Los allegados viven hacinados en grupos de quince o más
personas; tres o cuatro familias, incluso más, por terreno.
Generalmente, toman sitios en demanda de viviendas tras soportar
humillaciones durante años. Otros arriendan precarias piezas que
malpagan con sueldos esporádicos. El valor de los terrenos es tan
alto que si acceden a una casa propia los obligan a abandonar sus
comunas y los envían a la periferia, donde no hay empleo ni
infraestructura ni calidad de vida. Han seguido todos los trámites
para optar a una "solución" inmobiliaria. Están inscritos en
programas de gobierno, el Serviu y tienen libretas de ahorro. Pero
en el negocio de la construcción priman el criterio comercial y la
mercantilización del suelo.
No es un misterio que la actual política de vivienda no permite
el acceso igualitario a un techo: "Este año se construirán 26 mil
viviendas sin deuda para los sin casa de todo el país ¿Alcanza para
todos los allegados? No, no alcanza porque fácilmente en una sola de
nuestras comunas hay diez mil o más familias esperando un techo. Se
nos entregan 280 o, en el mejor de los casos, 320 UF de subsidio
¿Alcanzan para comprar terrenos y quedarnos en nuestras comunas en
casas dignas? No, no alcanza porque gran parte de ese dinero va a
parar a manos de los dueños y especuladores de terrenos o de las
inmobiliarias que hacen negocio de nuestro derecho. Por eso se nos
manda a vivir lejos", dice Lautaro Guanca, líder de Allegados en
Lucha.
El mismo día en que asumía la presidencia Michelle Bachelet,
Allegados en Lucha ocupó un terreno aledaño a la ex toma de
Peñalolén. Unas 400 familias instalaron carpas y resistieron durante
horas. Pero los desalojaron a palos y lacrimógenas, y se instaló la
policía militarizada en el sitio. Aún 600 familias de la ex toma de
Peñalolén se mantienen en el lugar, sin solución y también se les
desalojará. Guanca responsabiliza al municipio, el gobierno y la
prensa de desvirtuar sus demandas. "Las autoridades denunciaron tras
nuestra toma 'maniobras políticas' y una inexistente conspiración
para 'desestabilizar con la ayuda de grupos subversivos y de los
piqueteros argentinos, al nuevo gobierno'. Por la televisión los
llamados al diálogo no se hicieron esperar, mientras la nueva
ministra de Vivienda, Patricia Poblete, no nos recibía", dice.
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Durante su campaña Bachelet admitió que la ciudad tiene una cara
muy poco amable para los pobres: "Se ven obligados a habitar los
suelos de menor valor económico, con graves carencias de
equipamiento y lejanía de los centros laborales, educacionales,
redes de transporte y comerciales. Hay mucha iniquidad urbana y es
responsabilidad del Estado propender hacia un desarrollo más
armónico". Agregó que entraríamos en la segunda fase de la política
habitacional: "Nos preocuparemos de la calidad de la vivienda social
y su entorno. Prioridad será conformar barrios, y no sólo soluciones
habitacionales. Mejoraremos estándares de calidad en los programa de
viviendas básicas junto con equipamientos; elevaremos las exigencias
a las empresas constructoras; aumentaremos los metros cuadrados de
áreas verdes; incluiremos plazas equipadas con juegos; mejoremos la
iluminación. Debemos hacer ciudad sobre la ciudad, con proyectos
innovadores. Planes de rehabilitación física y nuevas soluciones
habitacionales en poblaciones construidas en la década de los 50 y
60. Con esto evitaremos seguir desplazando a familias a la
periferia".
Pero las casas para pobres siguen muy lejos de ser una solución.
Son un nuevo problema. La vivienda es un icono de la desigualdad.
Unos pocos viven cómodamente en grandes edificaciones, mientras la
mayoría sobrevive en 20 ó 30 metros cuadrados de materiales de mala
calidad, sin terminaciones ni infraestructura adecuada, marginados a
la periferia. Una de las soluciones de Bachelet es un plan que
perpetuará el hacinamiento: otorgar subsidios a 85.000 familias de
allegados para que construyan en el patio de la vivienda en la cual
viven allegados. Casas de tres pisos o "cajas de fósforos", como han
sido bautizadas.
¿Modelo exitoso?
Muchos gobiernos latinoamericanos imitan la política chilena de
vivienda social y su modelo de financiamiento. Se considera un
éxito, aunque ha generado nuevos problemas: segregación,
fragmentación, inseguridad y hacinamiento. "La conclusión inevitable
del resultado de 20 años de una política exitosa de financiamiento
de vivienda social es que la cantidad por sí sola no basta. Los
efectos urbanos -segregación, fragmentación- y sobre las familias o
las personas -inseguridad, difícil convivencia, hacinamiento- crean
nuevos, caros y serios problemas. La calidad del entorno de los
conjuntos habitacionales, flexibilidad de las unidades de vivienda,
convivencia entre los residentes, localización, diseño -entre otros-
siguen ausentes en la política habitacional", señalan los
arquitectos Alfredo Rodríguez y Ana Sugranyes.
La política habitacional ha postergado a los allegados. Según
datos del último Censo su número creció de 193.423 -en 1992- a
241.979 el 2002. Y eso, a pesar de la mayor cantidad de viviendas
construidas de que se ufana el gobierno. Para las normas
internacionales la vivienda social debe tener un mínimo de 60 metros
cuadrados, y emplazada en sitios de 100 metros cuadrados, además de
contar con infraestructura urbana: calles, plazas, colegios,
consultorios, salas cunas, etc. Las casas erigidas por la
Concertación poseen un tamaño promedio de 36 metros cuadrados, muy
similar al de la dictadura a pesar del "exitoso crecimiento
económico". En 25 años se ha construido más de medio millón de
viviendas sociales perpetuando el hacinamiento.
Rodríguez y Sugranyes reparan que a pesar que Chile posee un
modelo de financiamiento exitoso en cuanto a la cantidad de
viviendas, "no obstante, ha mostrado limitaciones muy serias en
cuanto a la calidad de vida y posibilidades de convivencia social
que las viviendas y conjuntos habitacionales ofrecen". El déficit
habitacional es de 500.000 viviendas, y de las construidas, más de
300.000 requieren urgentes reparaciones. Se construye a cualquier
costo y poco importa mejorar las condiciones de vida y la calidad de
las viviendas. ¿Pero cómo solucionar el problema de miles de
allegados sin que se les obligue a emigrar a la periferia? El
Colegio de Arquitectos reconoce graves problemas de segregación
socioespacial de los sectores pobres: "se debería fomentar la
renovación, densificación y la rehabilitación de las áreas urbanas,
así como la exploración de nuevas tipologías para la vivienda". Sin
corregir la actual política se requerirán 12 años -con 104.438
viviendas anuales- para "acabar con el déficit". Pero el conseguir
un techo tampoco ha sido una solución sino el inicio del problema:
la morosidad supera el 65 por ciento.
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Se acaba la paciencia
Los allegados de Buin no pueden esperar más. El Grupo Cuarto lo
conforman unas 280 familias en condiciones extremas. En Nuevo Buin
hay más de 300 familias esperando solución. Ilusión Buinense agrupa
a 670 familias. Comité Paine organizó a más de 100 familias.
Mientras en Calera de Tango y Lo Herrera, las familias organizadas
son 36 y 22, respectivamente. En Ongolmo se erradicó a un grupo de
pobladores pero aún hay 20 familias. En Maipo quedan otras 20. En La
Estancilla cerca de 30. Y en una escuela de camino Bajo Matte hay un
campamento. Aunque la mayoría vive en patios de casas de familiares
y vecinos. En Quinta de Maipo hay pobladores con ahorro y subsidio
desde 1999 que todavía no pueden acceder a la casa propia por trabas
burocráticas.
Hace tres años el gobernador José Letelier abrió un puente de
diálogo para los allegados con el ministro de Vivienda Jaime
Ravinet. Los senadores Andrés Zaldívar y Jovino Novoa, y los
diputados José Kast y Edgardo Riveros, más los concejales Ramón
Velásquez y Hernán Henríquez, formaron una mesa de trabajo. Les
dijeron los allegados que buscaran un terreno y se comprometieron a
apoyarlos. En noviembre de 2003 el Ministerio de Vivienda (Minvu)
firmó un acuerdo con Ilusión Buinense. Pero pasa el tiempo y las
autoridades no cumplen su compromiso. Consiguieron un terreno
emplazado fuera del radio urbano y la promesa de venta del dueño. En
septiembre de 2004, enviaron el proyecto a través del Fondo
Solidario Concursable que denominaron Ilusión Buinense. En noviembre
de 2005, el Consejo Regional Metropolitano aprobó la propuesta de la
Comisión de Ordenamiento Territorial para modificar el Plan
Intercomunal de las provincias de Melipilla y Talagante, y las
comunas de Buin y Paine. Contraloría envió la modificación que debía
ser refrendada pero hasta ahora los pobladores sólo han visto trabas
y demoras. "Aún no es posible concretar el proyecto. Reunimos todos
los requisitos, pero el gobierno sigue poniendo freno a nuestros
sueños de vivienda propia y digna", dice Bruno Gómez.
Cientos de reuniones con el Serviu Metropolitano, el Minvu, el
dueño del terreno, concejales y empresas constructoras no han
llegado a nada. "No podemos seguir esperando eternamente. Se está
agotando nuestra paciencia. ¿Por qué se nos tramita, si el gobierno
firmó compromisos? No hay justificación para la demora de un
proyecto que es viable económica y socialmente. El terreno fue
incluido en el Plan Regulador Metropolitano de Santiago por la
Comisión de Desarrollo Urbano del gobierno regional. Nuestra
indignación crece. Nos están empujando a tomarnos los terrenos",
agrega Luis Duarte Pinto.
Ongolmo sigue ahí
4.500 familias son allegadas en Buin, según cifras
gubernamentales. Viven en condiciones bastante miserables. Mucho
peor que en la ciudad. Al ser Buin y Paine una zona agroindustrial
se produce bastante migración en el corto periodo en que hay trabajo
en la cosecha. La erradicación forzosa de los años 80 sigue
existiendo para los pobladores: "Hoy los municipios ponen el dinero
en las libretas y mandan a los pobres a la periferia, fuera de sus
raíces y familias. Los que llegan a Buin o Paine se dan cuenta que
acá sólo hay trabajo estacional y temporero, mal pagado por los
patrones de fundo y contratistas. No hay barrios industriales, ni
estadio municipal o piscina olímpica. No hay cine ni teatro. Buin no
avanza. Las casas que se han construido han sido gracias a las
movilizaciones de todos los allegados y deudores habitacionales",
dice Duarte.
Las calles del centro de Buin se colapsan fácilmente. No hay
organizaciones vecinales fuertes. Se gana 4.000 pesos al día cuando
hay trabajo de temporero. No existen grandes industrias ni
infraestructura, pero siguen instalando a pobladores de Santiago en
la zona. "Traen más y más gente y no hay condiciones para recibir a
más vecinos. Sólo vienen a la miseria y el abandono. Imagínese que
en Paine no hay siquiera hay un hospital", dice Julia Lira,
dirigente del campamento Ongolmo, ubicado en las afueras de Buin.
En octubre de 2002, el presidente Ricardo Lagos visitó el
campamento Ongolmo. Aprovechando el Día Mundial de la Erradicación
de la Extrema Pobreza dio a conocer los avances del programa Chile
Solidario. Pero Ongolmo sigue ahí: sin luz, alcantarillado ni agua,
en medio de cerros y canales. Los pobladores recuerdan nostálgicos
las palabras del presidente Lagos: "Ustedes, los que viven en el
campamento Ongolmo, saben lo que es la pobreza y vivir en
condiciones difíciles. También sueñan con una vida diferente,
quieren una vida diferente y están dispuestos a trabajar y a luchar
por un futuro mejor para ustedes y para sus hijos. ¿Y qué es lo que
les ha faltado hasta ahora? Que se les tienda la mano y tener una
oportunidad".
Julia Lira vive en una vivienda de material ligero, forrada en
cartón y plumavit con sus dos hijos. A pocos metros vive su madre.
Julia está gravemente enferma. Su hija nació con una deficiencia
mental y su hijo ha intentado suicidarse en más de una oportunidad.
Viven con apenas 5.000 pesos cada dos o tres días: "Ya no soportamos
seguir viviendo así. Lo único que queremos es que salga luego el
trámite de cambio de uso de suelo, que se publique, para que se
construyan nuestras casas, y salir de una vez por todas de aquí a
una casa propia. He vivido en una vivienda de material ligero por
más de treinta años, casi toda mi vida".
Nos cuenta que los ratones caminaban por los cartones y plumavit
de las murallas y el techo: "He tratado de ordenar un poco, pero uno
no puede tener comodidades, nada. Los ratones entraban por cualquier
parte. Más allá vive mi mamá también de allegada. Toda nuestra vida
hemos estado aquí en Ongolmo. Hoy vivimos unas veinte familias en el
sitio, pero nos quieren echar. El alcalde Angel Bozán mandó a
desalojarnos a todos. Pusieron hasta portones, pero la gente los
rompió para poder entrar al sitio. Antes esto estaba súper poblado,
más de 70 familias. Pero han ido sacando a la gente, dándoles
solución. Hoy quedamos quienes no podemos optar al subsidio o a
Chile Barrio por diversos problemas y trabas. Algunos no hemos
podido ahorrar. ¿Cómo ahorrar si no hay trabajo, ni dinero para
comer? Yo estoy acá desde los siete años. Por más que uno lucha
cuesta mucho salir de la pobreza. Pero hay que hacerle empeño no
más, hasta donde lleguemos. En mi condición es muy difícil ahorrar.
Yo soy la jefa de hogar. Mi hija está discapacitada y asiste a un
colegio especial. Sólo trabajo tres veces a la semana. A veces me
emplean una semana completa. Estoy buscando algo mejor, pero aún no
encuentro nada. La mayoría de quienes vivimos en el campamento
trabajamos en cualquier cosa o de temporeros para la estación. El
alcalde no se asoma por acá desde que se fueron los pobladores que
mandaron a Maipo. El nos quiere sacar de acá a toda costa, pero
¿para dónde nos iríamos? No tenemos dónde irnos. Ese es el gran
problema. Ojalá que el compromiso que hicieron con nosotros las
autoridades del ministerio de Vivienda lo cumplan pronto".
Terrenos frente a voluntad
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El proyecto ha sido denominado de las "Diez Cuadras". Después de
años de movilizaciones llegaron a un acuerdo con el Ministerio. 470
familias poseen el ahorro previo para postular al Fondo Solidario
Concursable, y otras 200 familias tienen 500 UF obtenidas a través
de créditos privados. El conjunto habitacional Ilusión Buinense está
hecho pero en el papel, con urbanización, áreas verdes e
infraestructura urbana. Es paradójico que en Peñalolén se les diga a
los pobladores que no hay terrenos pero sí voluntad de solucionar
los problemas, mientras en Buin están los terrenos pero aún no se
pueden construir las casas por trabas burocráticas. "El terreno
tiene un poco más de 25 hectáreas. Hay 670 familias comprometidas,
pero aún quedarán 14 hectáreas donde caben más allegados o se puede
construir viviendas Village. Queremos integración social y no
un gueto. Hay más familias organizadas para postular al Fondo
Solidario Concursable. Todos están esperanzados en conseguir un
terreno para lograr el sueño de la casa propia. Pero los terrenos en
Buin son muy caros. No bajan de 0,4 UF el metro cuadrado. El Serviu
subsidia proyectos con terrenos a 0,2 UF. La demora en el cambio de
uso de suelo, ha desilusionado a mucha gente. Los políticos en
campaña andaban todos ofreciendo solución y hoy no tienen tiempo
para recibirnos. Seguimos buscando el lado amable a las autoridades,
pero si hay que salir a protestar, lo haremos", dice Luis Duarte
Pinto. "Los dirigentes de Buin no vienen de afuera. Somos todos
allegados. No somos títeres de ningún partido político. Tenemos
autonomía y dignidad", agrega.
En una de las poblaciones del centro de Buin, Patricia Gálvez
vive de allegada en la casa de su suegra desde que se casó, hace más
de veinte años. "Somos seis familias en una sola casa. En total más
de 22 personas. Desde que me casé que vivo allegada. Estamos
esperando que se puedan construir nuestras casas, pero falta el
papel de cambio de uso del suelo. Es difícil vivir en estas
condiciones. No hay privacidad. Se pierde la esperanza. Es una
tristeza muy grande no tener una casa propia". Mientras conversamos
con Patricia comienzan a aparecer los otros moradores de la vivienda
y los niños. "En la casa hay un solo baño que nunca deja de
ocuparse". Luz Reyes, de unos 60 años, nos dice: "Yo soy la dueña de
casa. Crío a tres nietos en un pequeño cuartito. Acá nadie puede
enfermarse porque simplemente no se puede. No podemos seguir
viviendo así. Esa debiera ser una preocupación de nuestras
autoridades. Pero prometen y no cumplen, ¿Cuánto más nos van a hacer
esperar? Para quienes no tienen cómo disponer de dinero, les
debieran entregar una vivienda. A veces no se puede comer, menos se
puede ahorrar. Si usted me ve aquí es porque yo soy sola y tengo mi
modesta pensión, pero no todos tienen 'un dentro' y menos para
destinarlo al ahorro. Aquí viven mis hijos, hijas, mis nietos y
biznietos".
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¿Y qué pasará con las otras 600 familias organizadas? Hay sitios
pero a 0,4 y 0,6 UF el metro cuadrado. Los dueños de la tierra
especulan con los terrenos y el gobierno no regula precios y rara
vez expropia. "Así se van a seguir produciendo tomas. Es una
aberración que haya campamentos si se pueden construir casas dignas.
El gobierno enfrenta a pobres contra pobres. Si buscamos una
solución el gobierno la niega y después nos llama al diálogo cuando
estamos desesperados", dice Gómez.
Señalan que si el Serviu sigue aceptando especificaciones
técnicas deficientes, la solución es que se cree una empresa estatal
que construya viviendas sociales. "En nuestras poblaciones hay
familias de personas solas y homosexuales pero ellos no pueden
postular. Eso es una discriminación. Debieran destinarse viviendas a
familias de estas características. Personas adultas entre los 40 y
los 59 años, si son viudos, no pueden postular", señala Luis Duarte.
Además, la encuesta CAS no refleja la pobreza. En zonas
agroindustriales las familias son indigentes desde abril a
septiembre, pues la mayoría está cesante. Cuando hay trabajo, son
pobres. Pero cuando trabaja toda la familia ya no son pobres. "Los
informes sociales debieran tomar en cuenta el grupo familiar
completo", señalan.
(*) Fotografías
1. Julia Lira, dirigente del campamento Ongolmo, en las afueras
de Buin.
2. Luis Duarte Pinto, dirigente de los allegados de Buin.
3. El campamento Ongolmo sigue ahí: sin luz, alcantarillado ni agua,
en medio de cerros y canales.
4. Patricia Gálvez: "Somos seis familias en una sola casa. En total
más de veintidós personas."
5. Bruno Gómez, dirigente de los allegados de Buin.
6. Lautaro Guanca, líder de Allegados en Lucha de Peñalolén.