturaleza (animales, plantas, océanos, etc). El Respeto (sí, con mayúscula) como una forma horizontal y multidireccional de reconocimiento de esa dignidad, de esa integridad, de esos derechos, no la forma vertical y unidireccional que actualmente y desde hace siglos tiene. Es decir, se trata de construir una forma de Respeto muy superior y universal, enteramente compatible con y complementaria del amor, más aún que forme una unidad con el mismo. Una forma de Respeto despojada de la falsedad, el fariseísmo y la mentira que tiene en la actualidad. Para lograrlo hay que construir la mayor falta de respeto al poder opresor que se tenga memoria. Entonces el respeto deberá dejar el paso libre al amor y al Respeto, al otro, Respeto. Mientras tanto Nietzche subvierte con sus palabras, la hipocresía de la moral dominante y nos muestra, junto con Marx, un camino a seguir. Y ahora bien ¿Qué características debe tener una actitud verdaderamente RESPETUOSA?
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