El servicio militar sigue siendo obligatorio. Varios proyectos de
ley han intentado aprobar la Objeción de Conciencia (OC) y un
servicio civil alternativo. El primero fue el Proyecto Montes, de
1992; luego, el Proyecto Naranjo, de 1996. Ambos terminaron
archivados. Se expresó la necesidad de modernizar el Servicio
Militar obligatorio (SMO), sin embargo, la Ley 20.045 -aprobada el
2005-, no introdujo la Objeción de Conciencia, sólo excluyó de la
carga del SMO a los hijos de víctimas de violaciones a los derechos
humanos. El "Programa de Gobierno 2006-2010" de Michelle Bachelet,
prometió aprobar la Objeción de Conciencia y un Servicio Ciudadano
Alternativo, además de transitar hacia un "Servicio Militar
completamente voluntario". Incluso, se incluyó en el "Plan 100 días"
del gobierno. En junio de 2006, al límite del cumplimiento de la
fecha, dos proyectos fueron presentados al Congreso: el Proyecto
Leal y otro de gobierno.
La actual ley de SMO fue promulgada con premura, en mayo de 2005,
tras lo ocurrido en Antuco. La "voluntariedad" ha sido un fracaso.
El porcentaje de "voluntarios" no alcanza al 17 por ciento del total
de inscritos, unos 19.000 de 145.000. La Dirección General de
Movilización Nacional (DGMN) y el ministerio de Defensa siguen
publicitando al SMO como la solución a los problemas sociales de los
jóvenes.
El reconocimiento a la OC que presentan ambos proyectos se verá
restringido por el sistema de reclutamiento. No se podrá ejercer
precisamente en "caso de guerra". Quien declare su objeción de
conciencia deberá presentar "pruebas". No se podrá apelar de la
decisión. Además, el servicio ciudadano alternativo será una carga
obligatoria para quienes se declaren objetores. Todo lo anterior es
visto por quienes se declaran insumisos como claramente
discriminatorio, pues quienes actualmente no cumplen el SMO y no son
objetores no tienen ninguna obligación de prestar servicio alguno.
"Se entregará más poder y financiamiento a las FFAA. El servicio
alternativo quedará en manos del ministerio de Defensa. Se castiga a
quienes se declaren objetores pues deberán pagar a un notario para
declararse como tales. La ley obligará a los objetores a realizar un
servicio ciudadano de 'beneficio comunitario' y que 'aporte al
objetivo de la Defensa Nacional', es decir, habrá objetores como
parte 'civil' de las 'fuerzas de paz' chilenas en el marco de la ONU
y la OEA -hoy presentes en Haití, Croacia, Bosnia, Timor, Irak y
Chipre-, y objetores realizando 'trabajo gratuito' en ONGs e
instituciones de beneficencia, como si fueran 'imputados' con 'penas
alternativas de beneficio a la comunidad'. Todo el proceso estará
bajo el arbitrio del ministerio de Defensa. Habrá incrementos
'civiles' en las partidas presupuestarias de Defensa. Las ONGs
recibirán recursos provenientes del ministerio de Defensa y personal
gratuito y obligado", advierte Patricio Carballo, de Ni Casco ni
Uniforme.
Un derecho
"El Estado chileno debe reconocer este derecho humano. De lo
contrario, los objetores quedarán al margen de la ley, sin tener un
marco jurídico que los proteja de cualquier agresión o disposición
de las instituciones. Si el Estado actúa en desmedro de los
objetores, será considerada por los organismos internacionales como
una violación de los derechos humanos", dice Luis Venegas,
coordinador de la Red Chilena de Objeción de Conciencia (ROC-Chile),
que integran la sección chilena de Amnistía Internacional, la
Agrupación de Educación para la Paz (Paz y Acción), el Centro
Ecuménico Diego de Medellín (Cedm), la Comunidad Papa Juan XXIII, la
Corporación de Derechos Ciudadanos (Seal), la Confraternidad
Cristiana de Iglesias (CCI), la Corporación de Defensa de los
Derechos del Pueblo (Codepu), la Corporación chilena Pro Derechos
Juveniles (Codeju), la Corporación Servicio Paz y Justicia (Serpaj),
Justicia Paz y Ecología (Conferre), la Pastoral Juvenil de la
Iglesia Evangélica Luterana, la Vicaría Pastoral Social y la Vicaría
Pastoral de los Trabajadores del Arzobispado de Santiago.
En el Congreso ya comenzó la discusión. Ambos proyectos
establecen que en tiempos de guerra el derecho a objetar "no puede
ser reclamado", desconociendo que la objeción en conciencia, al ser
un derecho humano, no puede restringirse. Otro punto negro es que el
servicio ciudadano estará a cargo del ministerio de Defensa. Algunos
grupos de objetores plantean que un ente autónomo se encargue, que
sea voluntario y se pueda realizar en organizaciones sociales.
"Las autoridades debieran reconocer de inmediato este derecho
humano, decenas de miles de jóvenes son obligados a realizar el SMO
sin la garantía de este derecho", dice Luis Venegas. Ambos proyectos
no tienen urgencia: "Sería una señal concordante con la importancia
que se les dio a las 36 primeras medidas que el gobierno propuso
para los cien primeros días de gobierno, que se les diera urgencia.
La propuesta 34 es crear un servicio alternativo al militar y
reconocer la objeción de conciencia", agrega.
El proyecto de gobierno propone que se exima del SMO "a los
varones pertenecientes a la Base de Conscripción que invoquen
fundadamente convicciones éticas, religiosas, filosóficas o
humanitarias que les impidan, en conciencia, su realización. A
cambio, podrán realizar un Servicio Ciudadano Alternativo, que puede
durar hasta dos años, donde realizarán prestaciones que beneficien a
la comunidad y contribuyan al logro de los objetivos de la Defensa
Nacional (…) en territorio nacional o el extranjero, mediante la
participación en programas de cooperación internacional y
operaciones de paz". Los objetores no están de acuerdo.
A fines de octubre, les recibió el ministro de Interior,
Belisario Velasco. "El reconoció que era legítima la iniciativa de
los objetores de rechazar el servicio militar, pues se apela a un
derecho humano reconocido en muchos lugares del mundo. Le exigimos
al gobierno ponerle urgencia al proyecto de ley que envió al
Congreso en junio, que reconoce la objeción como principio válido
para rechazar el SMO y crea un Servicio Ciudadano. Es un avance
aunque no estamos plenamente de acuerdo", dice Venegas.
Sin concretar
El servicio militar -instituido hace más de un siglo- continúa
siendo obligatorio. Incluso más que antes, pues actualmente todos
los jóvenes quedan automáticamente inscritos. A pesar de las
expectativas del gobierno de llenar los cupos con quiénes acudieran
"voluntariamente" a cumplir con la obligatoriedad, no se logró. Para
completar el contingente se realizó un "sorteo público", estipulado
en la nueva ley, con los nacidos en 1988. "El proyecto que introduce
la objeción, sin urgencia, podría estar archivado en el Congreso por
años. Hay cosas que debieran replantearse. No puede ser que se
establezca que durante estados de guerra o asamblea la objeción no
pueda ser reclamada como derecho. Precisamente rechazamos la guerra
porque no la consideramos válida para la resolución de conflictos.
Además, hablamos de un derecho que no puede ser restringido o
suspendido", dice Luis Venegas.
Por más de una década diversas organizaciones han luchado por el
reconocimiento del derecho a la OC, recurriendo incluso a
tribunales. "Se han presentado recursos de protección. Pero en la
práctica eran declarados inadmisibles. El 2003, se admitió uno a
tramitación y eso nos permitió esgrimir nuestros argumentos ante la
Corte. En definitiva, el recurso fue rechazado, sin embargo, los
argumentos expuestos por el ministro redactor Carlos Cerda, dejan en
evidencia la necesidad de adecuar la legislación al ordenamiento
jurídico internacional, recomendación que ha hecho en oportunidades
anteriores la Asamblea de las Naciones Unidas a los estados que aún
consagran el servicio militar como obligatorio", dice la abogada
Alejandra Arriaza, de Seal.
El 10 de noviembre terminó el plazo para que los llamados al SMO
presentaran "pruebas" frente a la Comisión Especial de Acreditación
creada por el nuevo sistema. La comisión evalúa sus antecedentes y
decide si acepta o no los argumentos para "objetar". Actualmente,
todos los jóvenes están automáticamente inscritos. Aunque la OC ha
sido reconocida por el derecho internacional y por decenas de
países, Chile aún no lo integra a su legislación, aunque Naciones
Unidas se lo ha recomendado a los gobiernos. Si se empeña en no
reconocer el derecho, los objetores podrán solicitar asilo para
resguardarse de cualquier acción que emprenda el Estado en su
contra. Tendrían la condición de refugiados políticos de la ACNUR.
"Ya se está conversando con varias embajadas que eventualmente
podrían prestar asilo a los objetores", dice Venegas.
ROC-Chile trabajó para que se reconociera el derecho a la OC y, a
pesar de haber logrado que se discutiera el 2005 en el Congreso,
siendo aprobado por la Cámara de Diputados, se frustró en el Senado.
No hubo mayoría. No se incluyó en la Ley de Modernización del SMO.
El propio ministro de Defensa de entonces, Jaime Ravinet (DC),
declaró que "se quedaba en deuda con los objetores".
En junio, el diputado Antonio Leal, presidente de la Cámara,
junto a otros parlamentarios, presentó un proyecto que reconoce en
parte la OC. "Valoramos que el gobierno de Bachelet se haya
comprometido a legislar y que se hable de un Servicio Social
Ciudadano Alternativo (SSCA). En las 36 medidas que el gobierno
debería llevar a cabo en sus primeros cien días decía: 'Crearemos un
programa de Servicio Ciudadano como alternativa al servicio militar
obligatorio. Este programa generará un espacio de interacción de
jóvenes de distinto origen social y aporte servicios sociales de
alto impacto a la comunidad'. Pero aún no se concreta. La objeción
debe ser garantizada como un derecho del individuo y no como mera
causal de exclusión de una obligación jurídica. El SSCA no puede
prescindir del reconocimiento del derecho a la objeción", dice Luis
Venegas.
Cultura militarista
La Plataforma Amplia por el Fin del Servicio Militar está
integrada por organizaciones de objetores como Ni Casco Ni Uniforme,
Rompiendo Filas (Temuco), Gampoc (Concepción), Re/Evolución
(Linares), Insumisos (Rancagua), Colectivo Ideácrata, Corriente
Revolucionaria Anarquista (CRA), la CGT y Feministas Jóvenes, entre
otras. "Creemos que sólo el ejercicio real de la objeción de
conciencia asegura su reconocimiento social. Seguiremos insistiendo
en la insumisión e iremos a dejar una corona de flores a la tumba
moral de quienes han propiciado tamaños monstruos de los derechos
humanos como son estas propuestas de ley", dice Carballo.
Demandan el reconocimiento pleno y sin exigencias del derecho de
OC y luchan por el fin del servicio militar y del militarismo.
Llaman a la insumisión y a la deserción de las filas castrenses.
Oscar Huenchunao, mapuche y periodista, es miembro de Ni Casco Ni
Uniforme y del Comité Ejecutivo de la Internacional de Resistentes a
la Guerra (WRI, por sus siglas en inglés), que promueven la acción
contra la guerra.
WRI agrupa a más de 70 organizaciones en 35 países. Ni Casco ni
Uniforme participa de la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe
de Antimilitarismo y Objeción de Conciencia (Claoc), que agrupa a
organizaciones de objetores y derechos humanos de Ecuador, Chile,
Perú, Paraguay, Ecuador, Colombia y Argentina, entre otros. Muchos
estados garantizan a los indígenas el no realizar el servicio
militar en respeto a sus culturas. "La principal finalidad del SMO
es el adoctrinamiento ideológico. El nacionalismo chileno claramente
es una ideología", advierte Huenchunao. "La muerte de conscriptos no
es un accidente, sino una constante en el SMO. Es una lástima que
los mass media y la prensa en general tengan que esperar una
tragedia para lanzar a la palestra el SMO. ¿Cuántos jóvenes más
tienen que morir para que el SMO se derogue? El término 'malos
tratos' es ambiguo. Durante la investigación del caso Soto Tapia,
muchos periodistas preguntaron a los conscriptos si recibían malos
tratos. Las respuestas en su mayoría eran negativas. Sorprendió pues
contrastaba con sus averiguaciones. Decidieron cambiar el enfoque y
preguntaron si en el regimiento les pegaban. 'Ah... si po', eso si',
fue la respuesta. Eso nos habla de una cultura donde el concepto de
maltrato es ambiguo. Una cultura machista. En los regimientos hay
una serie de prácticas que atentan contra la integridad física y
psíquica, que buscan quebrar la personalidad e individualidad.
Conductas al filo de lo que se considera tortura", dice.
En Chile hay un promedio de una muerte al mes en el SMO. La
inmensa mayoría de los reclutas son de extracción pobre. Un rasgo
clasista más de nuestra sociedad. Los jóvenes ABC1 simplemente no
"cumplen" con el SMO, pues quienes no se eximen recurriendo a
contactos familiares, ingresan a Escuelas de Oficiales y al Batallón
Germania. ¿Podemos seguir pensando que el servicio militar hace
hombres a nuestros jóvenes por medio de la fuerza bruta y la
violencia?
Ni Casco Ni Uniforme realiza un trabajo de promoción, difusión y
práctica del derecho de OC y de métodos de acción directa no
violenta (ADNV), desde una perspectiva antimilitarista. "La objeción
de conciencia es un derecho humano, derivado de la libertad de
conciencia y pensamiento, que consiste en la negativa a realizar
acciones o cumplir con obligaciones legales que atenten o vayan en
contra de nuestra conciencia, por razones religiosas, filosóficas,
políticas, etcétera. Conlleva una práctica que va más allá del
ámbito estricto del servicio militar, pero por la naturaleza de éste
ha sido el frente más polémico. No proponemos ningún servicio
alternativo porque estamos en contra del Servicio Militar como
institución. La finalidad del SMO nunca ha sido el servicio a la
comunidad. Su fin es la instrucción militar y hoy el adoctrinamiento
ideológico. El peso de la cultura militarista se manifiesta
claramente, pues a pesar de que el Estado es parte y ha ratificado
tratados internacionales que incluyen la objeción de conciencia, no
se ha regulado en nuestra legislación la práctica este derecho",
dice Huenchunao. Incluso los hijos de detenidos desaparecidos y
ejecutados políticos, que no están obligados a la conscripción como
parte de la Ley de Reparación (Ley 19.123), quedan "en calidad de
disponibles".
"Cuando se habla quienes hacen el servicio 'voluntariamente', no
sólo se desconocen aspectos sociales como la falta de oportunidades,
la pobreza que caracteriza a los conscriptos, sino también
culturales como el peso del discurso militarista. Lo vemos en la TV
y los medios de comunicación, en el sistema educacional, en algunos
historiadores, en los juguetes bélicos, etcétera. No es una
'voluntariedad' espontánea, es también producto de una industria
cultural militarista y enamorada de la violencia", agrega.
Según la Dirección General de Movilización Nacional (DGMN), la
"voluntariedad" ha ido aumentando y representaría a un 70 por ciento
del total del contingente enrolado en el Ejército. Cifras que
constituirían la mejor prueba de que los incentivos otorgados están
cumpliendo el objetivo de "atraer a los jóvenes hacia su deber".
Pero las cifras no toman en cuenta factores que fuerzan el
reclutamiento: alta tasa de desocupación juvenil, elevados índices
de pobreza que caracterizan a las familias de gran parte de los
conscriptos "voluntarios". Muchos jóvenes de humildes familias ven
en el SMO el inicio de una "carrera militar" y la puerta para
aprender "un oficio" para desempeñarse en el excluyente mercado
laboral. Su ingreso al último escalafón de las Fuerzas Armadas se
transforma en la única alternativa de ingresos para muchas familias
de la extrema pobreza. ¿Es posible hablar entonces de voluntarios si
es la miseria y marginación quien finalmente los obliga? Además, el
SMO los "educa" en valores militaristas, marcados por ideas como la
jerarquización, la vida militar, la obediencia ciega, el machismo,
el racismo, el autoritarismo, la discriminación y la criminalización
de los movimientos sociales. El SMO restringe la libertad personal y
las libertades públicas erigiéndose como una moderna servidumbre que
impone obligaciones por encima y en contra de las convicciones y
derechos ciudadanos. Actualmente ni siquiera cumple con las
necesidades de la llamada Defensa Nacional. "Es una obligación que
se quiere imponer per se, por razones ideológicas y para mantener un
ámbito de injerencia de las FFAA en la vida cívica", concluye Oscar
Huenchunao.