|
INJUSTICIA CONTRA COMUNIDAD AYMARA |
|
Guallatire: Un pueblo con amo y
señor |
|
A 235 kilómetros de Arica y 4.260
metros sobre el nivel del mar, Guallatire tiene apenas 50 casas. Se
ubica en la Reserva Nacional Las Vicuñas, al sureste de Putre y al
noreste del Salar de Surire. Hoy lo ocupa la familia Sánchez Medina,
amos y señores del poblado. Aunque ningún medio de comunicación lo ha
informado, el caso de Guallatire es tramitado en la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Un reportaje especial desde
territorio aymara. |
|
|
|
Poblado de
Guallatire, Putre. |
|
|
Foto de Arnaldo Pérez Guerra. |
|
El pueblo de Guallatire, comuna de
Putre, en el norte de Chile, nació hace más de 270 años. En sus cercanías
hay 28 caseríos de familias aymaras. Al poblado se accede por la ruta
internacional Arica-La Paz, a la altura de Chucuyo. En el kilómetro 160 se
inicia el camino a Guallatire. La mayoría de sus habitantes crían llamas y
alpacas y comercializan subproductos como carne, lana, etc. Aunque la
comercialización de la carne de alpaca, actividad ancestral, hoy les está
prohibida por las autoridades, el problema más grave es otro. “Nuestra
comunidad está amenazada por la familia Sánchez Medina, que se ha
apoderado de Guallatire. Pretenden desterrarnos del pueblo de nuestros
ancestros. Los Sánchez arrendaron y luego adquirieron la propiedad
Sorasorani en 1984… y se han ido adueñado de todo”, dice Clara Blanco
Mamani, presidenta del Comité Pro Defensa del Pueblo de Guallatire.
A 235 kilómetros de Arica y 4.260 metros sobre el nivel del mar,
Guallatire tiene apenas 50 casas. Se ubica en la Reserva Nacional Las
Vicuñas, al sureste de Putre y al noreste del Salar de Surire. Hoy lo
ocupa la familia Sánchez Medina y el comunero Raimundo Jiménez. En los
caseríos cercanos viven unos treinta vecinos, la mayoría ancianos. La
iglesia -construida de piedra y barro, con atrio y torre-, data del siglo
XVII y se orienta hacia el volcán Guallatiri (“lugar de guayatas”). Allí
se celebraba a San Juan, San Santiago y la Inmaculada Concepción. Hoy
presenta un evidente abandono. La última vez que se restauró fue en 1940.
Guallatire es un asentamiento prehispánico y sus viviendas se ordenan en
apretadas callejuelas. Lentamente, desaparecen los pastores que
sobrevivían en caseríos en torno a bofedales y que acudían al poblado para
el carnaval, fiestas religiosas o funerales. Por sus callejuelas ya no
pueden caminar sus habitantes.
“La familia Sánchez dice tener títulos
de propiedad sobre la comunidad, pero se niegan a mostrarlos. A partir de
los 80 que se vienen apropiando de terrenos”, dice Rosa Jiménez Mamani.
“Indican en las oficinas de Arica e Iquique que, como propietarios no
admitirán ninguna acción que involucre al pueblo sin su previo
consentimiento”, agrega Luciano Bráñez. “Ha habido agresiones morales y
torturas sicológicas permanentes y en forma pública”, dice Celinda
Jiménez. “Nuestros padres y abuelos nacieron aquí. No nos pueden expulsar,
es nuestro pueblo”, agrega Susana Mollo.
Sólo un albergue turístico, a cargo de los Sánchez -y que en rigor
pertenece a la junta de vecinos-, ofrece alojamientos. “A Paulina Sánchez
se le arrendó hace años y ya venció el plazo, pero no lo entrega”, dice
Clara Blanco. Los escasos pobladores sobreviven a duras penas. “Del
turismo -agrega- poco o nada. Cerca hay caseríos como Chirigualla, Japu,
Ancuta, Lliza, Vizcachani, Pisarata, Misitune, Ungallire, Viluvio y
Chivatambo, entre otros. A causa de la migración forzada por las
constantes amenazas de los Sánchez el despoblamiento es evidente”.
Edalia Lázaro recuerda: “Niños y niñas hacíamos competencias para traer
agua desde el estanque y hasta trabajamos para construir la escuela con
nuestras manos”. El anciano Faustino Mamani agrega: “Si hemos puesto
nuestros hombros para construir Guallatire, no podemos entregar así tanto
sacrificio”. Todas las organizaciones vivas de Guallatire, la comunidad
indígena, junta de vecinos, club de ancianos, grupo cultural y grupo de
artesanas, apoyan la demanda y acción del Comité. Los dirigentes señalan
que la gobernación, el municipio, la Comisión Nacional de Desarrollo
Indígena (Conadi) y la Dirección General de Aguas (DGA), entre otros,
“están al tanto de las irregularidades cometidas en el pueblo”.
Hasta hoy Guallatire no cuenta con agua potable, a pesar que en octubre de
2004 el Ministerio de Obras Públicas (MOP) presentó un proyecto de
construcción de agua potable rural. La inversión fue de 128.279 dólares
para “regularizar el servicio de agua potable, proveer de un sistema de
captación, regulación y distribución bajo condiciones sanitarias para uso
doméstico y de bebida”. Otro objetivo era la organización de los usuarios
en un comité de agua potable rural. Se proyectó utilizar aguas captadas
mediante una noria en el lecho del río Guallatire,
próximo a la estación
de aforo de la DGA. El diseño consideró la entrega de 100 litros de agua
por habitante al día. “Construyeron e instalaron cañerías, medidores y
llaves… Nos humillaron y nos siguen humillando. Nada de lo que colocaron
funciona. Ahí se pueden ver los medidores inútiles, las cañerías rotas,
los paneles solares inservibles. Alguien es responsable, nos gustaría
saber quién”, dice Rosa Jiménez. Según el MOP el diseño consideraba un
período de previsión de 20 años que cumple el 2024. Incluso se dijo a los
vecinos que el proyecto cubriría el primer año las 47 viviendas.
Clara
Blanco agrega: “Desde hace más de 25 años que hemos soportado esta
vergüenza. Nos han quitado nuestro pueblo Guallatire. El drama más grande
fue enterarnos que la propiedad supuestamente es ‘privada’. Desde
entonces, la autoridad no ha hecho nada por nosotros. La familia Sánchez
Medina aparece como ‘dueña’ y prepotentemente ocupa el pueblo. Nosotros,
los indígenas, no validamos documento alguno que le arrebate el pueblo a
sus legítimos dueños, que somos nosotros”.
Vecinos señalan que en los años 80 hubo un compromiso con Nicolás Sánchez,
patriarca de esa familia. “El señor Sánchez compró algunas tierras; él nos
dijo que el pueblo de Guallatire estaba en ‘su propiedad’, pero que
cedería todo el espacio necesario a la comunidad… Nunca se cumplió ese
compromiso y hoy sus herederos se arrogan ser los dueños del pueblo”,
añade Luciano Bráñez. “Todos los poblados andinos existen desde antes de
la llegada de los españoles. No nos explicamos cómo es posible que algunos
aparezcan hoy como ‘dueños’ de un pueblo. Sabemos que hubo manejos oscuros
de autoridades en los ‘80, de los actuales gobiernos, de quien
supuestamente vendió tierras y
de parte de Nicolás Sánchez… Después que falleció, sus herederos dijeron ‘que respetarían la voluntad del padre’,
‘que no nos preocupáramos’, ‘que estaban regularizando legalmente los
terrenos’… Todas mentiras. Hace pocos años nos enteramos que nos estaban
utilizando ante autoridades y organismos estatales”, agrega Clara Blanco.
“No tienen la intención de devolvernos nuestro pueblo. Ni siquiera quieren
entregar un espacio si es que fuera real que el pueblo es su propiedad… La
comunidad se esperanzó
por
mucho tiempo en que respetarían la palabra, que para los aymaras es ley.
Pero han venido con prepotencia a decirnos que ellos son los dueños, que
dejan entrar a quien quieren, que se hace su voluntad... Toda la
comunidad, sobre todo los más ancianos, son insultados y amenazados”, dice
Rosa Jiménez. “Muchos ancianos y pobladores sufren constantes torturas
sicológicas. Amenazan que los sacarán a la fuerza. Dicen ‘que no los van a
dejar entrar’, que ‘quieren que se vayan’”, agrega Clara Blanco.
Cuando Clara Blanco ejerció la
presidencia de la junta de vecinos emplazó a la familia Sánchez a otorgar
un espacio físico a los habitantes del poblado: “Tras alguna mediación,
nos dijeron que hiciéramos un planteamiento como comunidad. Lo hicimos en
una carta donde pedíamos un espacio para las actividades vecinales.
Reconocíamos muy entre líneas que quizás podrían ser ‘propietarios’.
Solicitamos varias hectáreas y cinco pasos de servidumbre para lugares
sagrados, altares y algunas construcciones como el cementerio y las obras
del agua, para evitar problemas a futuro. Pero respondieron que sólo
‘podían entregar algunas hectáreas en comodato’… sin especificar por
cuántos años… De esta irregularidad está en conocimiento la Conadi, pero
no ha hecho absolutamente nada”, agrega Clara Blanco.
“Vivimos esclavos de esta situación… Siempre hubo rencillas entre los
Sánchez y las demás familias. Pero ahora hay una persecución constante. En
Guallatire ya no quedan muchas familias. Se comenzaron a ir entre 1987 y
1989. Lo pocos vecinos que quedan son ancianos en su mayoría”, dice
Luciano Bráñez. “Quisiéramos saber cómo Bienes Nacionales pudo
‘regularizar’ la propiedad a un particular sabiendo que en esos terrenos
hay un pueblo, una comunidad indígena y una reserva natural. Hemos
conversado con funcionarios de Bienes Nacionales y están en conocimiento,
pero no hay solución. ¿Será que aún no reclamamos por escrito?”, dice
Celinda Jiménez. “Oficialmente -añade- se informó a la Conadi, al alcalde
saliente y a la nueva gobernadora, la que ha ofrecido ‘mediar’. En una
reunión extraoficial, algunas autoridades plantearon la posibilidad de
expropiar los terrenos. Pero la comunidad de Guallatire nunca ha
reconocido a los Sánchez como legítimos dueños”.
“Mientras fui presidenta de la junta de vecinos exploré la posibilidad de
la expropiación. Les pregunté qué ocurriría si buscábamos recursos y nos
vendían los terrenos. ‘Tendríamos que ver para qué quieren el pueblo’,
respondieron… Después de eso ya no hubo más conversaciones. Nicolás
Sánchez era lugareño del caserío de Japu. Sus hijos no pueden adueñarse de
nuestro pueblo. Se lo preguntamos a Conadi y aún no responden cómo es
posible que haya ocurrido esto”, dice Clara Blanco.
Recurso internacional
Aunque ningún medio de comunicación lo ha informado, el caso de Guallatire
es tramitado en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Diego Carrasco, abogado y director ejecutivo del Observatorio de Control
Americano de los Derechos de los Migrantes (OCIM) -red internacional que
agrupa a 142 organizaciones en 25 países de América-, patrocina a los
aymaras de Guallatire. “Es imposible -dice- que una familia se apropie de
un pueblo. Guallatire y los caseríos que la rodean tienen una antigüedad
de más de 270 años; por lo tanto, son un ‘sitio indígena de ocupación
ancestral’. Sus habitantes han construido con sus manos la iglesia, el
colegio y prácticamente todas las obras de allí. El Estado también ha
invertido en infraestructura: retén de Carabineros, sede de Conaf, cancha
de fútbol, baños públicos y ‘obras de agua potable’. Hace poco el Fondo
Nacional de Desarrollo Regional aprobó 75 millones de pesos para el agua
potable, que, por decirlo de alguna forma, aún no ha llegado a Guallatire.
Además, el pueblo está en la reserva natural del Parque Las Vicuñas, por
lo que debiera ser área protegida. Por lo anterior, no puede ser objeto de
una apropiación particular. La pretendida demanda de una familia que se ha
arrogado derechos de dueña y señora del pueblo, no debiera ser permitida
por las autoridades.
Según
consta en relatos y testimonios que presentamos ante la Comisión
Interamericana -agrega el abogado- ha habido situaciones de amenaza contra
dirigentes indígenas que han sido ‘impedidos’ de circular al interior de
la comunidad y del pueblo. Se les ha impedido ingresar a la iglesia,
porque la ‘familia propietaria’ tiene las llaves… El cementerio está
cerrado y no se les permite visitar las tumbas de sus antepasados, etc. No
entendemos por qué el Estado permite esto. Es absurdo que digan que ‘el
pueblo es de ellos’ y que el cementerio y la iglesia sean cerrados… Ni
siquiera pueden reparar sus casas, que se están cayendo, porque no se los
permiten… Es una situación conocida por las autoridades, por lo que
creemos que hay responsabilidad del Estado en la violación de los derechos
humanos de los indígenas de Guallatire y de los caseríos circundantes”.
La CIDH acogió una medida cautelar presentada por el Comité Pro Defensa
del Pueblo de Guallatire. En febrero, los indígenas adjuntaron al caso
nuevos informes y esperan tener resultados favorables en corto tiempo. Ya
iniciaron, además, acciones legales en Santiago, con las que esperan “que
Chile conozca lo que significa un pueblo de propiedad de un particular”,
dice el abogado Diego Carrasco.
“A una delegación de la Universidad de Tarapacá que intentó visitar
Guallatire, los Sánchez le impidieron el ingreso al pueblo. Dijeron que
necesitaban autorización por escrito de ellos. El problema nace de un
título de propiedad de 1984, que diría que son ‘propietarios de terrenos
en el pueblo’. Pero los Sánchez interpretaron que ese documento les
confería ‘propiedad en todo el pueblo’. El asunto es que jamás se les
debió permitir que se apropiaran de un pueblo que pertenece a la historia
de Chile, que está sindicado en planos militares y que, además, está en
territorio de frontera… lo que ha sido de conocimiento de autoridades
provinciales y comunales desde mediados de los 80. Creemos que se han
vulnerado gravemente los derechos humanos y ciudadanos de la comunidad
indígena de Guallatire. Una anciana vecina nos dijo una frase muy fuerte:
‘Nos están torturando’. Eso se lo explicamos a la CIDH porque es
inconcebible que se les impida ir a su pueblo, iglesia y cementerio,
reparar sus casas, hacer su vida o ir a dejar a sus animales a los
corrales que construyeron sus ancestros porque una familia ‘exige
autorización’… Hasta ahora, no hay ninguna autoridad que respalde a los
vecinos y les asegure tranquilidad y que el pueblo les pertenece… Incluso
cuando visitamos Guallatire fuimos seguidos por camionetas que, al
parecer, pertenecerían a la familia Sánchez”, dice el abogado Diego
Carrasco.
“Estamos en la etapa de investigación, recuperando papeles y buscando una
explicación en las instituciones del Estado de Chile. Ya han pasado casi
tres décadas en que los indígenas de Guallatire hemos vivido en condición
de servidumbre y humillación”, dice Clara Blanco. “Los aymaras de Chile
somos muy pasivos, para nosotros la palabra es ley… Como don Nicolás
Sánchez era un comunero pensamos que en algún momento iba a ceder. Nunca
imaginamos que esto se extendería tantos años”, dice Luciano Bráñez.
“Estamos recopilando antecedentes y testimonios. Las familias están
motivadas por recuperar el pueblo… y si la ley chilena no nos protege,
tenemos la posibilidad de recurrir a cortes internacionales”, dice Celinda
Jiménez.
¿Si se permitieron inversiones y trabajos estatales en Guallatire, algunos
construidos incluso con trabajo comunitario, cómo es posible que el Estado
permitiera que les arrebataran a los indígenas su pueblo?, se preguntan
los vecinos. Según los aymaras hay antecedentes de problemas similares en
el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE), en
el lago Chungará y en la construcción de carreteras en General Lagos.
Según el Ministerio de Bienes Nacionales, en General Lagos las tierras
aymaras representan el 95 por ciento de la superficie comunal, mientras en
Putre y Camarones apenas son el 45 y 10 por ciento, respectivamente.
“Pareciera que Bienes Nacionales y el gobierno ‘se descuidaron’. Si no hay
catastros y no se notificó a los vecinos, ¿cómo se regularizó la tierra?
Lo peor es que sabemos de varios pueblos altiplánicos con el mismo
problema”, dice Clara Blanco.
(*) Una versión de este artículo fue
publicada por revista Punto Final y Azkintuwe.
|