Chile - Diciembre  2008

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Demonios asolan
el Golfo de Arauco

por Arnaldo Pérez Guerra

Laraquete, Golfo de Arauco / En la caleta de Laraquete, Arauco, casi no hay peces ni mariscos debido a la contaminación de Horcones, la planta de Celulosa Arauco en operaciones desde 1972. El impacto ambiental y social ha sido feroz. Horcones produce más de 770 mil toneladas métricas anuales de pulpa blanqueada de eucaliptus y pino, que se utiliza en la fabricación de papeles de impresión, escritura e higiénicos. Ha emitido, a lo largo de décadas, toneladas de dioxinas y furanos, además de compuestos clorados, sustancias venenosas y tóxicas capaces de originar graves trastornos de salud. Los gases tóxicos, riles y desechos vertidos al aire, cursos de agua y al mar, afectan a los pueblos y localidades del Golfo de Arauco, principalmente a Laraquete y Arauco, que colindan con la planta de celulosa. Han aumentado las muertes por cáncer y otras enfermedades crónicas. También las neuralgias, insomnio, náuseas, irritaciones oculares y respiratorias, entre otras. Crece la incidencia de malformaciones y problemas neurológicos. Treinta y seis años de vertido de desechos y humo tóxico han significado un impacto profundo sobre la pesca, agricultura y salud de las personas.

En 2004 y 2005 hubo dos emergencias tras el derrame de veinte mil litros de trementina en el mar, que provocaron la muerte de mariscos y peces. El Servicio de Salud de Arauco prohibió la pesca en el radio de una milla. En Lota hubo pánico. Celulosa Arauco no avisó del derrame. Al servicio de urgencia del hospital de Lota llegaron 49 intoxicados, la mayoría niños. Pero otros cientos de personas presentaron mareos, cefaleas, náuseas, vómitos, dolores estomacales, decaimiento y dificultades respiratorias. El municipio de Lota, el Sindicato de Buzos, Mariscadores y Pescadores Artesanales Lafkenche de caleta Barrio Pescador, de Arauco, y el Sindicato de Buzos y Mariscadores de Laraquete se querellaron invocando el artículo 136 de la ley de pesca y acuicultura.

Celulosa mortal

La planta Horcones fue construida por la Corfo y la empresa Parsons & Whittemore. Corfo adquirió las acciones de Parsons & Whittemore en 1972. En sus dos líneas utiliza el proceso de sulfato o kraft. La línea 1 produce pulpa de eucaliptus; mientras que la línea 2, que opera desde 1991, genera pulpa de pino. La celulosa se destina casi toda a la exportación.

“En los derrames de 2004 y 2005 dijeron que por ‘problemas eléctricos’ las bombas que impulsan los riles desde las piscinas no funcionaron. Los riles se derramaron y los vertieron por un ducto directamente al mar. No tenían una política preventiva. Es un riesgo permanente”, dice Luis Ricardo Ibacache, presidente del Sindicato de Buzos y Mariscadores de Laraquete. Luego de años de denuncias y juicios, los pescadores se encuentran desesperanzados. “Nuestro abogado, Raúl Romero, no alegó y se perdió el juicio. En 2006 el dictamen había sido favorable para nosotros, pero Celco apeló. La Capitanía de Puerto de Coronel multó a la celulosa en 7 millones. El Servicio de Salud la multó con 11 millones, en principio eran 30 millones. Pero a los más afectados, los pescadores y buzos, no nos indemnizaron. Tras las protestas, hasta las puertas del municipio se han cerrado”, agrega Ibacache.

La contaminación en Laraquete no sólo es obra de Celulosa Arauco. “Hay también aserraderos, industrias químicas, etc. Todos descargan riles y hasta 2007, lo hacían en el río. Decían que eran descargas de agua lluvia. Sabemos que no es así. Había ductos ilegales que desaguaban al río”, dice Ibacache. Señala que comenzaron a protestar cuando tras los derrames de trementina -según Celulosa Arauco, “un accidente”-, nadie se hizo responsable: “Murieron bancos completos de machuelo o navaja, eran bancos naturales y el único recurso que nos quedaba”, agrega. Hoy los buzos y pescadores tienen que navegar hasta la isla Santa María a extraer recursos a treinta o cuarenta metros de profundidad en el mar: “El buzo está capacitado para bajar veinte metros. La mayoría termina en las cámaras de descompresión. Es un riego, pero no hay de dónde pescar. No podemos ir a otras regiones, es ilegal”, dice el buzo Juan Garrido.

Contaminación en el Golfo

Aunque los derrames de trementina no han vuelto a ocurrir, los episodios de contaminación y muertes de mariscos, peces y otras especies se suceden todos los años. Para los buzos y pescadores es insólito que tanto el Servicio de Salud Arauco, como la Gobernación Marítima, no consideren la presencia de compuestos organoclorados, lignina y otros tóxicos un riesgo de contaminación de los productos del mar y de los seis mil habitantes de Laraquete.

La presencia de Celco y su planta Horcones ha producido un negativo impacto en la calidad de vida y el medioambiente. Olores pestilentes, deterioro de la agricultura, disminución e incluso desaparición de recursos marítimos. El alcalde de Arauco, Jaime Gayoso, se ha mostrado preocupado por la situación que afecta a los pescadores del golfo. Entrevistado por El Sur señaló que era muy posible que “los productos químicos utilizados para lavar la madera se hubieran infiltrado en las napas subterráneas”; y recordó que en los 70, cuando comenzó a funcionar la planta, “se detectó disminución de plancton en el golfo y numerosas especies desaparecieron”, lo que resintió la actividad económica de los pescadores. “Las autoridades no hacen nada. Celco tiene mucho poder. Por años se ha discutido el tema, sin resultados. La empresa no cumple las normas ambientales, arroja más residuos de lo permitido. Hay ejemplos gráficos de que los buzos no han soportado el olor y los tóxicos de las descargas”, dice Ibacache.

Celco produce y vende celulosa desde 1979, tras la fusión de Industrias de Celulosa Arauco -creada en 1968- y Celulosa Constitución -creada en 1969- . Ambas empresas fueron adquiridas por Corfo en 1972, y privatizadas por la dictadura, adjudicándoselas Copec, propietaria del 99,98 por ciento de las acciones. Es una de las mayores empresas forestales de Latinoamérica, fabrica celulosa kraft y produce madera aserrada y paneles. Posee plantaciones en Chile, Argentina y Uruguay. En Chile es propietaria de la mayor superficie de plantaciones forestales. El grupo Angelini -una de las tres fortunas más grandes del país- es dueño de Copec y de todo el complejo Arauco. Sus contactos con políticos son conocidos. La relación con los hermanos Zaldívar quedó en evidencia en 2002, cuando los senadores DC fueron cuestionados por aprobar la ley corta de pesca que benefició a Angelini y a 18 miembros de la familia Zaldívar que tenían acciones en Eperva, una de las pesqueras del holding. Toda la celulosa que produce el complejo Arauco en Chile es de pino radiata y eucaliptus, especies de rápido crecimiento que le otorgan ventajas respecto de otros competidores. Incluso se ha denunciado la presencia de “árboles transgénicos”.

Cholgas, almejas, jaibas, lenguados, congrios, corvinas y otras especies han desaparecido de la zona cercana al emisario submarino en Laraquete. Lo poco que queda, como el machuelo, presenta un aspecto verdoso, por lo que es rechazado por las pesqueras. Pescadores y buzos de las caletas de Arauco y Laraquete ven con preocupación y angustia cómo su única fuente laboral es amenazada. Los recursos que extraen son de muy mala calidad o simplemente han muerto. Diversas especies han diminuido o desaparecido, ocasionando a buzos, pescadores y sus familias un daño irreparable. Juan Garrido trabaja hace más de veinte años en el mar: “La caleta va a desaparecer: Los lobos se comen lo poco que podemos pescar. Rompen las redes, también tienen hambre. Más de dos años de vida no le doy a la caleta, por la contaminación. Quedará un cementerio de botes… Casi nadie sale a pescar. El gasto en combustible no lo hace rentable. Muchos buzos se van a las salmoneras, más al sur. Lo que quedaba, el machuelo que teníamos sembrado, también murió… Del gobierno no hay ayuda. Dieron una ‘beca de estudios’ que era ayuda económica por una sola vez. Para otros no hubo nada”.

Luis Ricardo Ibacache dice que muchas veces a los botes que salen a la isla Santa María el mal tiempo les impide trabajar: “Ya hace tres meses que no se sale a pescar o a mariscar… Es muy poco lo que extrae, 30 a 60 kilos donde antes había 300 o más. Se consumen más de 60 litros de combustible y la pesca no alcanza a cubrir el gasto. Se arriesga la vida por nada”.

Los bancos de machas se extinguieron hace más de quince años. “La corvina llegaba a la playa, se pescaba con lienza. Los peces venían a desovar a la playa, al río: róbalos, lisas, pejerreyes, lenguados, y otros… Había hasta campeonatos de caza y pesca deportiva”, dice Juan Garrido. Ambos señalan que el Golfo de Arauco era un santuario pródigo en biodiversidad: “La contaminación y sobreexplotación lo ha aniquilado, haciendo que la pesca y la extracción de mariscos esté desapareciendo. Hay más de 250 pescadores y buzos, unas 90 embarcaciones. Somos una cadena que da trabajo a muchas personas. Pero es cada vez más difícil. Ya no buceo porque no hay qué sacar. Me quedo en Laraquete porque soy el presidente del sindicato de buzos y tenemos que ver qué hacemos con el área de manejo que nos otorgó la Subpesca. Más de veinte buzos se han ido a trabajar a las salmoneras. Allá muchos mueren en las jaulas, por las precarias condiciones de trabajo y el equipo semiautónomo de buceo”, dice Ibacache.

No queda nada

César Placencia, tesorero del sindicato, dice que todo el litoral está contaminado: “Teníamos todo sembrado, pero la contaminación y desechos químicos lo mataron. Se denunció, vino hasta la televisión, La tierra en que vivimos. Grabaron, y el programa no salió. Vea los botes, todos tirados, pudriéndose. La gente está emigrando. Algunos traen botes de fibra para ir mar adentro. Los de madera ya no sirven, no resisten”. La acuicultura fue diezmada: “Tratamos de criar choritos y pelillo. Laraquete era productivo… había locos, machas, navajuelas. Ahora no hay nada. Hace rato que se extinguieron la macha, el lenguado y corvina. Queda poco y nada en el Golfo de Arauco. Además, la pesca de arrastre de las embarcaciones industriales nos perjudica. Solución sería acabar con la contaminación, pero el gobierno no lo hace. Al municipio se le pidió canastas de alimentos, no las dieron. Las entregaron solo al sindicato de pescadores”, dice Placencia. Según los buzos, los pescadores tienen “apoyo” de Celulosa Arauco. “Les dan madera para combustible y otros regalos. Nosotros demandamos a la empresa y jamás nos han dado nada. Ni siquiera nos han invitado a las mesas de diálogo. Celco jamás había regalado nada. Tras la demanda, en 2006 donaron una ambulancia, después entregaron un camión al sindicato de pescadores… La demanda sirvió de algo”, dice Luis Ricardo Ibacache.

En 2006 y 2007 hubo varios episodios de contaminación en Laraquete. “Aparecieron toneladas de mariscos muertos. En otra oportunidad miles de aves muertas. El último episodio fue la muerte de jaibas. Las autoridades dijeron que los mariscos murieron por una corriente marina ‘baja en oxígeno’. Es para la risa. Vivimos en un golfo plagado de caletas, y la corriente fue ‘inteligente’, porque se saltó todas las otras y vino a parar justamente a Laraquete. No pasó por Punta Lavapié, Llico, Tubul ni Arauco. Sólo murieron los mariscos acá… frente al emisario de Celulosa Arauco. De puro gusto sacamos en un día cincuenta toneladas de mariscos muertos. Llamamos al Servicio Nacional de Pesca, pero se lavaron las manos. En julio, murieron miles de jaibas y chanchitos de mar… era una capa de unos treinta centímetros. El pelillo que sembramos y que pretendíamos dejar por dos años para venderlo, murió por los desechos vertidos al río en invierno por la ‘acumulación de aguas lluvia’”, como la calificaron las autoridades.

Como los bancos de navajuelas que pretendían trabajar por diez años murieron, recientemente les otorgaron un área de manejo “en un lugar donde hay sólo piedras. Solicitamos diez millas, al sur, pero no las dieron. Ahora nos entregan un área que pedimos en 1992 cuando había mariscos. Hoy no hay nada, ni erizos. Ahí antes hubo piures, cholgas. No hay nada desde la desembocadura del río Laraquete hasta la playa de Chivilingo. Si quisiéramos explotar esa área tendríamos que ‘plantar’ mariscos, comprar semillas. No contamos con recursos y el gobierno tampoco ayuda. ¿Cuánto nos durarían los mariscos si siguen contaminando? Hay que pagar millones a consultoras para que hagan estudios y ver si es posible hacer acuicultura en el lugar”, dice Ibacache.

Quienes asistieron al Campeonato de Caza y Pesca 2006, encontraron miles de aves muertas en la playa de Laraquete… y no pescaron nada. El Servicio de Salud recogió muestras, pero cuando el sindicato de buzos pidió informes les dijeron que no pudieron analizarse las muestras porque habían llegado incompletas. “Si los peces de río y del mar mueren, y mueren por miles los cormoranes que los comen, ¿qué sucede? ¿A qué se debe? Las autoridades ni siquiera toman fotos... Pareciera que todo se arregla con dinero y coimas. Cuando decíamos a los funcionarios que los podíamos acompañar a los ductos ilegales, respondían que ellos sabían dónde estaban. Incluso había un ducto que atravesaba bajo la carretera”, dice Ibacache.

Hace poco el fiscal que lleva la denuncia por la última contaminación del río, ocurrida el 2007, mandó una carta a Ibacache señalándole que si aportaba pruebas el caso podría seguir: “A ellos les pagan por investigar y no lo hacen. El caso no avanza. Cuando he querido llevar muestras, no las aceptan porque dicen que tienen que estar certificadas. No tenemos dinero para pagar certificaciones”, agrega.

En Laraquete no hay estadísticas de por qué mueren sus habitantes. La gente va a morir a Concepción y en Arauco no quedan registros. Pero es un secreto a voces que mueren de cáncer. En 2007, hubo más de diez decesos por leucemia y cáncer a la próstata. Semanas después de los graves episodios de contaminación, las aguas del mar seguían oliendo a cloro. El agua pasó de ser color café a negro. “Caracoles, piures, almejas, locos, pancoras y congrios desaparecieron no sólo de alrededor del emisario submarino de Horcones. No los encuentras de aquí a Arauco. Miles de toneladas de navaja, huepo o machuelo murieron. El fango del fondo del mar tiene una consistencia como de aceite quemado, consecuencia de la celulosa. El gran problema está en el fondo marino, que es de donde extraemos los productos. Nos hemos visto obligados a ir a otras zonas, a Tubul o a la isla Santa María, donde el marisco está a treinta metros de profundidad. La Gobernación Marítima nos autoriza a bajar a no más de veinte metros, por lo que arriesgamos nuestras vidas por conseguir el sustento”, concluye Luis Ricardo Ibacache.

(*) Publicado por El Clarín y Punto Final.