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Chile - Junio 2010 |
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por Jorge Díaz En el último libro de Anne Fausto Sterling, "Cuerpos Sexuados" (Editorial Melusina 2006), la Bióloga Molecular y teórica del Género desarrolla una tesis biopolítica enunciada al reestructurar la famosa frase de Halperin "La sexualidad no es un hecho somático, es un hecho cultural" por la frase "La sexualidad es un hecho somático creado por un efecto cultural". Sterling ya había llamado la atención cuando, en 1992, publicó -en la prestigiosa revista Science- el paper "Los cinco sexos: cuando lo femenino y lo masculino no son suficientes". En este estudio realiza una clasificación de los tipos sexuales en las categorías de herm (hermafroditas verdaderos), ser (seudo-hermafroditas masculinos) y serm (seudo-hermafroditas femeninos), además de las de macho y hembra. "Era una propuesta deliberadamente provocadora, pero el artículo también tenía un tono irónico: por eso me sorprendió la magnitud de la controversia que suscitó", comenta la autora. El continuo sexual La naturaleza nos entrega el sexo anatómico como una distribución continua de distintas combinaciones. Nuestros cuerpos no entienden ni saben del empeño del Estado y la heteronormalización socio-cultural de mantener sólo dos genitalidades. Los estudios de la embriología, psicología, bioquímica, endocrinología y cirugía han impulsado a médicos y científicos a experimentar sobre nuestro sexo en la práctica misma de nuestro cuerpo. Al anteponer lo "natural" a lo "anormal", han contribuido a desarrollar una biopolítica que rechaza la diferencia. Esta biopolítica tiene sus efectos de poder sobre múltiples aspectos como los gestos y gustos, en lo que se ha denominado "sociedad de la normalización". Al explicar como el Estado ha segmentado nuestro cuerpo para convertirlo en un "bien" al servicio de la producción en la economía de consumo, en palabras de Beatriz Preciado -teórica contemporánea del género- "El cuerpo es el producto de una división del trabajo de la carne según la cual, cada órgano es definido por su función. Toda sexualidad implica siempre una territorialización precisa de la boca, la vagina, el ano". Sterling, en su libro, hace un brillante recorrido al presentar primero casos verídicos de intersexuales como Daniel Burghammer, un soldado italiano del siglo XVII que, estando en el regimiento, dio a luz a una niña y hasta la amamantó. Luego nos expone su tesis, que explica cómo estos cuerpos fueron invisibilizados por la ciencia, hasta llegar a las luchas feministas del siglo XIX, donde escritos de la época nos revelan que la visión de los científicos crea las realidades políticas "Algunos médicos argumentaron que permitir a las mujeres acceder a la universidad arruinaría su salud y provocaría su esterilidad, lo que en última instancia llevaría a la degeneración de la raza (blanca, por supuesto)". Las mujeres instruidas comenzaron a protestar hasta obtener el derecho a voto y a la educación superior. A medida que la igualdad social entre los sexos se hizo cada vez mayor, la ciencia realizó definiciones aún más estrictas acerca del hermafroditismo. "Cuanto más se radicalizaba la contestación social de la separación entre las esferas masculina y femenina, más médicos insistían en la división absoluta entre masculinidad y feminidad". De la era de las gónadas a la era del cambio Para Sterling, los intersexuales representan el sincretismo de los géneros, lo que los convierte inmediatamente en cuerpos peligrosos que deben dominarse. Los intersexuales son un disturbio en la pétrea separación sexual que la ciencia "quiere" presentarnos como lo "natural". El proceso de invisibilización de los intersexuales adquiere una manifestación explícita en la denominada "era de las gónadas", en la que la ciencia, desde el siglo XIX (Saint-Hilair como su mayor exponente) concibió que la diferencia sexual solamente radicaba en la presencia de testículos o ovarios. De esta forma, individuos que, por ejemplo, poseían mamas, ovarios y pene no eran validados, no existían, eran ininteligibles. Posteriormente a la "edad de las gónadas" prosigue la actual "era del cambio", en la que se obliga a normalizar inmediatamente –con cirugía- a cualquier ser humano intersexual en uno de los dos sexos establecidos como "normales". Con esta operación quirúrgica cuaja el proceso de erradicación de los intersexuales puesto en marcha por la maquinaria de la ciencia y sus grupos de interés: ya no existen ni cultural, ni legal ni médicamente. A la luz de los datos surge la pregunta acerca de cuántos intersexuales nacen y qué proporción representan en la sociedad. Según estadísticas internacionales, el 1.7% de la población nace intersexual, un número mucho mayor al menguado 0.005% de los albinos, que es una condición humana bastante rara pero que todos alguna vez hemos observado. Contrastado con este dato, la invisibilización de los intersexuales es más que notoria. Los intersexuales son las víctimas directas de las clasificaciones que la ciencia intenta crear, por ejemplo que sólo debe haber dos sexos, que sólo la heterosexualidad es la identidad sexual "normal" y que los roles de género diferenciarían a hombre y mujer como individuos psicológicamente saludables. "Ahora bien ¿Por qué debería preocuparnos que una mujer (con sus mamas, su vagina, su útero, sus ovarios y su menstruación) tenga un clítoris lo bastante grande cómo para penetrar a otra mujer? ¿Por qué debería preocuparnos que haya personas cuyo "equipamiento biológico natural" les permitiera mantener relaciones sexuales "naturales" tanto con hombres como con mujeres? ¿Por qué deberíamos ocultar un clítoris "ofensivamente" grande? La respuesta: para mantener la división de géneros debemos controlar los cuerpos que se salen de la norma. Puesto que los intersexuales encarnan literalmente ambos sexos, su existencia debilita las convicciones sobre las diferencias sexuales. Este libro (Cuerpos Sexuados) refleja una política alternativa de la ciencia y el cuerpo" (*) - Equipo Disidencia Sexual
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