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Indígenas alzan la voz en Santiago
La palabra identidad
por Arnaldo Pérez Guerra
Azkintuwe /
Libertad
Padecieron
mucho para conseguir las firmas en apoyo a la candidatura de Aucán. Muchos
notarios se negaron a realizar el trámite, les pidieron dinero por
adelantado, otros “cobraron” entre 600 y 1.500 pesos por cada elector
inscrito. Muchos indígenas y simpatizantes no pudieron inscribirse porque
no tenían dinero para viajar desde los pueblos del interior hasta las
notarías que, además, pusieron horarios restrictivos o sólo atendían “a
una persona por día”. Es terrible constatar el dolor de sus rostros. ¿Qué
les podía decir? A pesar de todo, juntaron casi 200 firmas en Ollagüe y
Calama. Y las trajeron con mucho esfuerzo a Santiago
(Foto de Jorge Zúñiga).
GULUMAPU / Esperando en la
Plaza Vicuña Mackenna, a las faldas del cerro Welen, la retrasada llegada
de Aucán Huilcamán, dos señoras indígenas se acercaron a la banca en la
que estaba sentado. Me saludaron, sentándose junto a mí. Nadie acostumbra
saludar a la gente acá en Santiago. Es muy raro. Y quien lo hace puede
pasar por insano o metiche. Recordé que para los pueblos originarios el
saludo es una costumbre, un acto de respeto, una comunión. Respondí. Se
acomodaron en la banca y esperaron un momento para preguntarme, estaban
curiosas, ‘qué periódico era ése que estaba leyendo’ y ‘en qué puesto
estaba’. “¿Puesto?”, pregunté. “Sí, donde lo venden”, dijeron. “Es un
periódico mapuche”, contesté. “Sí sabemos. Queremos llevarlo a Ollagüe…
¿Usted conoce Ollagüe?”.
Poco a poco comenzamos a conversar. Me dijeron que en Ollagüe y Calama
había sido una odisea trabajar por Aucán Huilcamán, principalmente por los
problemas económicos para desplazarse y las constantes amenazas que habían
recibido. Les pregunté que cómo era eso. Me explicaron que personas
ligadas al alcalde de Ollagüe, el UDI Carlos Reigadas, y funcionarios de
la CONADI les habían dicho a las comunidades indígenas que “si se
inscribían en las notarías para apoyar a Aucán arriesgaban perder sus
proyectos productivos y otros beneficios”. Un vil chantaje, pensé. Y
comenzó a apretárseme el corazón. Recordé las denuncias de maltrato y
torturas en la escuela de Ollagüe y la visita de una delegación de quechua
en Santiago el año pasado a los cuales entrevisté, antes de que me
despidieran del semanario El Siglo por denunciar las prácticas
antisindicales y deudas previsionales en la propia CUT.
En el pueblo de Ollagüe como en otros del altiplano chileno, la UDI impone
un fraude electoral a costa de campañas millonarias y amenazas. En Camiña,
Colchane y Ollagüe, votan muchas más personas de las que viven en esos
poblados indígenas. De esta forma, las comunidades se ven impedidas de
elegir a sus autoridades. “Vivimos en un campo de concentración”, me dijo
esa vez Elizabeth Urrelo Quispe, quien encabezaba la delegación de
quechua. En Ollagüe no viven más de 30 familias quechua que no sobrepasan
las 120 personas. Los demás -unas 30 personas-, son autoridades
municipales, funcionarios de Carabineros, Aduana y Ferrocarriles que
también votan en la comuna. En total, unas 180 personas. Pero, cada vez
que hay elecciones decenas de furgones, vehículos y buses inundan el
pueblo. Pude ver un video en dónde se aprecia claramente cómo 27 buses
abarrotados de electores llegaban al poblado para “votar” por el candidato
de la UDI. En definitiva, votan más de 1.200 personas y la derecha y la
Concertación -que también acarrea electores-, controlan todo.
Seguimos conversando y recordé
la denuncia de la comunidad en contra del director de la escuela San
Antonio de Padua, Estenio Pizarro Bugueño, quien golpea a los menores e
incluso los tortura mojándolos con agua fría, insultándolos por ser
“indios”. Recordé que a pesar de que los quechua denunciaron la situación
en los organismos pertinentes e, incluso, en el ministerio de Educación y
los tribunales de Justicia, no obtuvieron nada o casi nada… Recordé que a
pesar que votan miles de personas que no viven en el pueblo y eso es un
delito, los tribunales, la Contraloría General de la República y el
Registro Electoral nunca han fiscalizado esta situación.
“Si participáramos solo los
indígenas de la comunidad en las elecciones, la autoridad sería un
quechua. Pero no es así”, recuerdo que me dijo la señora Urrelo con
decepción y amargura. El maltrato a los niños es gravísimo y la única
explicación es el racismo y el que las autoridades -incluidos la mayoría
de los profesores, no son indígenas. Los tratan de endemoniados, les
lanzan la comida, se las dan fría, los arrastran por el suelo, los
humillan cada día por su color de piel y por profesar otras creencias.
Recordé que los quechua, en esa oportunidad, me contaron que el alcalde
había enterrado a su perro en el cementerio indígena, a pesar de que esto
era una horrible falta de respeto, una profanación... El corazón se me
apretó otra vez.
Una
de las señoras, sentada en la banca, a mi lado, me dijo que el año pasado
una delegación de quechua había venido a Santiago y que habían sido
entrevistados por un periodista… Les dije que yo había entrevistado a la
señora Urrelo, a la señora Achú, a su hijo... Pude ver en sus ojos una
inmensa alegría. “Le diremos a Elizabeth que lo conocimos acá en Santiago,
en nuestro viaje”. Realmente, estaban felices y emocionadas de conocerme.
Una felicidad verdadera, completamente cristalina. Uno cuando escribe
espera eso, que alguien lea y que sirva de algo lo que uno hace. Con el
tiempo, uno va adoptando una actitud de lejanía porque los problemas de la
gente afectan. Levantas una muralla y muchas veces eres completamente
indiferente a las denuncias o a las tristezas. Todo te da igual…
Recuerdo que esa vez, cuando
los quechua me señalaron que los niños eran maltratados y golpeados por
ser “indios”, que el pueblo era completamente controlado a través del
miedo y amenazas, y que en su cementerio había sido enterrado el perro del
alcalde porqué él decía que su perro “era superior a los indígenas”, mi
indignación no aguantó. Los acompañé a Radio Nuevo Mundo, traté que un
canal de TV los entrevistara, infructuosamente, llamé a Radio Bío Bío,
pero no se interesaron, y estuve días peleando para que en El Siglo me
otorgaran un espacio en sus páginas. Los acompañé en microbús para que no
se perdieran. Pero cuando estuve solo no aguanté. Era muy grande la
impotencia y el dolor, y trataba de imaginarme la impotencia y el dolor
que ellos deben sentir. Infinitamente más violento y sobrehumano.
Ahora, recuerdo las sonrisas de estas señoras quechua que trajeron las
firmas apoyando la postulación de Aucán Huilcamán desde Calama hasta
Santiago. Como por arte de magia, comenzaron a contarme los problemas y
desgracias de Ollagüe. La discriminación de que siguen siendo objeto por
las autoridades “blancas” del pueblo. Me enteré que los funcionarios de la
municipalidad y de la CONADI presionaron a la comunidad para que no se
inscribieran apoyando a Aucán. Que incluso el alcalde Reigadas hizo un
“gran asado” y ofreció beneficios para dividir aún más a la comunidad y
aislar a quienes siguen exigiendo un trato digno para los estudiantes en
el internado. Los problemas en la escuela siguen igual. Aún persiste el
maltrato a los niños, el racismo y la discriminación. Todavía no les es
posible elegir a sus representantes. El pueblo sigue viviendo con miedo
por las presiones y amenazas de las autoridades. Uno de los niños
maltratados y torturados, hijo de la señora Achú, se suicidó, por que no
soportó el daño que le provocaron… Y las autoridades regionales y
nacionales no han hecho nada o muy poco. Qué dolor fue escucharlas y saber
que nada ha cambiado desde hace un año atrás y que los chilenos siguen
maltratando a este pueblo indígena, como a los demás, imponiendo su ley y
su odio.
Padecieron mucho para conseguir las firmas en apoyo a la candidatura de
Aucán. Muchos notarios se negaron a realizar el trámite, les pidieron
dinero por adelantado, otros “cobraron” entre 600 y 1.500 pesos por cada
elector inscrito. Muchos indígenas y simpatizantes no pudieron inscribirse
porque no tenían dinero para viajar desde los pueblos del interior hasta
las notarías que, además, pusieron horarios restrictivos o sólo atendían
“a una persona por día”. Es terrible constatar el dolor de sus rostros.
¿Qué les podía decir? A pesar de todo, juntaron casi 200 firmas en Ollagüe
y Calama. Y las trajeron con mucho esfuerzo a Santiago.
“Este es el primer paso de la
unidad de los pueblos originarios”, señalaban. “Y si no es posible que
Aucán se inscriba, no importaba, porque ya hay una esperanza levantada, y
en cuatro años más puede ser posible. Hay que seguir trabajando porque
este es el paso más importante que se ha dado en muchos años”… En eso
estábamos cuando apareció Aucán Huilcamán y sus jinetes por la Alameda, a
trote firme… Nos despedimos. Me dieron sus manos y me agradecieron
haberlas acompañado a ellas y a las que vinieron el año pasado a Santiago.
Se amarraron sus aguayos y se dirigieron al borde de la calle Miraflores
para escuchar a Aucán y acompañarlo hasta el Registro Electoral. Yo tomé
mi grabadora, pero con otras manos.
“Venimos acá para interpelar la conciencia de los chilenos. La clase
política se ha olvidado de nosotros. Se ha olvidado de los pueblos
indígenas, de las regiones, de las provincias y de todos los pueblos
originarios de esta tierra. Les pido que me acompañen con la misma
organización que hemos tenido desde que salimos el 16 de agosto hasta el
día de hoy. Hagámoslo por nuestros derechos, por nuestra vida, por nuestro
futuro. Vamos camino a inscribirnos para hacernos presente desde la
negación de los indígenas y sus derechos. Erradiquemos la discriminación y
el racismo”, señalo Aucán al llegar frente a sus partidarios.
“El pueblo de Chile nos ha olvidado, pero los indígenas somos la verdadera
conciencia del pueblo. Esta conciencia colectiva tiene por objeto levantar
los temas de los excluidos. Desde la negación nos queremos hacer
presentes. Queremos luchar conjuntamente con los excluidos de este país y
hacer posible una participación más amplia de los indígenas y los
marginados. Queríamos traer las firmas en un caballo, pero ha sido difícil
sortear los problemas burocráticos con los notarios. Las firmas están, más
de 39 mil, y ahora quedarán en manos de las instituciones que tienen que
tomar su decisión. Esta es una gran oportunidad para que efectivamente
haya más democracia y participación. Es un gran logro para los pueblos
indígenas hacernos presente aquí cuando el país toma sus decisiones.
Queremos transitar de la negación a la participación plena, y en todos los
asuntos que nos afectan. Quiero erradicar la discriminación y el racismo”,
agregó.
Aucán expresó que los notarios les cerraron sus puertas, que les cobraron
excesivamente. Trajo recibos. Un notario de Santiago, por apenas 30
firmas, cobró 120.000 pesos. Y pusieron problemas para atender a los
posibles adherentes, con horarios restrictivos, una o dos horas por día.
Una burla. Trabas para que no lo lograra. Huilcamán presentó tres recursos
de protección en contra de notarios de Temuco, Concepción y Santiago.
“En estas ciudades sólo dos
notarías aceptaron acreditar las firmas. Otras nos pidieron dinero por
adelantado. Eso es un trato discriminatorio, abusivo y racista. El
Tribunal Electoral y la sociedad chilena tienen la oportunidad de
erradicar el racismo institucionalizado. Con la fuerza de la tierra hemos
llegado aquí y con la fuerza de la tierra seguiremos de pie. Mi
candidatura es un llamado a la conciencia del pueblo chileno que se ha
olvidado de los indígenas y de los excluidos. Recorrimos casi 700
kilómetros a caballo para estar acá hoy. El sistema binominal, la práctica
discriminatoria de los notarios y la represión policial han sido los
grandes obstáculos que hemos encontrado en el camino. El apoyo de los
pueblos indígenas ha sido muy significativo. Aquí están licanatay, aymara
y quechua presentes. Los pueblos indígenas estamos cansados del
centralismo político y la manipulación de que somos objeto por la clase
política. Queremos erradicar el feudalismo político de los partidos que se
reúnen y reparten el país a su manera, sin consultar a las regiones, a las
provincias y a los indígenas. Por eso tomamos la decisión de presentarnos
autónomamente”, concluyó.
Las señoras quechua estaban en medio de los manifestantes, con sus aguayos
y sus sonrisas. No me pude despedir de ellas porque después no las volví a
ver en el tumulto. No importa. Nos habíamos despedido antes. Aucán se
inscribió en el Registro Electoral luego que llegaran las firmas de apoyo,
pasadas las seis de la tarde. Y al salir, todos querían abrazarlo y
felicitarlo. Mapuche y chilenos, aymara, quechua y licanantay. Después de
vivir lo que viví, creo haber entendido lo que significa la palabra
identidad / Azkintuwe
* Corresponsal de Azkintuwe
en Santiago.
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